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La capilla de San Álvaro

El patero del Sábado. Fiat, por Javier Tafur Asensio

«El feto es un ser vivo, pero no es un ser humano»… Han pasado casi dos años desde que la entonces ministra Aído pronunció esta sentencia memorable. Aquella memez le costó el ministerio y la degradó al rango de secretaria de Estado, bajo las órdenes de una camarada. Hay niveles de incompetencia que ni el propio Zapatero puede excusar. Pero la ideología que sustentaba esa afirmación y la normativa que de ella se derivó permanecen vigentes. Y no parece que el estimable esfuerzo de las organizaciones en defensa de la vida pueda superar la resignación, cuando no la laxitud de conciencia, de una sociedad que debiera mostrar con más entereza su rechazo.

Escribo en la festividad de la Encarnación y en la víspera de la concentración de la Plataforma por el Derecho a la Vida. Espero que sea multitudinaria, aunque la intensidad de la convocatoria no haya pasado de discreta. A pesar de las doscientas asociaciones que la secundan, sólo una cofradía, la de la Buena Muerte de Baeza, he visto relacionada entre ellas. Me pregunto y me preocupo, en particular, por las de Córdoba y por la Agrupación. Y sólo me consuela saber que la de San Nicolás haya anunciado la incorporación de un banderín con la imagen de la Virgen embarazada a su cortejo procesional.

El aborto indiscriminado, incentivado por la administración y valorado como un logro social, es el último pecado de un mundo podrido, que se muere de impudicia, de onanismo, de ensimismamiento, de desesperanza y de deshonor. El aborto inducido es la peor de las violaciones a que puede ser sometida una mujer. Desprecia su derecho de madre, su trascendencia y su probable inmortalidad. Nada esclaviza tanto a una mujer como arrancarle de sus entrañas el don de la naturaleza. Por eso, cuando María dice «fiat» a un embarazo no deseado, está diciéndole sí a Dios, pero también a la naturaleza. Está diciéndole sí a la vida, sí a los hombres, sí a la luz y la sal, sí a la oportunidad de nacer, de crecer, de amar y de ser felices. Sin ese sí inicial, sin ese «fiat» creador, nada es posible. Ni el mundo ni la carne ni la palabra. Ni el socialismo es posible.

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