Entra el gobierno

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Publicado por el May 1, 2018

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El juez González escribió más de 200 páginas de voto particular, pero lo que se comenta de su trabajo son dos expresiones sacadas de contexto. Apenas dos palabras (jolgorio).
Se esforzó, guste o no, en edificar una larguísima argumentación lógica, y sin embargo deslizan que en su cabeza puede haber una disfunción.
Las personas que van leyendo el voto particular advierten que están ante algo como mínimo coherente, cualidad de la que quizás no puedan presumir los otros dos magistrados. Algo digno de respeto aunque no agrade. ¿Pero cuánta gente lee ese voto particular? El ritmo al que avanza la lectura será quizás aritmético, mientras que la propaganda contraria crece en progresión geométrica (propaganda viene de propagar).
Por un lado está el ciudadano inquieto que saca un rato después del trabajo para meterse doscientas páginas (¿quién va a hacerlo?); por otro, la machacona repetición de las teles y radios, todas las teles y radios, manejando una caricatura sobre un asunto muy sensible y delicado.
La cuestión con este asunto va mucho más allá del lamentable caso de la Manada, o de la salvaguarda de algunos principios jurídicos. El asunto empieza a afectar a algo más profundo.
Las palabras de Catalá no son un desliz, y a ellas se ha sumado el PSOE. Qué rara coincidencia. Y a los dos Podemos. Y Ciudadanos no ha sido muy contundente en sentido contrario. Los partidos cierran filas y junto a los partidos la mayoría de medios hacen causa común contra la independencia judicial o, más bien, contra la independencia de un juez y, por tanto, de cada uno de los jueces.
El Ejecutivo puede decidir que toca cambiar la Ley, porque también es el Legislativo; el ejecutivo-legislativo puede presionar a los jueces (a un único juez) porque cuenta con la ayuda de los medios de comunicación que domina o en los que influye mediante concesión o licencia.
Puede hacer todo eso. Pero lo que no puede hacer es convertir las cosas en lo que no son.
Lo lógico no puede ser demente; lo valiente (este juez solo podía perder con su fallo, no tenía nada que ganar salvo una posible ruina) no puede ser infame; lo recto no puede ser torcido, lo coherente no puede ser absurdo y lo laborioso no puede convertirse en perezoso.
200 paginas de jurisprudencia y lógica no son un desliz cafre.
Eso es lo que está en juego desde que ha irrumpido el gobierno y todo su chunta chunta mediático. Ha orientado todos sus cañones, y no son pocos, contra un único individuo. Todos los partidos, todos los medios. Pocas veces se ha sentido como aquí la respiración unitaria y terrible del Poder. Así que no es el sentido del fallo, ni el “yo te creo” frente al principio de presunción de inocencia, ni es la “independencia” del Legislativo lo que está en juego. Es el poder de convertir al probo en “un problema evitable” y una cosa en su contraria.

Al escribir estas líneas desconozco aún la “singularidad” del juez González a la que se refirió el ministro Catalá. Curiosa expresión elegida para la sospecha: lo singular. Quizás lo cuelgue en el blog y a las dos horas haya un “trabajo de investigación” que revele que se come a los niños crudos en su casa. Lo conocido hasta ahora no permite una muerte civil: una depresión, la dilación en algunas resoluciones, y un expediente “normal”, no especialmente ideológico, en juicios sobre delitos sexuales. Además han presentado testimonios anónimos del mundo judicial. Unos dicen que es raro, incluso “misterioso”, otros que es inteligente. A menos que seas un asesino insospechado, del que siempre hablan bien los vecinos, es la triste división de opiniones habitual. Lo que tampoco da para juzgar una vida.

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