La corrupción como clima

Publicado por el Mar 16, 2016

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Últimamente, con el tema de la corrupción algunas personas del PP están llegando a un grado de virtuosismo absoluto. Siendo algo diario y candente, la manera de huir dialécticamente se va refinando. Mirar a Andalucía, o recordar a Pujol era un recurso. Desde hace un tiempo la cosa mejora.
Está por un lado el distanciamiento generacional. Los jóvenes (o aproximadamente jóvenes) que abominan de la corrupción de los mayores. Así, la purga se convierte en transición, en relevo. Y el propio partido lo depura. Como un cambio de piel.
Pero además se usa otro recurso que roza la genialidad. La generalización atmosférica. Considerar la corrupción como algo no sólo “sistémico” (perdón), que lo es, sino ambiental. Es el llamado “clima” de corrupción, como si fuera una cosa anticiclónica y temporal que vino por Galicia y se irá por el Estrecho, y que no tiene ningún carácter personal. Es como el Katrina de la corrupción.
Es decir, que más que hacer algo con la corrupción o contra la corrupción, se está haciendo algo con la palabra corrupción. Difuminando su sentido, alterándolo, extendiéndolo.
Los últimos días se refina otra sutil manera de decirlo. El también. En Twitter he visto (vía la cuenta de la periodista Clara Pinar) más ejemplos: “Pedir investidura sin tener mayoría también es corrupción” o “pagar el IVA por facturas no cobradas también es corrupción”. Se asimilan formas múltiples susceptibles de ser entendidas como corrupción. No lo son, son otra cosa, pero se quiere el contagio. Esto tiene dos tiempos: uno primero de asunción, de responsabilidad, que se descarga con el “también”; y otro segundo de devaluación del concepto:
-Llevarse las toallas del hotel… también es corrupción.
Pero el PP, en este PP, están yendo más allá. Están igualando genialmente la corrupción con la corrupción. En el tardorajoyismo, corrupción es corrupción. El delito, el ilícito, el uso indebido de fondos públicos, por un lado, y por otro el acto de corromperse. El proceso casi físico (casi oloroso) de descomposición y desintegración de algo, del partido en este caso.
Así, una corrupción se va convirtiendo en otra y cuando hablamos de “la corrupción del PP” no sabemos muy bien a qué nos referimos, si a Bárcenas o al coma.
Estas cosas son de una gran habilidad que hay que reconocer.

Nada más acabar este texto encuentro esta frase de Rajoy, la dice en Telecinco: “Todos los asuntos relacionados con la corrupción son muy desagradables y han sido más de los que nos habría gustado”.
Es un ejemplo estupendo de lo anterior. Es divertidísimo analizarla: “Los asuntos [causas, imputaciones, pero diremos asuntos] relacionados con la corrupción [como un fenómeno distinto, no comportamientos corruptos, o corrupciones. Ni la “corrupción de nuestro partido”. Impersonalización. Como un clima o una enfermedad] son muy desagradables [fastidio, inconveniencia, molestia, contratiempo] y han sido [un pretérito perfecto generoso, de novelista] más de los que nos habría gustado [otro momento en el que Rajoy, llevado en volandas por sus pelotas, que confunden ser gallego con ser Chesterton, disparata. Da a entender que hay un nivel de corrupción asumible, pero es sobre todo un perdonen las molestias, como cuando hay obras en tu calle. Son los efectos indeseados. El dióxido de carbono al respirar. El coste de las cosas].
Aquí la corrupción ya como molestia, o como el ruido que causamos al vecino, o el humo de una fábrica. La corrupción como contaminación.
Altos niveles de genialidad, ya digo, en el tratamiento del asunto.

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