El otro Messi

Publicado por el Jul 4, 2014

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Este niño argentino diciendo que los brasileños son buenísimos es lo mejor del Mundial. Luego está Messi, que es mi gran ilusión y Neuer. Noya. Para-Noia, que dicen ahora los periodistas. Pero lo del niño me tiene entusiasmado. Ese niño argentino que contra todo el ambiente, incluso contra la insistencia de su madre, sale hincha de Brasil. No me canso de mirar el vídeo. No puedo dejar de mirarlo. Cada vez que dice “los brasileños son buenísimos” yo me tiro por los suelos.

Frente al espectáculo de los himnos, que da grima, el chovinismo, la parafernalia, oponer el niño argentino de Brasil, el Messi de la inteligencia y de la independencia, niño prodigio de lo antiambiental, niño absolutamente único de la independencia, ¡Mozart del criterio propio!

Este Mundial no es, como dicen todos, el mejor mundial de todos los tiempos. Hoy leía a Santi Solari en ElPaís (porque titulaba “lindo” y no me pude resistir, qué suerte tienen los argentinos que pueden titular lindo), probablemente El Indio Solari sea el mejor escritor de ese periódico. Qué tío. Escriben mejor los futbolistas argentinos que los novelistas españoles. Qué envidia. Pero Solari decía que era el mejor mundial y además por el trato del balón. Si empezó siendo la tumba del tiquitaca, verdaderamente no se entiende. Está siendo divertido, prorrogado, con mucho gritito, pero no, realmente, El Mejor. No lo creo. El mejor equipo es una Alemania más madura, pero no mejor que en los últimos años.

 

No sé, no lo creo, pero además, a mí del Mundial me gustó mucho una cosa de los brasileños antes y al inicio: la posibilidad aceptada de ir contra su propio país. Brasileños, incluso brasileños patriotas, que por distintos motivos (uno podría ser el hartazgo) deciden ponerse la camiseta del rival. Oh, qué liberación. Es como cuando en carnaval te pones falda. Por unas horas, qué ligereza del espíritu. Señores escribiendo contra su selección en los periódicos con el más exquisito civismo.

¡Si se pudiera aquí odiar La Roja!

 

Así que mi Mundial no es el 4-3-3, ni las prórrogas, ni siquiera Bryan Ruiz; es el niño argentino hincha de Brasil. Qué sabiduría. Qué humorística terquedad. Ese niño es el prodigio de la claridad de ideas y del individualismo. ¡Cómo resiste ese bambino frente al coñazo masivo del Mundial! Para mí el Mundo es el Mundial dando el coñazo por un lado y luego ese niño solo con sus pompas de jabón animando a Brasil.

¿Pero no es lo más natural? ¿No es más propio del individuo la fidelidad al capricho, incluso el desmarque instintivo, que seguir el bombo unísono del himno?

 

Amo a ese niño. Admiro a ese niño. Ese niño es Borges. Todo el país como en un anuncio de cerveza Quilmes y él, solo, con sus pompas, repitiendo: Brasileros, ganan los brasileros.

 

 

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