El futuro de la relación entre Estados Unidos y Cuba

El futuro de la relación entre Estados Unidos y Cuba

Publicado por el 18/06/2018

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“Reputación y generación de valor en el siglo XXI” (LIBRO) por Jorge Cachinero en libros.com

La victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos (EE.UU.), en noviembre de 2016, fue recibida en Cuba, inicialmente, con preocupación y con aprensión.

La retórica negativa del presidente Trump hacia Cuba fue definida por su gobierno como un “retroceso” frente a lo que se había avanzado, hasta ese momento, en la relación entre los dos países gracias al giro dado a la política exterior estadounidense hacia Cuba por el presidente Obama.

Por cierto, el único error que Obama cometió con Cuba fue el pedirles a los cubanos que se olvidaran de la historia y que pasaran página. Aquella afirmación fue recibida como un gran insulto por los cubanos, que están permanentemente volviendo a su historia.

Posteriormente, se fue abriendo paso en Cuba un análisis más realista sobre la verdadera capacidad revisionista del recién electo presidente Trump sobre las políticas de su predecesor, como ha ocurrido en algunos otros asuntos y en algunas otras geografías.

Por último, el gobierno cubano se ha persuadido de que el presidente Trump no podrá dar marcha atrás en todo lo que se había avanzado en la relación bilateral por impulso del expresidente Obama, dado que, hoy en día, aquellos veintidós acuerdos firmados entre EE.UU. y Cuba se mantienen en vigor.

La realidad se abre paso ya que hay demasiados intereses estratégicos cruzados entre EE.UU. y Cuba.

Aunque sólo sea por razones de cercanía geográfica y por la posición estratégica en la que está ubicada la isla en el Caribe, existen asuntos bien sensibles, como son, por ejemplo, la lucha global contra el terrorismo o contra el tráfico de armas y de drogas, que fuerzan, más allá de simpatías o de antipatías personales, políticas o ideológicas, a que los dos países se acerquen inevitablemente.

Incluso, se estima que, dentro de EE.UU., existe un consenso, más allá de ciertas manifestaciones públicas, dentro de determinados, poderosos e influyentes sectores económicos y dentro de la comunidad de seguridad y de estrategia nacional, por continuar la senda de cambios iniciada por Obama en la política exterior de EE.UU. hacia Cuba.

La prueba de esto último está en el hecho de que el presidente Trump, al menos, por el momento, no haya modificado, y hubiera sido muy fácil para él hacerlo, ninguna de las órdenes presidenciales que sustentaron todos los acuerdos que se cerraron entre EE.UU. y Cuba durante la presidencia de Obama.

En Cuba se piensa que, si el presidente Trump hubiera podido, no le hubiera costado mucho hacer retroceder dichos acuerdos de la misma forma que fueron aprobados de forma ejecutiva por Obama.

Si no lo ha hecho, en definitiva, es porque, se piensa en Cuba, no puede.

Por otra parte, en el terreno de la diplomacia pública, de una forma indirecta y no prevista, el comportamiento y las declaraciones de Trump están ayudando a que, ahora, sea más fácil para el gobierno cubano el ejercicio de su esfuerzo diplomático de explicarle al mundo los riesgos que la política exterior de los EE.UU. podrían representar para Cuba ya que ésta ya no se siente sola ante su vecino, sino, más bien, pareciera que fuera el mundo el que se siente solo ante las políticas del presidente Trump.

Mientras, la relación bilateral entre EE.UU. y Cuba es buena y las negociaciones entre los dos países siguen siendo “respetuosas, recíprocas y sin condiciones”.

Eso sí, el gobierno cubano ha incorporado el análisis de las redes sociales a su evaluación y a su reflexión estratégica sobre el comportamiento en política exterior del “presidente de twitter”.

Con todo y con ello, las prioridades de la política exterior de Cuba hacia los EE.UU. permanecen inalterables: el levantamiento del bloqueo económico sobre la isla, al que el gobierno cubano atribuye la principal razón del retraso en el desarrollo económico del país, y la entrega de la base naval de Guantánamo, en orden a recuperar la completa soberanía territorial de Cuba.

Cuba vive, en la actualidad, un proceso de transformación -que no, de transición, como le gusta recordar al gobierno cubano- económica al que el gobierno quiere mantener en equilibrio con la deseada continuidad política. Para ello, el gobierno cubano se fija en la experiencia de otros países comunistas -China o, aún más apropiado para Cuba, por su tamaño, Vietnam- y, en ambos casos, sus gobiernos le recomiendan a Cuba que desarrolle su proceso con calma y que evite la precipitación. Además, le recuerdan a Cuba que ninguno de ellos tuvo que hacer nada similar bajo un bloqueo económico.

Al final, lo que queda en manos de los cubanos en la isla para definir el estado de esta relación entre EE.UU. y Cuba, en el momento presente, bajo el presidente Trump, como en tantas otras cosas de su vida cotidiana, es el humor.

Por eso, los cubanos suelen decir que Dios puso a EE.UU. tan cerca de Cuba por algo bueno. Aunque, todavía, hoy, siguen esperando a descubrir el qué.

 

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