La sonrisita de Varoufakis

Publicado por el Jun 30, 2015

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¿De qué se ríe Varoufakis? ¿Qué encuentra tan gracioso cuando sale o entra con esos pasitos tan alegres y se encuentra con los periodistas? Se le ve contento, encantado. Su país está cerca del desastre, Europa pendiente literalmente y el mundo entero con el ojo puesto en él. Y Varoufakis entra y sale sonriendo una sonrisa completamente gratuita ¡Qué encantador! ¡Qué seductor!
No es que tenga que afectar toda la gravedad que está en juego, no queremos eso, para eso está la educación. No se trata de entrar llorando o tapado como una viuda. Pero por lo menos un poquito de decoro. A usted no le está permitido ir de seductor. Seduzca a su mujer haciéndole de modelo para su arte. Póngale la mesa. Organícele el bodegón con un caqui persimón en lo alto. Sonría por el pasillo cuando vaya a arreglar la cadena del water, que siempre se queda cogida. Pero no nos camele, hombre, ¡no nos tome por helenos!
Estoy muy harto de los tipos que van de divertidos y ríen como atributo sexual. Hay un montón de gilipollas sonrientes por el mundo. Pero no es la sonrisa del hombre afable, educado, esa sonrisa no es sexual. Es la sonrisa del seductor. Como si hubiera un polvo o un chiste en el aire. Tíos que se han creído Humphrey Bogart, y llevan la sonrisa ladeada y socarrona de la que hablaba Serrat. Es lo que hacemos cuando entramos en un pub (yo soy hombre de disco-pub), sonreír, sonreír mucho, por si las moscas.

No es la sonrisa generosa que concede todo el mérito al otro. Es la sonrisa un poquito reticente de “tengo el secreto”.

-Hola, soy Varoufakis. Os veo y sonrío. Es tan sumamente divertido que estemos aquí… Sabes, estoy disfrutando con todo esto. Aunque, bueno, ESTO esté costando dinero. Porque soy economista y sé que esta sonrisa, mira, esta sonrisa (chín), este mohín adorable, cuesta dinero a todos los contribuyentes.

Varoufakis además es que ríe desde arriba, mirando mucho, con la boca llena de dientes, pero tiene la misma caída de ojos que tenían los mellizos tróspidos (Luis Carlos y otro) de la tele (esto es un poco friqui como referencia hablando de Varoufakis, lo sé). Es tal cual. Tiene mirada tróspida y rijosa y es inadmisible que la saque a pasear.

Mi primera exigencia como europeo, o casi, sería que ese señor dejara de intentar ser encantador. No es el momento, no procede. Es una provocación.

Me molesta mucho que sonría y además se acerque progresivamente, como si se fuera a echar al pecho a una corresponsal. Se acerca a ellas como si fuera a recoger las bragas que van a lanzarle. ¡Recaudador de bragas!
Esa risa traviesa, de inadmisible frivolidad. ¡Eso es! Frivolidad ante todo y sobre todo. ¡Se hunde una economía y sonríe! ¡Esa frivolidad nos está matando al continente entero! De esa frivolidad estamos muriendo.
Y luego está ese juego muy sucio: soy grave y moralmente denso hablando de economía, mucho, pero luego, zas, sonrío, porque todo es un juego y humedezco el braguerío. Va de nonchalant y se ama a sí mismo. No, no se ama, se venera.
Insoportable, Varoufakis, insoportable.

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