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La capilla de San Álvaro

Glosario civil

Hubo un momento en que la Semana Santa de Córdoba, o una gran parte de ella, perdió el contacto con su raíz, como si se hubiera desgajado de un tronco y hubiera que plantarla a toda prisa en otra parte incluso a riesgo de que perdiera su ser original. Debió de ocurrir cuando tuvo que renacer, en el siglo XIX, después de perder casi toda la memoria en treinta años, o quizá en la década de 1970, cuando había quien se apuntaba a una hermandad como estaba en un sindicato o en una asociación de vecinos, porque entonces todo se llevaba.

Repetía Fernando Lázaro Carreter que en español no hay sinónimos, y eso quería decir que aunque parezca que dos palabras significan lo mismo siempre las diferencia un matiz, y en cofradías los matices son importantes y casi gigantescos. Por eso en Córdoba cantan las palabras, trasplantadas a veces no de la tierra de las cofradías, sino de un lenguaje civil y administrativo, con ecos de las peñas y alguna resonancia del ejército. La que más chirría es estatutos, que son las normas por las que se rigen las cofradías y que desde el siglo XVI siempre se llamaron reglas, como las de las órdenes religiosas. Las cofradías antiguas las elevaban al Obispado para que las aprobasen, las de ahora tienen estatutos como comunidades autónomas o peñas del Real Madrid, pero, curiosamente, todas llevan en el cortejo un bonito libro de reglas, bordado o en plata, y ninguna un libro de estatutos.

Como las comunidades de vecinos en las que se discute sobre el calibre de las bombillas del rellano, hay cofradías que no tienen cabildos, que es la palabra que se empleaba antiguamente, sino que celebran juntas generales, y otras en las que el máximo responsable de la estación de penitencia se dice de desfile, como si los nazarenos tuvieran que avanzar acompasando el pie izquierdo al redoble. En muchos sitios están los pabilos, que son los niños, lleven o no el hilo para encender la vela de los nazarenos. Hay palabras de reciedumbre digna y hasta eufónica, como gualdrapa en lugar de faldón y cubrerrostro por antifaz,  que siempre fue cosa del pagano carnaval, pero lo de tesorero suena también a asociación de amigos del farol fernandino, por decir algo. Fiesta de regla no desentona en vez de función principal de instituto, pero no se llama fiesta de estatuto. Todavía.

Cargo es palabra que parece de consejo de administración antiguo, exclusivamente masculino y con olor a puro, y más se asocia a una capa o llevar cualquier bandera en la calle. Se usa más que oficial, que también tiene pedigrí antiguo pero parece que tiene también resonancias marciales, y no faltan ánforas, que las palabras esdrújulas siempre son más sonoras, en vez de las jarras de toda la vida. Quizá no sea importante, pero cualquier día se colará una con socios y socias, junta directiva o asamblea horizontal y proclamará un glosario de palabras antiguas de las que hay liberarse. Total, si todo el mundo llama eucaristía a lo que antes era una misa, y casi siempre más solemne.

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