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La capilla de San Álvaro

Corona de espinas contra el prejuicio

De tanta familiaridad con el barroco, y con un barroco a veces tan excelso, los cofrades quisieron congelar el arte, crionizarlo en un momento y en un lugar, como si lejos de él no fuera posible la belleza y no se pudiera expresar nada. Más que eso, pensaron que siempre fue así y casi que no había otra forma posible.

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No cayeron en la cuenta, quizá por su afán de conservarlo todo, de que cuando la Virgen de las Angustias llegó a Córdoba era una obra de arte vanguardista, una escultura que a quienes abrieran el embalaje les parecería impactante y difícil de asumir, y que sólo después de la observación pausada iría revelando todos los detalles de su perfección y los secretos de su honda expresividad.
No vio Juan de Mesa cómo sus contemporáneos se rendían admirados a su talento excepcional, aunque las cofradías comprendieran el camino del dolor que dio a sus imágenes y los jesuitas apreciaran la hondura mística y honda de la serie de Crucificados que hizo para la Compañía. Pasó el tiempo, la historia fue escribiendo en el corazón y en la mentalidad de la gente y hoy sus obras son el paradigma de lo perfecto. De tan perfectas como eran sus imágenes y las de sus coetáneos, parece que el arte de la Semana Santa no puede pasar de un barroco que a fuerza de repetirse ha acabado cansando y, ya descafeinado, amenaza con tapar la grandeza indómita de los originales, aunque nunca la pierdan.
Cualquier intento de acercar el arte contemporáneo a la Semana Santa levantará sirenas de alarma y provocará reconvenciones de cabeza y comentarios en voz baja con las peores palabras, como si venerar una imagen antigua lo convirtiera a uno en experto y árbitro artístico. Hace ya demasiado tiempo que todo lo que se acerca a las cofradías tiene que ser figurativo y barroquizante, con un verismo que no se despegue demasiado de la copia fotográfica de la realidad, y eso hay quien lo ha hecho bien (y quien no), pero tampoco falta quien echa de menos un diálogo con lo actual que enriquezca la mirada y haga disfrutar de un modo de expresar la Pasión que no sea el de siempre.
Lo ha conseguido este año una pintora cordobesa. Julia Hidalgo firma el cuadro que ilustra la portada de “Paso a Paso”, el programa de la Semana Santa que Canal Sur edita todos los años con el nombre de su emblemático espacio radiofónico. Una corona de espinas sugerida, no con hiperrealismo fingido sino con esquematismo poético, y las manchas de sangre que brotaron de la cabeza del Señor. ¿Cabe más pasión, más redención, más dolor? ¿Se puede expresar mejor la Semana Santa aunque no haya imágenes, ni detalles, ni gente que diga admirada “parece una foto”?
No es la primera estación del camino, ni será la última, y por aquí irán pasando algunas de ellas.
Ojalá que, además de una obra de arte, la pintura de Julia Hidalgo sea un aldabonazo para que las cofradías superen las dudas y los prejuicios y aprovechen toda la potencia expresiva que les ofrecen la pintura y la fotografía de estos días.

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