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La capilla de San Álvaro

El Obispado matiza su propuesta del “diezmo”

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JOAQUÍN DE VELASCO
CÓRDOBA

Se estudiará cada caso en particular buscando que la colaboración en el mantenimiento de la diócesis no interfiera con las demás actuaciones de las cofradías. Esta fue una de las ideas lanzadas en la reciente asamblea general de la Agrupación de Hermandades y Cofradías, en la que  estuvieron presentes el delegado diocesano para hermandades y cofradías, Pedro Soldado, y el ecónomo del Obispado de Córdoba, José Luis Vidal, quienes a petición de los hermanos mayores aclararon algunos aspectos del Fondo Común Diocesano que habían provocado la inquietud de las hermandades.
José Luis Vidal indicó que comprendía que el asunto suscitara esas dudas en los cofrades. Por eso la medida no entraría en vigor hasta el próximo año, a partir de un análisis de las cuentas del año actual. Cuentas que desde la entrada en vigor del estatuto marco, las distintas hermandades deben presentar al Obispado. Se lamentó de que ésta obligación fuese seguida por un porcentaje minoritario de las cofradías de la diócesis, unas setenta de las más de quinientas corporaciones repartidas por la provincia, siendo menor aún el número de las que lo hacen adaptándose al modelo contable previamente establecido. Este aspecto, para el representante del Obispado, es más importante si cabe que la aportación en sí.
Descendiendo a casos particulares, Vidal aclaró que aquellas hermandades que estén inmersas en proyectos de obras sociales de envergadura, como sostenimiento de templos, misiones o comedores de transeúntes, podrían ser exoneradas total o parcialmente de la aportación si así lo solicitaran. En concreto, las hermandades que sostengan económicamente su sede canónica o estén financiando una obra en el templo podrán pedir la dispensa de la aportación. En cuanto a los proyectos caritativos y sociales, se tendrán en cuenta para determinar la aportación, siempre que las cuentas se acompañen del visto bueno del consiliario. La hermandad, de acuerdo  con el párroco, podrá hacer su propuesta de reducción en estos casos. De igual modo, aquellas que pasen por momentos de especial dificultad económica recibirían un trato diferenciado.

A todos los colectivos

A la pregunta de un hermano mayor, que expresó cierto malestar por el hecho de que el decreto nombrara específicamente a las cofradías y no a otros colectivos de la iglesia, los representantes del Obispado respondieron que la norma era de aplicación a todos los colectivos y movimientos dependientes de la iglesia diocesana, incluidas por ejemplo las parroquias, con obligaciones similares a las que recaían sobre las hermandades.
Vidal insistió en que, si bien el decreto establecía con claridad la obligación de contribuir, el ánimo del Obispado en esta materia no era coercitivo, prueba de ello era que no se preveía la aplicación de sanciones, sino de franco diálogo y búsqueda de la concienciación de los afectados de su pertenencia a la iglesia diocesana. Incidió además en el descenso de los ingresos diocesanos y en la necesidad de que todas las instituciones de la iglesia, no solo las cofradías, colaborasen en su mantenimiento, en un clima que calificó como “de solidaridad común eclesial”.
Preguntados con más detalle sobre partidas específicas,  Soldado y Vidal aclararon que el diez por ciento de los ingresos brutos ordinarios se refería a ingresos periódicos, por lo general  sin destino concreto, particularizadas sobre todo en las cuotas o, por ejemplo, los beneficios de las habituales participaciones en la lotería de Navidad. No así de otras partidas que, o bien no constituyen unos ingresos típicos sino que proceden de una explotación económica, como las casetas de feria o cruces de mayo, o bien tienen por destino una finalidad concreta, como las papeletas de sitio que sufragan los gastos de la estación de penitencia. Estarían también exentos de esta contribución los sorteos especiales o cuotas extraordinarias que se emitan con una finalidad concreta, como pueda ser una restauración.
El ecónomo concretó también la participación de las cofradías en el Consejo Diocesano de Laicos y calificó su representación como importante: muy probablemente, un representante de las agrupaciones de hermandades por cada una de las cuatro vicarías en que se divide la diócesis de Córdoba.

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