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La capilla de San Álvaro

El reino de los hechos

reginamater

Si en el principio fue el Verbo, es difícil no pensar que enseguida llegaron los cofrades. Poca gente es capaz de tener más talento para explicar con muchas palabras lo que hacen, para darle adjetivos y justificaciones retorcidas a lo que a veces no es más que puro capricho, afán de trascender o ego desmedido.

La palabra es para las hermandades no la forma de comunicar lo que se hace o lo que se piensa, sino el envoltorio para justificar, sin necesidad de las alambradas de la experiencia, lo que se ha decidido hacer para darse importancia. Sí, las cofradías son el reino de la exageración, el lugar donde un grupo de personas representan a toda una ciudad, que se nombra personalizada («Y Córdoba acompañó a…»), el photoshop artesanal que toca la realidad para que sea como uno quiera. Lo que los modernos llaman tener un relato y los viejos mucho cuento.

La magna procesión Regina Mater no ha sido el reino de las palabras, sino el de los hechos. No sé si el trono de la Virgen de la Sierra anduvo bien o mal, pero sí que los suyos llenaron las calles, y sobre todo que no fue un mueble que se mueve de sitio para que se hagan galerías y vídeos. Sus devotos de Cabra no la dejaron sola y a la hora en que se entrara, la Trinidad estaba llena de gente que la acompañaba.Y lo mismo pasó con tantos pueblos que acamparon delante de sus patronas, que sabían que las imágenes tienen culto, rezos e intimidad mucho más allá de cualquier procesión.

El mismo sábado de la magna, la gente de Iznájar rezó el rosario por las calles de Santa Marina a las siete de la mañana, después de un madrugón monumental y más de cien kilómetros. Lo hicieron, me cuentan, como Dios manda, pidiendo por la gente que lo necesita y seguramente sin que nadie lo tuiteara. Y lo hicieron más tarde de lo normal: generalmente sus rosarios son a las cinco y media de la mañana. Aquí cuesta que la gente vaya a un rosario antes de la diez, y siempre con la Virgen en anditas, que se puedan hacer fotos.

Todas estas cosas, y las que se podrán contar en estos días de quienes han convivido con ellos, son soberanas lecciones, experiencias empíricas que han dejado con la boca abierta a los paisanos de quienes se piensan superiores por haber nacido en una capital, listones muy altos a los que se mira con la sana envidia de poder imitarse allí donde a lo mejor hay más dinero, pero en ocasiones también menos autenticidad. A ver si cualquier día de estos hay cambio de régimen y si proclama un sano reino de los hechos.

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