La Hermandad Musulmana y el terrorismo yihadista

La Hermandad Musulmana y el terrorismo yihadista

Publicado por el 25/06/2018

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“Reputación y generación de valor en el siglo XXI” (LIBRO) por Jorge Cachinero en libros.com

El terrorismo yihadista es el principal reto de seguridad del mundo. Sus orígenes son el extremismo ideológico, sectario, fanático y excluyente de raíces religiosas.

Este extremismo no es una manifestación más del derecho universalmente reconocido al ejercicio de la “libertad de expresión”. En el mundo de obediencia musulmana, además, las palabras usadas por los propagadores del extremismo no sólo no son una expresión más de dicha “libertad de expresión”, sino que son una “llamada a la acción” con implicaciones más allá de la vida mundana y con el cielo o con el paraíso como objetivo.

De ahí que, en los países musulmanes, como entre las comunidades islámicas establecidas en Occidente, se haya generado un vacío, incluso legal, que es aprovechado por los yihadistas para la propagación y para la recluta a su ideología extremista en torno a las áreas más suaves -la educación, los medios de socialización a través de internet, los medios de comunicación o la prédica religiosa en los lugares de culto- de las sociedades.

Por ello, existen voces dentro del mundo islámico que reclaman el “recuperar el islam de manos de Al-Qaeda o del Estado Islámico (EI)” -quienes intentan apropiárselo en exclusiva-, dado que los musulmanes son víctimas numerosísimas de estas organizaciones, que, por otra parte, se arrogan el privilegio de decidir quién es musulmán y quién, no.

Desde un punto de vista operativo, existe la creencia, en países árabes -de ahí la presencia de contingentes militares árabes en Yemen, en Libia o en Afganistán, a donde llegaron, en este último caso, de la mano de las fuerzas especiales de los Estados Unidos (EE.UU.)- y en países que no son de población mayoritariamente árabe -Rusia, por ejemplo-, de que el terrorismo islámico debe ser combatido allá donde opere, en cualquier rincón del mundo, porque, si no, se corre el riesgo de que el terrorismo yihadista llegue a las puertas de las casas de todos nosotros, de forma más masiva de lo experimentado hasta ahora, para atacarnos en nuestros propios entornos cotidianos.

Por ello, es por lo que los expertos antiterroristas de todo el mundo están, en estos momentos, muy pendientes de las posibles rutas de salida de los combatientes del EI en Irak y en Siria hacia Libia, el Cáucaso Central, Filipinas o Somalia.

Los orígenes del yihadismo terrorista de hoy se encuentran en la Sociedad de los Hermanos Musulmanes, también conocida como Hermandad Musulmana, que fue creada en Egipto por Hassan al-Banna, en 1928, con el objetivo de construir un Califato después de la disolución del Imperio Otomano en 1923. De ahí procede la obsesión actual de los seguidores del EI por crear su propio Califato.

Desde entonces, la Hermandad Musulmana ha tenido una especial habilidad para arraigarse en las sociedades en las que opera para utilizar escuelas, campus universitarios, medios de comunicación, redes sociales y lugares de culto para extender su ideología extremista y para reclutar y para fanatizar adeptos para su organización.

Lo hizo en universidades del Golfo Pérsico, de alguna de las cuales fueron expulsados.

Lo hizo durante un tiempo en Europa, donde, al parecer, llegó a acuerdos de caballeros en algunos de sus países para, por lo menos, temporalmente, contar con libertad tácita para poder controlar mezquitas y centros musulmanes para predicar, para reclutar y para operar a cambio de no cometer atentados en sus territorios.

En concreto, a comienzo de los años 80, algunos de sus miembros llegaron a España procedentes de Siria y uno de ellos, Abu Musad al Suri, más conocido como Setmarian, fue decisivo en la creación de la célula que fue responsable de los atentados de Madrid en 2004 y, también, en la participación en los de Londres de 2005, como ha narrado brillantemente el profesor Fernando Reinares, @F_Reinares, director del programa sobre terrorismo global del Real Instituto Elcano, @rielcano.

Lo está haciendo, aparentemente, hoy en día, incluso, en Nueva Zelanda, donde, en opinión de los expertos antiterroristas del mundo, algo debe estar pasando en aquel país para que algunos de los líderes de los Hermanos Musulmanes se estén trasladando hacia allí desde EE.UU. y desde Europa.

Al-Qaeda no desapareció. El yihadismo terrorista continúa con su metamorfosis organizativa y narrativa y de la que las organizaciones lideradas por el desaparecido Bin Laden, por el EI y por los Hermanos Musulmanes hacen parte de un mismo fenómeno. Todos ellos están bien conectados por las redes sociales -como elemento de recluta y de movilización de nuevos miembros-, por el tráfico de drogas -como una de sus fuentes favoritas de financiación-, y por el terrorismo -como método operativo y de márketing, es decir, la propaganda por el acto del anarquismo tradicional-.

El uso de la mimetización de sus miembros dentro las comunidades musulmanas de los lugares en los que se encuentran, el uso de las mujeres, especialmente, las occidentales, como hacía Al-Qaeda en los años 90, para el traslado de dinero, de armas, de inteligencia y de activistas a las zonas de conflicto, como ha sido en el caso, durante los años pasados, en Irak o en Siria, la recluta de nuevos adeptos en los campos de refugiados o el entrenamiento de niños, de edades tan tempranas como los 5 o los 6 años, son parte del modus operandi del terrorismo yihadista.

El reto es monumental. Involucrar a los países musulmanes en el combate contra el yihadismo es crítico para el éxito de este esfuerzo.

 

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