No necesitamos renta universal pero sí educación financiera

Publicado por el May 23, 2016

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Uno de los grandes retos que tenemos como país es hacer una reforma educativa a lo grande, un pacto de estado que ya se intentó pero fracasó por esa sempiterna manía que tenemos de no olvidar una guerra y una dictadura. Es triste pero es real. Las heridas están muy abiertas y hay poco espíritu de pasar página. Curiosamente menos que el que hizo sentarse a señores tan antagónicos como Carrillo y Fraga a redactar una constitución. Precisamente como en los grandes asuntos de estado que en mi opinión son: sanidad, educación, pensiones y ayudas, no nos ponemos de acuerdo, las cosas no van como deberían. Quizás se salve la sanidad que, pese a los dolorosos recortes, sigue siendo una de las mejores sanidades del mundo.

El tema de la educación, que es lo que más me interesa tratar hoy aquí, es manifiestamente mejorable en muchísimos aspectos pero hoy me centraré en la educación financiera algo que, salvo que el estudiante estudie dicha carrera, saldrá al mundo laboral sin apenas conocimiento de nada. Desde luego hay muchos factores pero los expertos coinciden en que lo que pasó con las hipotecas basura no hubiese sido tan grave si los ciudadanos hubiesen tenido un mínimo de cultura  financiera; para empezar, aprender a distinguir qué es un activo y qué es un pasivo. El primero lo suelen tener los ricos y el segundo, los pobres. La desgracia es que muchos directores de sucursales (sin ética y amparados por una ley bastante interpretable) convencieron a muchos pobres de que podrían ser ricos simplemente firmando una hipoteca. Cuando esos pobres se quedaron sin empleo, siguieron teniendo la deuda (el pasivo) pero no los ingresos para hacer frente a ella. Y entonces ya viene todo lo demás pasando por la inmensa tragedia del desahucio. Si hubieran sabido qué les podría pasar, muchos no hubiesen firmado jamás ese compromiso. Y sí, para eso está el alquiler, tan denostado en la pobre cultura financiera española y que, curiosamente, está tan extendido en países más avanzados económicamente que nosotros.

Todo esto también enlaza, por supuesto, con la capacidad que algunos tienen para entender perfectamente que el mercado laboral no tiene nada que ver con el del año 1940, donde empezabas a trabajar en una empresa a los 23 y ya te jubilabas en ella. La falta de movilidad del ciudadano español es un gran handicap y no hablo ya fuera de nuestras fronteras, hablo dentro de España donde mover a un tipo de Cuenca a Barcelona, por poner un ejemplo, supone, en la mayoría de los casos, un drama en lugar de ser una oportunidad.

Me temo que en España, además, no florece demasiado el llamado emprendedor. Quizás con la grave crisis que hemos padecido sí han salido de su cascarón muchos. Y de esos muchos, la gran mayoría diría, se han quedado en el intento por varias razones entre ellas el cierre en banda de la banca a conceder préstamos y, por supuesto, la falta de cultura financiera de la mayoría. Y es que a pesar de que para ser empresario no hace falta estudiar empresariales y económicas sí hace falta tener visión empresarial y esta pasa por conceptos tan básicos como que los ingresos generados se destinan a ser reinvertidos y no a comprarse un coche más grande.

Esta falta de cultura financiera es palpable, por ejemplo, a la hora de aplaudir la propuesta de la renta universal. En España, de la mano de Podemos. Una renta que, como su propio nombre indica, es para todos los ciudadanos, independientemente del dinero que ganen. Un gran perjuicio que muchos se niegan a ver. La renta básica universal introduce un incentivo perverso que estimula negativamente a los que menos ganan, o los conocidos como pobres. Quien más gana no dejará de trabajar y producir por un ingreso a mayores que no le modifica sustancialmente su economía diaria, una persona que genera unos ingresos brutos anuales de 300.000 euros no dejará su trabajo por recibir al mes los 600 euros al mes que propone Podemos. Es calderilla para pipas, es lo que se gastará, probablemente al mes en gasolina. En el lado de quien menos gana preferirá o sopesará dejar de trabajar sino estima que el esfuerzo no le compensa, toda vez que tendría sus necesidades mínimas satisfechas con la renta básica. De resultas de ello habría una parte de la sociedad estimulada a dejar de producir.

