La calle de Alcalá

Publicado por el Jul 15, 2014

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El otro día iba por la calle de Alcalá. Soy tan provinciano y tan extrañamente autoconsciente de Madrid (una constante tensión dentro/fuera) que no hay día que no pase por la calle de Alcalá en el que no me acuerde de los nardos apoyados en la cadera y busque el equivalente de la chica de la falda almidoná. Para mí, si Las Leandras no están aún vivas en la calle de Alcalá entonces la cultura no merece la pena. Cultura es la vigencia, qué digo la vigencia, la eternidad de las leandras en Alcalá. Pues el otro día, tarareando la tonadilla, la crucé fuera del semáforo. Miré a un lado y a otro, pegué la carrerita, esa carrerita con prestancia, como el Juez Pedraz subiendo los escalones, volví a mirar (esto no sé por qué lo hacemos, no puede cambiar todo en un segundo y aunque cambiara, ¡ya sería demasiado tarde!) y me incorporé de nuevo a la otra margen de Alcalá. Pues nada más pisarla veo a Regina do Santos saliendo de un edificio. ¿Es ella? ¿No? Regina do Santos era Brasil para mí. No Brasil, un Brasil catalán y paralelístico, como Laporta comprando a Ronaldinho. La miré con ganas de decirle algo. No, ah, sí, hum, doña Regina, quizás… Pero lo raro vino después. Inmediatamente, dentro del mismo segundo, a unos metros, venía Jaime Peñafiel. La coexistencia de Regina do Santos y Jaime Peñafiel en la misma acera, en el mismo sentido, y a la vez, me pareció una casual eclipse de celebrities. ¡La calle del Alcalá parecía un plató de Telecinco! En ese momento dudé porque también quería saludar a don Jaime. Don Jaime, señor, soy un… Pero estaba muy cerca ya. Tampoco me terminaba de olvidar de Regina do Santos. ¿Y si entre ellos se conocían? ¿Y si no, pero deseaban también saludarse? ¿De quién debía ser la iniciativa en el protocolo de celebrities? Me vi por unos eternos nanosegundos metido entre una tensión de popularidades, en un sandwich de famosos. Pero lo peor era tener que optar. Si saludaba a Regina do Santos estaba renunciando a Peñafiel. Y viceversa. No sólo renunciando, diciéndole a Peñafiel en su cara que prefería a Regina do Santos! Cualquiera de las dos opciones me parecía tristísima, pensé. Y dejé pasar a mis dos admirados personajes, ya para siempre unidos como cerezas neuronales (eran como mi pareja de famosos del Pasapalabra)

Pero es que la Calle de Alcalá es como un batido de España. Un flujo orgánico español, un no parar, si hay pueblo español está allí. Si yo fuera reportero o encuestador ¡no me movería de la Calle de Alcalá! ¡Ganges demoscópico!

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