La carta de Neymar

Publicado por el Aug 4, 2017

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La carta de despedida de Neymar es su última joyita.
Qué documento.
Se pueden pasar por alto las letras dedicadas a su padre, “querido papa”, por ser este tema ya muy tratado. Hay elementos de sobra.
Uno es la proclamación ya expresa del “nacionalculerismo”. En la misma frase escribe Club (con mayúscula), “Més que un club (con minúscula) y afirma que el Barcelona es una nación que representa a Cataluña.
Esto abre hilarantes perspectivas sobre el “sentiment”. Neymar “embolica” un poco más la cosa o… ¿se ha enterado de algo? Para mí (humildemente) Ney no se ha terminado de empapar del todo, porque luego dice que “Barcelona es una patria”, también es “más que una ciudad”. El cacao es considerable, pero Neymar (el bueno de Ney) parece que algo ha cogido del proceso de inflación sentimental. Todo es más de lo que parece ser:
El Barça es más que un club.
Barcelona es más que una ciudad.
Tan “más” es el Barça que es Nación.
De resultas de ello, lógicamente, para Neymar Cataluña ha de ser más que una nación.
¿Pero no es esta inflación la misma inflación que encareció su fichaje?
¡Estas líneas las ha escrito el padre de Neymar! ¡Neymar senior!
Ese señor mágico ha cogido el truqui al inflacionismo catalán y ha dado un coup inolvidable.

¿Pero y ese refuerzo del yo, propio de un crack? En un momento escribe: “Un deportista (YO)”. ¡Y con mayúsculas! Es el equivalente textual a señalarse el dorsal. Esto hay que imitarlo. Cabía la posibilidad (y no era pequeña) de que el lector se extraviara en la generalización.

También llama la atención la palabra “desafío”. Tras ponerse sentimental, gira la esquina y adversativamente añade: “El deportista necesita desafíos”. Es una palabra que ahora se utiliza mucho. Un desafío es cualquier cosa: una aventura extraconyugal, una secesión… Es un cómodo y socorrido eufemismo que nos permite dejar tirada a la gente porque esgrime algo que se considera inatacable: la autorrealización.
Desafío se supone que es pasar un trance difícil, pero le hemos dado la vuelta y ahora la usamos para justificar que nos vamos a mejor.

Pero el final quizás sea lo mejor. El final es antológico:

“FCB, gràcies per tot!
PSG, j’arrive!
Que Dios nos bendiga y nos proteja!”

Esa manera de decir hola y adiós simultáneamente (con exclamación trumpiana), para a renglón seguido -y como punto final incontestable- poner a todas las partes implicadas en manos de Dios es un concentrado de genialidad.

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