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La capilla de San Álvaro

Carrera oficial, 1960

 

POR ANTONIO VARO

En 1960 la carrera oficial llegó hasta la Catedral; ese año y los tres siguientes, las cofradías llegaron al Patio de los Naranjos pero no entraron en el primer templo. Fue una apuesta del alcalde, Antonio Cruz Conde, por la promoción turística de la ciudad más que un deseo real y efectivo de las hermandades. «Cruz Conde hizo incluso que modificaran algunos balcones de calles de la Judería para que pudieran pasar los pasos más anchos», comenta Manuel Pineda Fernández, un veterano cofrade que vio esos años en primera fila: «Yo tenía un palco justo al lado de la Puerta del Perdón, y recuerdo lo estrechos que estábamos».

En los cuatro años en que duró la prueba, se probaron tres itinerarios para la carrera oficial. El primero de ellos cubría Diario de Córdoba, San Fernando, Cardenal González, Magistral González Francés, Patio de los Naranjos (entrada por Santa Catalina), Cardenal Herrero y Torrijos, donde se hallaba el palco de autoridades ante el Palacio Episcopal. Es el que se muestra en el gráfico adjunto.

Los horarios fueron muy tardíos: excepto el Viernes y el Sábado Santo (día de salida entonces del Resucitado), ninguna cofradía entró en carrera oficial antes de las diez de la noche. Y la respuesta popular no resultó masiva: todavía el Lunes Santo se anunciaba en el diario local que había palcos disponibles para quienes los desearan.

En 1961 se invirtió el sentido a la carrera oficial: el Palacio Episcopal era el comienzo y se prolongó por el mismo camino que en 1960, pero a la inversa, y además se amplió hasta las Tendillas. Esta prolongación —recordemos que el itinerario fue fijado por el Ayuntamiento— se debió a las quejas de comerciantes y hosteleros del centro que se veían «perjudicados» por el cambio del año anterior. Pero, en desacuerdo con este alargamiento, la hermandad del Remedio de Ánimas —con el visto bueno del Obispado, por cierto— la obvió, pasando sin previo aviso de Diario de Córdoba a Capitulares para volver a San Lorenzo por la calle San Pablo. Ello le supuso estar varios años sin salir.

El fracaso

Se rectificó en 1962, suprimiendo la subida a Las Tendillas, pero la carrera oficial hasta Diario de Córdoba seguía siendo demasiado larga. La suerte estaba echada y el fracaso consumado: en 1963 se repitió el mismo recorrido, pero la lluvia que ese año cayó casi todos los días «ahorró» una nueva visualización del descalabro.

¿A qué se debió este fiasco? En 1981, un artículo de José Luis Sánchez Garrido en «Alto Guadalquivir» daba algunas razones: la primera, «que no se cumplió la primordial razón», es decir, la entrada en la Catedral; la segunda, las angosturas: «algún paso hubo –el del Prendimiento, concretamente– que no pudo penetrar, por su gran tamaño, en el Patio de los Naranjos», a lo que añadía que «el espacio vital de que se disponía para que el público pudiera presenciar el paso de las procesiones era, a todas luces, insuficiente», sin olvidar que «al desplazar los desfiles del centro de Córdoba se restaba a la ciudad el peculiar ambiente de animación» de la Semana Mayor. Además, la respuesta popular no fue la esperada, quizá por los horarios tan tardíos: el hermano mayor del Rescatado se quejó en la prensa de que la cofradía hizo el larguísimo recorrido de vuelta por calles totalmente vacías. No hay que olvidar que entonces el Ayuntamiento recaudaba directamente los ingresos por sillas y palcos, y el resultado económico —o sea, la presencia de público sentado— debió de ser muy inferior al esperado.

Otro motivo pudo ser la forzada inclusión del centro en la carrera oficial: «En Córdoba la Catedral está retirada del centro, a diferencia de Sevilla o Málaga, y si se quiere hacer una carrera oficial que abarque tanto una como otro se alarga de forma innecesaria el recorrido», señala Manuel Pineda. 

No parece que las cosas hubieran ido mejor de haberse hecho efectiva estación en el interior del templo, algo que, por cierto, en ningún momento se pensó, al considerar su imposibilidad material en aquel momento: por supuesto no había dos puertas accesibles en la Catedral, y ni siquiera en la mente del arquitecto existían las celosías de Rafael de La-Hoz.

No hay que olvidar tampoco el mal momento que atravesaban las cofradías en esos años: estrenos con cuentagotas y de poco calado, bajísimo número de nazarenos, disolución de la hermandad del Huerto, déficits financieros escalofriantes en buen número de cofradías y una ciudad que veía despoblarse a marchas forzadas su casco histórico no abonaban el terreno para una empresa de tal envergadura.

 

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