Reflejo

Publicado por el may 5, 2014

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Al llegar a casa y en el momento de abrir la puerta, me vi salir. Intrigado, decidí seguirme…
Me perseguí unos veinte minutos por las calles de Lawrigt, un pequeño pueblo de Irlanda al este de la isla. Las calles estaban a rebosar de personas que iban de un lado a otro, parando en los distintos puestos del mercado. De repente el extraño individuo de ojos oscuros y piel pálida como la de un cuerpo sin vida se paró frente a un caserón abandonado, abrió la puerta y entró.
Nada más entrar, me invadió un hedor a humedad. Estaba muy oscuro y solo se podía admirar la habitación gracias a un pequeño tragaluz en lo alto de la pared. Sobre la cúpula decorada con frescos antiguos colgaba una lámpara de araña, formada por delicadas limaduras de cristal que reflejaban la escasa luz solar en las paredes de la inmensa habitación.
Había muebles distribuidos por toda la sala, pero lo que más me llamó la atención fue un cuadro antiguo colgado en una pilastra. En él estaba retratado un muchacho de aspecto noble, ojos negros como la pez, cabellos brunos, piel blanquecina y un rictus desafiante acompañado de una vengativa sonrisa que invadía su rostro, vestía unos ropajes antiguos decorados con todo tipo de ribetes y bordados. Entonces me di cuenta de que era el misterioso sujeto que tanto se me parecía. Debajo del cuadro había una inscripción que decía “T.H 1850-1864”
Un portazo hizo que despertara de mi trance, y rápidamente subí los peldaños de madera deteriorada por el paso del tiempo. Al llegar al piso de arriba oí un estruendo. Me asomé a la habitación de donde procedía el ruido y vi una habitación colosal llena de estanterías con libros antiguos y polvorientos. En el centro de la habitación se encontraba aquella persona cuyo retrato estaba reflejado en el cuadro, estaba buscando un libro en concreto ya que se movía de un lado a otro hojeando libros y lanzándolos por los aires al ver que no eran los apropiados.
De repente una sonrisa iluminó su rostro y me di cuenta de que había encontrado el libro que andaba buscando. Se sentó en un sillón sucio y degastado y sopló sobre la cubierta para quitarle el polvo.
Me acerqué por detrás y él no pareció percatarse de mí. Era un libro de color negro con letras doradas en el que ponía “Memorias de Thomas Hildegart”
-Thomas Hildegart… T.H…- entonces caí en la cuenta. ¡Aquel misterioso individuo no era otro que el fantasma de Thomas Hildegart! ¡Eso explicaba nuestro asombroso parecido!
Thomas se giró y me miró fijamente.
-Por fin lo has entendido John Hildegart, mi querido tataranieto…-dijo mientras esbozaba una maligna sonrisa.

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Historias desde la luna © DIARIO ABC, S.L. 2014

"Historias desde la luna" recoge los relatos imaginados por su autora con el fin de entretener a los lectores, y atrapar en los mundos imaginarios de sus historias a todos los que quieran adentrarse en ellos. Más sobre «Historias desde la luna»

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