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La capilla de San Álvaro

Diálogo de teoría política

nazareno

- A ver, tú que conoces más por dentro que yo el mundo de las hermandades, ¿qué pasa para que ahora la Iglesia esté rechazando a candidatos a hermanos mayores?
- Mira tú mismo las notas, ahí lo dice. Se puede leer en sentido literal o entre líneas, y la verdad es que no sabe qué puede ser más interesante. Para empezar me llama la atención una de las frases, la de que los aspirantes no cuentan «con el respaldo, respeto y colaboración mayoritaria de los hermanos». Tiene más importancia de lo que parece, porque suena a que, y no sé si pasa en estas candidaturas, sí ha habido en otros lados hermanos mayores que han ganado elecciones y después se han visto solos al frente del barco después de que quienes les empujaran desaparecieran.
- Pero eso no puede ser, si ganan elecciones es que se les vota. ¿Dónde están quienes los apoyaban?
- Esa es la cuestión: delante de la urna pueden pasar cientos y no se les pregunta por qué lo hacen. Pueden querer, vale, lo mejor para su hermandad, pero también atender a un compromiso o, mucho me temo, votar según la forma de pensar de un grupo que forma parte de la hermandad, pero que tiene sus propios intereses.
- Bueno, eso bien no está, pero aun así extraña que se esfumen.
- No se esfuman, aparecen para lo que tienen que aparecer, que es poco antes de la Cuaresma, se preparan, hacen lo que se les pide, tienen su momento de protagonismo que a muchas hermandades les gusta recordar, y se marchan. Y cuando son hermanos, votan, y suelen votar para lo suyo.
- Y los hermanos mayores en cuestión, ¿no se dan cuenta?
- Je. Para proyectar y hacer castillos en el aire todo el mundo hace muchas promesas. En el mundo de las cofradías las promesas las suelen hacer los cargos intermedios y los que animan: «Vamos a hacer», «te vamos a apoyar». Cuando pasan tres representaciones en procesiones hasta las tantas, una asamblea de la Agrupación y algún altar de cultos, van desapareciendo. Y claro, se queda el que no se puede escaquear.
- Pero volviendo al tema de los candidatos que se rechazan, ¿esto es de ahora? ¿No había antes gente poco apropiada?
- Pues me temo que sí, claro. Y casos hubo de candidatos que se rechazaron y que eran más que idóneos, y que después, andado el tiempo, fueron estupendos hermanos mayores, como no podía ser de otra forma. En el último caso, el de la hermandad de la Esperanza, el consiliario dice que ha habido un deterioro poco propio de una asociación de Iglesia y establece un tiempo de «oración y reflexión» hasta que se celebren las elecciones en el momento adecuado para ello.
- Pero estos problemas que dices supongo que no serían cosa de un día. ¿Nadie se daba cuenta de eso?
- Tenemos mentalidad de encontrar culpables por todas partes, y eso no es sencillo. Si te refieres al consiliario, ha actuado ahora, pero me pregunto si la labor de los sacerdotes es estar apagando conflictos entre adultos como si fueran chiquillos que se pelean en el recreo. Y casi lo mismo en eso que dice de que son cosas poco propias de la Iglesia. ¿El que se mete a dirigir una cofradía no sabe dónde está, no escucha lo que le pide el Evangelio, no tiene la suficiente formación como cristiano? Que sí, que todo el mundo se equivoca, que somos pecadores, pero habrá formas de hacer entrar en razón, soluciones menos dramáticas.
- Pero vamos, que la película ya se dio el año pasado, ¿no?
- Sí, en la hermandad del Amor. El consiliario rechazó a dos candidatos por frecuentar poco la práctica religiosa, decía él, y nombró a una gestora al frente de la cual estaba un cofrade que había perdido elecciones frente a ellos.
- El mundo al revés.
- Sí, pero ahora tienes que por primera vez en mucho tiempo la cofradía de verdad parece una hermandad, una asociación de Iglesia, tanto en cultos como en caridad, formación cristiana y presencia. Es la cruel paradoja de todo esto: que hay hermandades que funcionan bien con lo que la jerarquía impone y mal con lo que eligen sus hermanos. Esto sí que es una teoría política sugerente y no lo de Trump. Te dejo que saques las conclusiones, aunque te van a dejar triste.

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