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La capilla de San Álvaro

El patero del Lunes. De la Hoz en la Diputación, por Miguel Ángel de Abajo

Más extensa e intensa que la intervención de Rafael De la Hoz en la Mezquita-Catedral con sus celosías fue la que el gran arquitecto practicó en la Diputación, el convento de la Merced, entre los años 60  y 70 con su impecable rehabilitación. Pasó el tiempo y el aspecto de la casa palacio cambió. Los nuevos inquilinos, que desde la llegada de la democracia han sido casi siempre corporaciones del PSOE, empezaron a sacudirse la atmósfera monacal que De la Hoz respetó. Nuevos tiempos y ricos.

Una de las más destacadas innovaciones socialistas afectó a la luz natural del edificio. Esa luz que tanto preocupa (ahora) a los ultradefensores de una  famosa celosía neoomeya. Sin remilgos, casi toda la luz de la galería superior del Patio Barroco, la luz de sus balcones, se cegó con paneles para convertir dos lados del corredor claustral en sala de exposiciones. Catorce balcones cegados. Catorce balcones contra una celosía. Goleada de competición. Quienes rasgan sus vestiduras por la todavía supuesta pérdida, reubicación, o traslado  de la celosía «califal» y la posible obstrucción de la luz de su vano, podrían dedicar algún quejido, aunque sea por cumplir, ante los 14 balcones mutilados, ojos sin luz, tuertos en la oscuridad de un parche que ve la paja en el ojo ajeno, pero no ve la viga en el propio. Balcones barrocos auténticos, del XVIII. Celosía pop. De los 70. Bellísima en su modernidad. Artificial en su antigüedad.

Las galerías mercedarias aparecen hoy como un gran cajón. Nicho. No sólo por los balcones tabicados, sino porque la pared frente a estos se articulaba por arcos de medio punto adosados al muro que también han sido nivelados con falsos tabiques, rompiendo así las rítmicas arquerías originales. Hay más desfiguraciones del legado de De la Hoz en el edificio BIC de la Diputación. A quienes les duele la hipotética alteración de luminosidad en la Mezquita-Catedral ¿no les duelen los 14 balcones cegados, sin aire, sin color…? Pues no. Pero cuando se enteren de que los fluorescentes que alumbraban la sacristía en los años 70, los ha cambiado el Cabildo por otros, montarán en cólera pro defensa de su recuperación. 

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