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La capilla de San Álvaro

Calidad excéntrica

CD2

«A la minoría, siempre»

Juan Ramón Jiménez

Desde hace varios días escucho sin parar un disco de música procesional que merece muchos adjetivos por su belleza, originalidad y refinamiento, una caricia para los oídos por el fondo de las obras y por la forma con la que se suena, pero que para mí, con la etimología en la mano, además de todas esas cosas, es sobre todo excéntrico y contracultural. Lo primero no por extravagante, sino por estar «alejado del centro», en una periferia sensible y con buen gusto; lo segundo, porque aunque sus autores crean belleza y no lo hacen contra nadie, choca sin estrépito contra los valores y la estética que hoy dominan en ese mismo «centro» cofradiero del que hablaba antes, y que no sólo es un lugar, que quizá también, sino sobre todo una forma de pensar.

El disco en cuestión se llama «Me siento afligido» y lo ha grabado la agrupación musical Nuestro Padre Jesús de los Afligidos de Puente Genil, una banda quizá no demasiado conocida en los círculos más vistos en YouTube, pero que ha brindado una obra excelente por el sonido y por el repertorio. Aunque hoy se ocupa de otras muchas, Afligidos es la banda de Antonio Moreno Pozo, la que creó junto con otros músicos hace tres lustros en su pueblo, donde empezó a crear una obra que ahora empieza a venerarse como un tesoro de innovación y profundidad.

Los músicos tocan y la firma de Antonio se nota en cada uno de los detalles del disco: la interpretación, una grabación impecable y equilibradísima, sinfónica, y por supuesto la composición y la selección. Suyas son siete de las once marchas, completadas por dos obras excelentes de Cristóbal López Gándara y una joya, otra más, del gran Nicolás Barbero. Con esta descripción los oídos más sensibles ya tardan en pedirlo. No es un disco sólo serio, aunque muchas marchas pudieran acompañar a cualquier Crucificado de Viernes Santo, sino sobre todo un disco en serio. Muy en serio.
«Me siento afligido» es uno de los discos más dulces, ricos y asombrosos de los últimos años, una obra que por su rara belleza y finura merece estar en el anaquel de las mejores obras de agrupación musical, al lado de la Estrella de Córdoba, de la Pasión de Linares y de aquellas marchas precursoras de Santa Marta de la Algaba.

Dice el autor del libreto que se dé más de una audición a las marchas para comprenderlas mejor, por la originalidad de sus armonías y la sorpresa de sus temas; yo, después de haberle dado al «play» ya bastantes veces me atrevo a destacar la dulzura fúnebre y recogida de «Abrazado al madero», el desgarro de «Soledad, el dolor de una madre», el exquisito solo de «Plegarias al Rosario» y la profundidad de la que da título al disco. En «Consolatrix aflictorum», Nicolás Barbero brinda una obra excelente entre el desgarro y la grandiosidad, llena de emoción. Cristóbal López Gándara, un nombre al que desde hace años hay que prestar atención, da muestras de una inspiración incontenible y bien fundada en «Unción sagrada» y «Púrpura de rey».

Háganse con él los oídos sensibles y aquellos que quieran entregarse al disfrute de su calidad y abrirse un nuevo camino, que nunca es tarde para empezar a darse a todo lo bueno y auténtico que se puede encontrar en ciertas periferias.

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