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La capilla de San Álvaro

Cruz a la sombra

sepulcro

¿Qué ha quedado del sacrificio en la Semana Santa? Me lo pregunté no hace tanto hablando con un cofrade que acababa de cambiar el costal por la túnica después de muchos años haciendo ejemplar estación de penitencia en la trabajadera. Como es cofrade de los de verdad, y nadie le puede negar su largo servicio a su querida hermandad, este 2015, cosas de la vida, salía de nazareno por primera vez. Todo el mundo lo sabía: fue un año de calor, y el cofrade aguantó a pie quieto de forma ejemplar, y bajo el rezo anónimo del cubrerrostro, y mientras sostenía el cirio, veía a quienes habían sido sus compañeros hasta hace poco, que salían en sus necesarios relevos, se refrescaban para aliviarse de la temperatura y el esfuerzo y podían descansar entre un rato y otro.

Pero al cofrade le quedó la reflexión de si el nazareno, que no puede salirse de la fila ni descansar, que tiene la cara tapada y debe respirar bajo el cubrerrostro, hace también un sacrificio de los buenos y sin que casi nadie se lo reconozca. No es que hubiera que cambiar nada, me dijo, pero sí le gustó decir en voz alta que no siempre se acuerda de uno de los hermanos de cirio, que rara vez se llevan un piropo o un reconocimiento, mucho menos un perol o un bocadillo.

Ellos desde luego no lo hacen por eso. El convencido por lo menos sabe que hace penitencia, que  dialoga con Dios bajo la piel espiritual de la túnica, que aunque su presencia es estética y su aparecerse en la noche un deleite para el cofrade, nada debe importarle más que el rosario y el padrenuestro. También el costalero de verdad reza y calla, se sale de la trabajadera para no llamar la atención y vuelve en su momento, está más pendiente de la imagen que lleva que del bar de enfrente. Por  eso el costalero de verdad, que como el nazareno hace bella la Semana Santa sabiendo que lo  importante es otra cosa, será el primero en elogiar con sinceridad al nazareno y en admitir que hay que hacerlo más. Tampoco  faltan ocasiones para ser heroico debajo de la túnica. Esta Semana Santa casi tropical ha estado plagada de gente  joven y con piernas que se ha quitado de en medio pretextando grados, como si Cristo hubiera  pedido que le pusieran la cruz a la sombra.

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