Imaginemos que tiene una máquina que produce poco pero produce y que desde mañana el gobierno le pagará una suma de dinero por el sólo hecho de tener la máquina, aunque esta no produzca nada. Un taxi por ejemplo:si voy a ganar casi lo mismo quedándome en casa que saliendo todos los días con el taxi ¿Para qué voy a salir? Esa persona verá mejorada su situación dejando de producir, sin embargo, los ingresos que percibe provienen de la sociedad a la que él ha dejado de aportar su parte, por lo cual, la carga sobre los que siguen trabajando será cada vez mayor. La renta básica estimula a una parte de la sociedad para que deje de producir, a recibir riqueza sin aportar en la producción de la misma, en definitiva, empobrece a la sociedad en su conjunto para beneficiar a quienes estimula para abandonar el trabajo y la producción.

Hagámonos una pregunta: si le damos 700 euros al mes a todos los españoles por el hecho de serlo, ¿dejaríamos de tener niños en situación de pobreza? La respuesta es un NO rotundo y tiene una clarísima explicación: La renta básica exigiría elevar impuestos. Si el aumento recae sobre los impuestos al consumo, los más perjudicados por el aumento serán los que menos ganan. No los que dejen de producir para percibir la renta, para ellos la ganancia seguiría siendo neta, pero sí para los que están en el escalón siguiente, los que verían su nivel de vida muy afectado si dejan de trabajar, la clase media para entendernos. Si el aumento recae sobre los impuestos a la renta, podría decirse lo mismo pero aquí hay un agravante. Los impuestos a la renta de bienes de capital o del ahorro desincentivan la capitalización y eso redunda en una pérdida en los ingresos salariales de la sociedad. En Suiza los empleados ganan más dinero que en España porque hay mucho capital productivo acumulado no porque los empresarios suizos sean más buenos que los españoles. Los salarios reales sólo aumentan porque aumenta la productividad de la economía y ésta sólo aumenta acumulando (capitalizando) capital productivo. Lo podemos resumir en una frase, matar a la gallina de los huevos de oro.

A pesar de lo claras que son las explicaciones de la economía, lo cierto que es que hay muchísimas personas que defienden esa renta porque “hay niños que pasan hambre” y es verdad, hay niños en situación de extrema de pobreza y hay que hacer algo por ellos pero no matar a la gallina de los huevos de oro porque eso significaría pan para hoy y hambre para mañana, o lo que es lo mismo, multiplicar por 30 el número de niños pobres. Quienes apoyan esas medidas creen más en el sentido filosófico de la vida, es decir no se basan en la evidencia económica, sino en la utopía de un mundo mejor. La riqueza no nace de la nada, no es un maná de llueve del cielo, la riqueza, el capital, es el resultado de la productividad.

Desconocer cómo funciona la economía es la primera razón por la que muchos ciudadanos trabajan única y exclusivamente para pagar aquello que consumen y encima con cero capacidad de ahorro (y la gran mayoría con deudas con intereses altísimos), más cunado sobreviene una crisis como la que estamos empezando a dejar atrás, con un pasivo (la deuda), sin ahorros y sin ingresos, el que ya era pobre pero firmando una hipoteca se creyó que era rico, se convierte en más pobre y el que ya era rico puede comprar, a precio de saldo, la ex propiedad del desahuciado con la diferencia de que para el rico sí pasa a ser un activo (no tiene deuda sobre la misma) y, por lo tanto, sus ingresos crecerán de manera exponencial. Desde luego las leyes deberían vigilar una ética empresarial pero no se pueden poner puertas al campo y evitar el libre mercado. Lo que sí se puede es invertir en una educación financiera de calidad en los alumnos para que de adultos no cometan el error de ser engañados por el señor de la sucursal que no solo pueda que no tenga escrúpulos, sino que seguirá tratando de conseguir lo que es el negocio del banco: prestar dinero.

Todo esto lo sintetizaron muy bien  Kiyosaki y Sharon Lechter en su libro Padre Rico Padre Pobre. Creo sinceramente que debería ser lectura obligada en secundaria y, a pesar de que carece de ejemplos concretos de cómo superarse para dejar de ser una rata corriente, pone en alerta que es de lo que se trata. Básicamente el resumen de ese libro radica en que hay dos tipos de ciudadanos, los asalariados y los empresarios (en realidad hay cuatro pero primero nos ceñiremos a estos dos) En una economía de libre mercado cualquiera puede elegir cuál quiere ser pero para ello tiene que saber cómo (cultura financiera). Recurro siempre a un ejemplo muy sencillo. Imagina que trabajas en una empresa y ganas unos 1200 euros al mes y tienes la fortuna de recibir una herencia o de te toque la lotería. Supongamos que el montante es de 20 millones de euros y tienes unos 40 años, hipoteca y dos hijos. ¿Qué harías con ese dinero? La persona que tiene cultura financiera usará ese dinero para que trabajase para él, es decir, lo invertirá. Y como invertir en un negocio tiene su parte de incertidumbre, nunca lo hará en un solo sitio a la vez, una buena solución suelen ser los fondos de inversión. Puede  invertirlo en bolsa (es arriesgado si necesitas el dinero en cualquier momento),  o la peor de las opciones: dejar el trabajo y ponerse a vivir como un rico, gastando pero sin invertir. Y es que los ricos, aunque los vea usted siempre de vacaciones, su dinero no lo está, está trabajando para ellos.

