El consenso macho

Publicado por el Dec 3, 2013

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A vueltas con el asunto de la sumisión, viene hoy en El País un artículo que ya hace desembocar la cuestión del libro Cásate y sé sumisa en los personales placeres/tormentos de la dominación. Lo malo es que finaliza abrevando en el caladero estadístico, que es la forma tabulada de la obviedad, para señalar que, sí, la sumisión sigue siendo una cuestión masculina. Es decir, que en esto, como en todo, se espera una paridad: la paridad del látigo.

Felizmente, un amigo me hace llegar esta mañana un texto de Ullán sobre María Ostiz (la Janis Joplin de la cantera madridista con lo que eso tiene de forja del ideal mozalbete castellano) con unas letras que parecen perfectas para ilustrar el “feminismo de horma cristiana” en que, generosamente, podría incluirse a la ministra Mato (¡Por la igualdad, mato!): “El hombre español, en suma, / de soltero es liberal; / de novio, lo disimula; / de marido, musulmán”.

 

* * * *

Sobre la constitución. De la lectura de los constitucionalistas se puede obtener una conclusión muy distinta de la que permiten los polemistas al uso. No se trataría de que la constitución se adaptara a la juventud española actual, sino más bien de que las generaciones posteriores a su promulgación la asumieran como propia. El carácter transmisible, dialogado en el tiempo del texto es una riqueza del país. El planteamiento gratuito de hiatos, grave barbaridad. En esto, como en todo, es necesaria cierta pedagogía. Sucede que para la “relegitimación” (valga el palabro) continuada de la Carta Magna (curioso y relevante el nombre de los coñacs: el Magno, el Soberano… ¡así nos va a los constitucionalistas!) el juicio histórico de la Transición cobra importancia. A mí me parece que esos años fueron los últimos constitucionalmente relevantes por la sola razón (clamorosa obviedad) de que fueron los últimos años con consenso. A la soberanía, o la conmueve la sangre o la conmueve el consenso.

Los constitucionalistas deberían descender al nivel de profesores de primaria para explicar al niño, al español, la cuestión en términos exclusivamente sexuales: la reproducción constitucional. La constitución es el elemento femenino. ¿Cómo se reproduce? Se reproduce cuando la penetran para fecundarla. Y el encargado de penetrarla, en ausencia del “espadón mecido y adulado” es el consenso.

Así, el consenso sería no blando pasteleo, chalaneo, sino un elemento político macho. Todo sea por estimular a esas personas que en nuestra sociedad necesitan que la política les movilice. A esos seres politicoides del tipo bárbaro que necesitan un frenesí político constante.

Visto así, convertido en elemento sexual, el consenso no se vería por el español altisonante como una cosa de Suárez, grisacea y blandita, llena de concesiones y debilidades, cuajada de errores, cantada a dúo sergioestibalezco por Ónega y Prego, que es como se nos quiere hacer ver ahora por unos y otros, sino como un elemento fuerte, viril. El consenso como un factor reproductor, masculino y cigótico.

El consenso macho. A ver si tocando esa tecla…

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