Llevarse el viejo al escaño

Publicado por el Jan 13, 2016

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La foto del día es la de Carolina Bescansa con su niño en brazos en el Congreso.
Acudiendo, tomando posesión, jurando (o lo que sea eso; jurar por el pueblo es el nuevo juramento por snoopy), votando o incluso preparando una moción con el bebé en brazos.
Jurando no, porque entonces se lo pasa a Errejón para hacerle el ajo, ajo.
Esto yo lo veo muy bien. “Visibiliza”, que se dice, una realidad. Porque está bien llevarlo al trabajo si no hay abuelos, ni guardería, ni ayudas, ni dinero para pagarse una niñera.
Hombre, alguien podría decirle que en lugar de renunciar al dinero se paguencon ello una niñera.
O que si no les alcanza con lo de Irán.

Lo de Bescansa será muy bueno (seguro) para la conciliación laboral, pero malísimo para la tranquilidad del ocio. Porque esto dará alas a los que se llevan el niño al cine, al teatro, al restaurante…
Si Bescansa se lleva la criatura al Congreso, a ver quién le tose ahora al papá del niño puñetero en el concierto…

La realidad ha de parecerse al McDonald’s. Que haya siempre un lado baby.

¡Política de kindergarten!

Viendo las imágenes, me ha llamado la atención también lo de los abrigos en el escaño. En las originales filas podemitas cada escaño tenía abrigos, bufandas, pañuelos, fulars, ¡todos los complementos perroflautas! ¿Que no hay guardarropía?
Estaba el escaño como la silla de más del bar, del restaurante, donde se deja la ropa de abrigo… La guardarropía nacional.
Lo siguiente, hemos de verlo, será tunear el escaño.
El escaño va a parecer la plaza de garaje de algunos, que meten el coche, la moto atravesada, una silla de oficina y encima una cajonera del IKEA. Todo lo que quepa.

Lo de llevarse al niño está bien, pero para reflejar toda la realidad podría hacerse mejor con un anciano desahuciado o con un enfermo necesitado de asistencia. Un paralítico, un terminal, un dependiente.
Yo aquí veo un sesgo juvenil, como siempre.
¿Por qué no ir a votar con su anciano en las últimas de filipinas?
“Es que no tengo con quién dejarlo”.
Ir al congreso con la suegra a la que se cuida. Con su silla de ruedas, sus medicamentos, su transistor, su cuña, su pañal y sus archiperres de la senilidad. “Aquí en el escaño. ¿Está usted bien?”.
Llevarse el bebé es muy bonito y resultón. Ahora a apechugar: a llevarse los niños cuando cierren el colegio y los ancianos dependientes. Todos al escaño.

Es más. Imaginemos que una pareja de algún diputado (ada) acaba, Dios no lo quiera, como Bardem en Mar Adentro. Si el consorte pasa el día entero en el Congreso… ¿quién se ocupa? ¿Por qué no llevarse el camastro con ruedines al escaño? ¡Escaño adentro!
Yo lo vería lógico, como veo lo del bebé.

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