Volviendo al ejemplo del tipo que hereda esa cifra: Teniendo en cuenta que la esperanza de vida es de 80 años, antes de diez años es bastante probable que se haya arruinado. Y es que gastar es siempre la opción más sencilla para la cual, además, no se necesitan conocimientos de ningún tipo. Y ojo, aquí hay que diferenciar gasto de inversión. Gasto es restaurantes, salidas, comida, ropa, vivir el día a día. Inversión es sería comprar viviendas, joyas, oro, cuadros…es decir, bienes que puedan volver a ser canjeados por dinero en un futuro. Y ahora diremos aquello de que no a todo el mundo le toca la lotería y es verdad, le toca a 1% de la población pero el resto puede monetizar lo que gana si sabe invertirlo. Sí, lo sé, hay muchísimas familias que deben escoger entre encender la calefacción o comer, obviamente no estoy hablando de ellas sino de la clase media, la media de verdad, la que puede permitirse algo de ahorro. Ahorro para invertir en lugar de consumo desmedido. Tener un Q7 si ganas 3.000 euros al mes es una estupidez que denota tu falta de cultura financiera…por ejemplo.

Las familias que están en ese riesgo de exclusión social son precisamente las que deben ser las destinatarias de las ayudas sociales que no de la renta universal. ¿De qué le sirve a la hija de Amancio Ortega percibir 600 euros al mes del Estado? ¿Va a ayudar a los niños en riesgo de pobreza salir de la misma que todos los españoles, incluidos los ricos, cobren 600 euros más al mes?

Desde luego las ayudas son necesarias para casos de pobreza real y se hacen por pura solidaridad y porque es una obligación ética del Estado velar por sus ciudadanos más débiles, pero eso es muy diferente a proporcionar una renta universal. La economía, para que funcione, sobre todo debe velar por las clases medias porque los ricos ya saben cuidarse solos y siempre se pueden largar con sus inversiones a otra parte. Y los pobres, los que están metidos en una jaula donde dan vueltas como un ratón tal y como explica el libro, sin posibilidad de escapatoria, son los que deben recibir ayudas y subvenciones y sobre todo cursos de formación. Pero para financiar todas esas ayudas alguien tendrá que producir. ¿Adivinan quienes? Exacto, siempre la clase media.

Educación Financiera, efectivamente, es lo que nos hace falta. Claro que si se consigue que se implante de manera eficaz el resultado sería una sociedad que no es fácilmente manipulable por los políticos. ¿Cómo le vendes la burra a un pueblo financieramente culto que el gasto público crea trabajo o que el déficit fiscal es bueno? Cualquiera que sepa de finanzas o tenga una empresa que funcione sabe que endeudarse es justo lo que necesita para acabar arruinado. Cualquier persona con cultura financiera sabe que no se puede gastar más de lo que se ingresa (aunque esto lo saben también las buenas amas de casa), cualquier experto en finanzas saber que la solución no es aumentar impuestos. Y ya puestos, como dice siempre mi amigo Marcelo Oviedo, abogado de KNM y que siempre me resuelve las dudas en la complejidad financiera, “muchos caerán en la cuenta del monumental timo que representa un sistema de jubilación que no sea de capitalización individual

Educación financiera es lo deseable para no ser borrego y para no creerse las milongas de que es que les van a sacar el dinero a los ricos para dárselo a los pobres porque ni los ricos se dejan quitar tan fácilmente su dinero (en cuanto llegan gobiernos con leyes que no les favorecen se llevan fuera su capital y sus inversiones) ni los que cuentan esa milonga lo van a repartir entre los pobres, especialmente porque si deja de haber pobres, entonces ya nadie les votará.

Por todas estas cosas y por otras muchas más que tienen que ver con la forma de ser del español, aquí sí prosperaría el Sí en un referéndum como el que Suiza va a hacer para ofrecer la renta universal y cuyas encuestas vaticinan que ganará el no con un 60%. Me juego el cuello a que aquí arrasaría el sí.

 

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Madre no hay más que una © DIARIO ABC, S.L. 2016

No es posible entender la historia de la humanidad si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Cómo nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Este blog es un espacio de reflexión sobre todo lo que nos afecta como seres humanos desde el momento en que somos concebidos. Nada es por casualidad y casi todo tiene un porqué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia. ¡Bienvenido! Más sobre «Madre no hay más que una»

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