Las mesas electorales

Publicado por el jun 27, 2016

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En mi otra vida fui en alguna ocasión, y por obligaciones de mi trabajo, delegado de la Junta Electoral en algunos municipios.
No puedo entrar en detalle (no tengo tiempo), pero mi recuerdo es que se seguía un escrupuloso proceso tutelado por el funcionario, pero además por los representantes de los partidos, presentes en la mesa.
Los recuentos de votos no son proclives al pasteleo, como se desliza en algún medio esta mañana, sino más bien a la fiscalización del municipio. Entre miembros de la mesa, representantes, y personal municipal presente, cada voto se discute y analiza y lo que manda es el criterio del presidente con la Ley Electoral detrás.
No es un acto oscuro y en el que se pueda manipular nada fácilmente, sino más bien “contradictorio”. Están comprometidas muchas personas: ciudadanos, funcionarios y representantes de los partidos que participan en el escrutinio y recuento. La Junta Electoral de Zona aguarda los datos de forma inmediata. Los espera. Y las Fuerzas de Seguridad vigilan las dependencias.
Las actas se firman y cualquier asunto o discrepancia se eleva a la Junta Electoral, de manera que hoy, de ser cierto lo que se desliza, debería de haber cientos, miles de actas polémicas y discrepantes.
Mi recuerdo profesional es llegar a primerísima hora de la mañana e irme al día siguiente. El momento en que la jornada echaba a andar fue la primera vez en que sentí que la expresión “la fiesta de la democracia” tenía algún sentido. En cierto modo lo era. Con todo organizado (es un proceso que comienza semanas antes), la gente empezaba a circular y a depositar su voto. Había personas esperando, madrugadoras, tomando muy a pecho lo del deber. El primer paseíllo del votante solía tener un garbo sonriente inolvidable.
Hay muchos ojos en cada urna, incluso en cada urna de pequeño municipio. Los enconos políticos pueden ser profundos en sitios así. Para que algo pudiera suceder sería necesario que todos los presentes estuvieran de acuerdo, incluyendo el funcionario (o asimilado) designado para tutelar el proceso. De ser así, habiendo esa unanimidad, ¿por qué sería necesario hacerlo?
Más bien parece esto a una nueva andanada a la “España profunda”, que no es la forma de referirse a la España Interior. Modestamente, solicito cambiar lo de “profunda” para la España de Internet.

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