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La capilla de San Álvaro

El Patero del Jueves. Hermandad del Buen Camino, por José Prieto

La hermandad del Buen Camino no ostenta el título de cofradía, pues significa lo mismo. Es sólo eso, hermandad del Buen Camino a Nuestro Señor Jesucristo y a Santa María. Vive por y para cumplir la Palabra de Dios, para evangelizar, y gasta en quienes no tienen lo que gastan en Latinoamérica la Soledad o el Cristo de Gracia.

Hace estación de penitencia, si puede, ante el Santísimo, y si no, también. Persigue la Catedral aunque ello suponga salir de los Salesianos a las cinco de la tarde o llegar, quién sabe cómo, después de esa hora a San Lorenzo. Y es fiel a su historia y a su estilo, toma una senda y, si la anda con buen pie, no la deja para irse a otro bosque, ni se avergüenza de ser lo que es, ya la critiquen por su algarabía, por seguir con sus ruedas o por no llevar paso. Pone camelias un año sí y otro también porque son un sello y los sellos no se abandonan para gustar al respetable o a la junta de turno; va siempre con la misma banda o, al menos, con el mismo estilo, y cumple 25 años con Calíope o más de 20 con la Estrella.

El Buen Camino sabe que una hermandad y su patrimonio es cosa de décadas y siglos. Por eso concluye un proyecto y sólo entonces comienza otro, y apuesta por el mejor diseño y el mejor material no por ostentación, sino porque es lo más noble y duradero, y más tarde que el presente le espera el futuro en el que será conveniente no cambiar lo que no se hizo de manera definitiva en el pasado.

La hermandad del Buen Camino sabe, como la Universitaria, que en Sevilla ni se empieza ni se acaba, aunque es consciente, como Sentencia, de que no hay ejemplo como ése. Entiende que las imágenes no son menos sagradas cuando bajan del paso a su capilla o suben al altar de cultos y les ofrece lo mejor de que dispone. Todo lo hace para Cristo y María representados en ellas. Si de paso agrada al que mira, mejor, pues cuida mucho su imagen externa, pero no menos su vida interior, que hace agradable a sus hermanos para que, efectivamente, el Buen Camino no sólo sea un artificio y pueda llamarse hermandad.

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