Por el camino de las sombras

Publicado por el Jan 13, 2014

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Me desperté con una tenue luz grisácea, y me di cuenta de que no estaba en mi cuarto. Palpé el suelo; estaba frío y húmedo, como si la noche anterior hubiera llovido. Cuando me acostumbré a la oscuridad vi lo que parecía ser un pueblo abandonado, con casas de ladrillo y barro, y techos de paja. Entonces entreví unas siluetas, mejor dicho, eran unas criaturas completamente negras como el carbón, de apariencia espectral, como la niebla, pero las proporciones de sus cuerpos eran perfectos, y sus rostros detallados, con sus respectivos labios, su nariz y sus ojos. Estos eran completamente rojos, con un tono anaranjado, como el sol al atardecer.

Las criaturas parecían sobrenaturales, tan perfectas y aterradoras. Una de estas dio un paso al frente, acercándose tanto que sentí su gélido aliento en mi cara. Y con una hermosísima voz me dijo:

-Jason, ven… únete a mí…

-¡No!- grité.

Me desperté con lágrimas en la cara y me di cuenta de que solo había sido una pesadilla; la pesadilla que me atormentaba desde que me había mudado al norte de Inglaterra, a un pequeño pueblo llamado Shadow Way, es decir, el camino de las sombras.

Me levanté y bajé las escaleras para desayunar. No había nadie en casa, porque mi madre se había ido a trabajar. Ella y yo vivíamos solos ya que mi padre nos había abandonado cuando yo apenas tenía dos años de edad, pero no me importaba, ya me había acostumbrado. Me vestí rápidamente y salí a dar un paseo.

Pasé por un callejón oscuro, por la parte más antigua del pueblo. Entonces algo se movió. Me aproximé hacia donde procedía el ruido y una mano negra me agarró con tanta fuerza que me empujó contra el suelo de mármol provocando un ruido seco.

-¿Quién eres?- pregunté con voz temerosa mientras me alejaba.

-Soy tu sombra- dijo la criatura con hermosa voz.

Cuando la criatura salió a la luz me di cuenta de que mi pesadilla se había hecho realidad; me miró con sus penetrantes ojos rojos y me dijo:

-Únete a mí… no puedes vencerme…- mientras se adentraba lentamente en la oscuridad y desaparecía.

Seguí andando, muy extrañado por lo que acababa de pasar y, cuando cayó la noche, volví a casa.

Me desperté con las primeras luces del alba, y, aunque hacía sol, noté algo gélido a mi lado, como movido por un resorte me di la vuelta, y vi al ser negro tumbado junto a mí, con una maligna sonrisa sobre sus labios; pegué un grito ahogado y me quedé paralizado por sus profundos ojos rojos, sabiendo que esta vez me iba a poseer.

Empezó a susurrarme al oído con su fastuosa voz, mientras yo notaba que se me cerraban los párpados lentamente e iba tomando el control de mi cuerpo.

Entonces vi mi vida pasar ante mis ojos y recordé momentos en los que nunca me había parado a pensar: mi madre y yo cocinando en la panadería donde trabajaba, los dos cubiertos de pies a cabeza de harina; o los dos en el parque cuando era pequeño, en los columpios con el viento en la cara…

En aquel momento note como algo salía de mi interior y, al abrir los ojos, la sombra ya no estaba.

Es difícil vencer al miedo pero con felicidad y alegría, siempre se consigue.

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