En dos patadas

Publicado por el Nov 16, 2015

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Las horas posteriores a los atentados en París han sido dignas de estudio. Entre muchas cosas dichas, destacaron los comentarios genéricos sobre el islam de personas que lo tenían clarísimo.

A la vez, la cuestión catalana, absorbente hasta ese día, de repente se antojaba lejanísima y aún más absurda.

Nos hemos pasado años discutiendo sobre catalanismo o nacionalismo catalán, según matices, y, sin embargo, qué poco sabemos sobre lo musulmán.

Lo digo con un tono de estafa. Entre las muchas consternaciones, el sábado, al día siguiente, pensé en cuántas horas de mi vida había empleado en explicarme una cosa ridícula.

El islam tiene aproximadamente mil doscientos millones de creyentes en el mundo. Los nacionalistas catalanes son dos millones.

Es decir, que el islam es seiscientas veces el nacionalismo catalán.

O sea, deberíamos dedicarle 600 veces el tiempo que hemos debatido lo catalán.

A ver, seamos rigurosos:

(30 años, todas las semanas) x 600= 18.000 años

Siendo escrupulosos con las proporciones, deberíamos estar 180 siglos discutiendo la cuestión para tener al menos la misma claridad de ideas que tenemos con lo catalán, que tampoco es que sea mucha, la verdad.

Es decir, 180 siglos después, llegaríamos a un Iceta de lo musulmán que nos hiciera un lío fenomenal con la cuestión.

Pero, siendo justos, necesitamos ese tiempo para hablar con la misma rotundidad.

O bueno, para ser precisos, 180 siglos menos 7 de reconquista.

El yihadismo mueve a los juicios más resueltos e insólitos sobre lo musulmán. Con la mejor voluntad, claro, pero con una facilidad que asusta.

Por esa regla de tres, si cogemos ETA y el nacionalismo vasco, y sacamos la calculadora ¿qué diríamos?

¿Qué porcentaje terrorista supone el yihadismo sobre el total de lo musulmán y qué porcentaje representa ETA en el total del nacionalismo vasco?

¿Y con la ultra derecha?

Volviendo a lo catalán; hemos pasado años y años discutiendo diariamente, sacándole matices a la CUP, a ERC, a CDC y a Unió, como esquimales a la nieve, e incluso tenemos catalanes profesionales. Porque uno de Castellón no puede opinar, ha de ser de allí.

El catalán, por serlo, ya puede vivir toda la vida de ser intérprete de lo catalán. Es, por así decirlo, una profesión. Como ser traductor en la Escuela de Traductores de Toledo.

Una ciencia complejísima.

Sin embargo, el islam, que es como un océano, que recorre la mitad del mundo, razas, continentes y realidades tan distintas, que ocupa como mil Geronas (¡Mil Gironas!), aquí se soluciona en dos patadas. Pim, pam. Como Bale.

Incluso para explicar España, que nos la deberíamos de saber, recurrimos al hispanista, pero con el islam no, no nos hacen falta expertos. Tenemos la historia, el apellido Matamoros, el yihadismo, el comercio de la esquina, los burkas y lo mal que le sentaba a Carmina Marrakech, ya está. Es que no se conoce ni el islam de la M30.

Y luego está la superioridad moral, el pichicentrismo. Somos superiores al nacionalista, al comunista, al musulmán, al buenista, al populista, al laicista, al feminista y hasta al mormón.

¡Somos la leche, tú!

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