Los motivos de la radicalización yihadista

Los motivos de la radicalización yihadista

Publicado por el 31/01/2018

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Reputación y generación de valor en el siglo XXI” (LIBRO) por Jorge Cachinero en libros.com

Desde el surgimiento del fenómeno del yihadismo, las primeras investigaciones sobre sus razones de ser estuvieron presididas por el sesgo intelectual del determinismo.

La radicalización, se argumentaba, era fruto de variables sociales, económicas y geográficas -por ejemplo, el lugar de educación: país, ciudad o barrio- más que de ningún otro tipo de factores.

Sin embargo, en los últimos tiempos, los investigadores sociales, los cuerpos y las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia han identificado que, en los orígenes del proceso de radicalización yihadista de individuos en el mundo, existe una radicalización de los pensamientos y de las emociones que no es explicable sólo por los factores del entorno socioeconómico en el que viven esos individuos.

Así, aunque existan razones políticas o razones económicas que puedan ser susceptibles de ser manipuladas para dar sentido a esa apuesta radical extrema, el sustento de todo el proceso de interés, de atracción, de recluta y de movilización de potenciales terroristas está cargado, necesariamente, de una ideología. De hecho, todo lo que rodea a ese viaje personal de radicalización es pura ideología, que, como es el caso del salafismo, es maniquea, simple, fácilmente entendible y sin matices.

Además, en esa transmutación de las personas, la violencia es una opción vital más, como cualquier otra, ante la que los individuos toman decisiones de cálculo sobre parámetros de coste-beneficio y en la que las amistades, la familia, el contexto o las redes sociales, es decir, lo emocional, juegan un papel decisivo en la elección final.

Al final del camino de la radicalización, no siempre se da el paso hacia la acción violenta. Por ello, a la hora de delinear los mapas de las redes de captación de yihadistas hay que saber distinguir con finura los simpatizantes de los auténticos terroristas.

En definitiva, la ideología, el entorno sociodemográfico y la justificación mediante reivindicaciones de naturaleza política juegan un papel decisivo en el proceso de radicalización. Ante éstas, las elecciones racionales, las objeciones morales y el entorno de amistades de los individuos son los factores críticos que pueden ayudar a evitar la recluta y la invitación para pasar a la acción terrorista.

Cuando existe un proyecto personal, el terrorismo es una distracción, que tiene un coste inasumible para los individuos. Cuando las redes de socialización primeras, es decir, los amigos, son sólidas, robustas y alejadas de las ideas radicales, la recluta es más difícil y las objeciones morales ante la violencia están más sólidamente respaldadas. En esos entornos, la violencia no es la elección de los más listos. Más bien, el islam yihadista, la violencia y el terrorismo, en esas circunstancias, son “para los bobos”.

Más allá de estos círculos cercanos y personales, en los Estados Unidos (EE.UU.), ante el aparente éxito del yihadismo en el uso de las redes sociales y de internet para la recluta de individuos a distancia, es decir, virtualmente, se ha puesto demasiado énfasis en la necesidad de construir una contra narrativa frente a la narrativa de los terroristas. Está por ver que esto pueda ser tan decisivo en la lucha para evitar la radicalización cuando los entornos personales reales y no, los virtuales, son la clave.

Por otra parte, el uso de la fuerza demanda una aproximación granular y sofisticada.

La ausencia del uso legítimo de la fuerza por los estados contra los focos de captación y contra los individuos radicalizados es, en sí misma, una invitación no deseada a la adhesión de otros individuos que ven reducido el coste de dicha elección. Sin embargo, la represión exagerada e indiscriminada tampoco ayuda porque tiende a reforzar la recluta, como se experimentó en otras jurisdicciones -el llamado Proceso de Burgos en España o el Bloody Sunday en Irlanda del Norte, ambos en los años 70-, en otros momentos históricos. La información anticipada, la intervención quirúrgica y el equilibrio son imperativos para el comportamiento de los estados ante estos retos.

Los vectores más complejos, siendo todos ellos complicados, al abordar el problema de la radicalización yihadista son el de la identidad, por un lado, y el de la variedad de los individuos susceptibles de radicalizarse, por otro lado.

No es fácil el trabajo para evitar incidencias de radicalización yihadista cuando las sociedades contemporáneas tienen dificultades para gestionar las identidades culturales, nacionales o lingüísticas de sus ciudadanos, que ya no sólo son dobles, sino, cada vez más, múltiples y cruzadas. El caso de la radicalización de seis yemeníes -conocidos popularmente como Buffalo Six– en Lackawanna, en el norte del estado de Nueva York, en 2003, por la intervención de un imán de Michigan, es un ejemplo de esa dificultad de gestión cultural.

Además, a medida que aumenta la investigación sobre este fenómeno, fruto del éxito preventivo de los estados, más aparecen tipos nuevos que se incorporan a la antropología del terrorista yihadista.

El mundo, quizás, tenga que aceptar, fatalistamente, al contrario de lo que se suele pensar en los EE.UU., que no es posible acabar, de una vez para siempre, con el radicalismo yihadista y que, más bien, habría que hacer todo lo posible para limitar al máximo el impacto diabólico de sus acciones terroristas.

Para ello, hay que seguir observando y estudiando las barreras que evitan dicha radicalización y las palancas que la producen.

 

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