Lo “pollavieja”

Publicado por el Jun 29, 2017

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Llevo unas horas dándole vueltas a un artículo de Milena Busquets sobre la elegancia masculina. Es un texto de agradable lectura y mucho potencial. Son muchas las cuestiones que suscita y sobre las que me gustaría escribir, pero empezaré con una frase magnética, misteriosa: “El hombre elegante lleva ropa vieja”.
Creo que sí. Es verdad. Sólo se está cómodo con ropa vieja, así que sí. Pero no es esto de lo que quería escribir, no soy un Brummel, un árbitro de elegancias. Lo que me llama la atención es la sonoridad de ese “ropa vieja”.
Ropa vieja me hace pensar en ropavejero, lo que Pere Gimferrer llamó a los socialistas en aquel poema. “Ropa vieja” lleva también, cómo no, a camisa vieja, la de la Falange. Pero sobre todo, ropa vieja me hace pensar en “pollavieja” que es una expresión que leo mucho últimamente.
Pollavieja es una palabra de la juventud y de los feministas. ¡La voy a meter en mi Tochocheli!
¿Qué es un pollavieja? Se dirige contra el hombre mayor y por mayor conservador, antiguo, carca, que para ellos (cómo está el patio de estrecho) ya es alguien como Javier Marías. Sería una actualización del “viejuno”. Lo pollavieja es lo viejuno más lo heteropatriarcal. Es una palabra potente, que impacta bien y que desautoriza o al menos se ríe un poco de aquello más digno de respeto: los varones de edad provecta, los prohombres,
Así, estos jóvenes pollifrescos (los pollanuevas) y las féminas chochocéntricas cuando miran “la bancada” del Congreso no ven otra cosa que pollaviejas. Un congreso de pollaviejas.
Lo oficial es pollavieja. Martín Villa, claro, por supuesto, pero también la novelística oficial. Todo lo no transgresor, joven, moderno, punqui…
Pollavieja no es gagá, ni es senil, ni carca. Es otra cosa. Se parece mucho a carca, pero es más ambicioso. No hace falta que el señor sea retrogrado, la mera aproximación gestual, el aspecto-de ya es sospechoso. Además, el término subraya la condición de varón. Es un salto generacional y de género.
Lo pollavieja también emparenta con el reciente “cipotudo”, derivación generacional del muy celiano “cipote”. ¿Es lo cipotudo de hoy lo pollavieja de mañana?
La visibilización verbal del falo sí es una conquista de las feministas. Están aquí para quedarse. Hoy iba por la calle y de un autobús bajó una muchacha con un bolso que decía “Yo soy Gloria Fuertes”. El semblante de la muchacha era orgulloso, altivo, pero ya no era la altivez de la belleza, ni esa altivez desdeñosa de la pija, era una altivez política. A ver quién es el guapo que le hace un mansplaining de esos…
Lo de pollavieja me gusta, decididamente. Sobre todo me gusta porque los pollaviejas se lo han ganado a pulso. Toda la vida fabricando “progreces” y ahora tienen el resultado: una juventud que se ríe de ellos.
El pollavieja nunca sabe que lo es. Pollísticamente siempre nos creemos jóvenes, aunque se tenga que tomar viagra. El rebrinco pollil (a veces puramente psicológico) siempre es el de un cabritillo. Se es viejo por dentro, o por fuera, pero el aparato en sí es siempre el mismo (eso tiene el pene de alma corporal, de constancia del ser. Pierde vigor, sí, pero ¿no es lo único nuestro que no envejece? Es el siemprejoven). Es muy triste que te “cosifiquen” y además te señalen por viejo.
Porque esa palabra tiene algo de redada del macho y de redada del viejo. Dirán que es el “segmento” que siempre acuñó las palabras, y que ahora les toca apechugar. Sería divertido que la RAE la recogiera próximamente en el diccionario. Eso sería un golpe.

Tiene algo muy irreverente. El pene de un anciano es lo no visto. El pene erecto es pornografía. Pero el pene de un anciano es un gran tabú. Es como si fuera un reducto (el reducto) antropológico de la respetabilidad de la tribu. El viejo ya tiene poca consideración en nuestra sociedad, pero al menos se le respetaba la flacidez.
Los sabios de la tribu, el consejo de ancianos, son ahora los grandes pollaviejas. La palabra les saca al aire los falos, los faletes, se los “visibiliza” como el interior de los bolsillos de un tieso. Ya no se respeta nada. La madurez no es un valor, es una debilidad de la que reírse.
Este término es la crisis de una estructura de jerarquía, pero ha de admitir respuestas. Si hay pollaviejas tiene que haber también pollanuevas. ¿Quiénes son los pollanuevas, esos adanes pililares cuyos apéndices ya no son miembro viril sino “constructo social” ?

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