Ada Colau, ser valiente no implica ofender

Publicado por el feb 16, 2016

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Estimada Ada Colau:

Debo confesar que no sé cómo empezar esta carta. En primer lugar no sabía si poner estimada o Excelentísima Señora que es el tratamiento que le corresponde según su cargo. He optado por el primero por aquello que usted dice que es una persona muy del pueblo. El tratamiento de usted no se lo apeo porque no tenemos el gusto de conocernos aunque sí me gustaría para poder decirle esto mirándole a la cara ya que estas cosas que afectan a los sentimientos es mejor con la mirada puesta en la del interlocutor.

Cuando usted irrumpió en la vida pública defendiendo a los afectados por las hipotecas obtuvo mis simpatías porque, más allá de la responsabilidad que cada cual tiene a la hora de meterse en dicho gasto, las imágenes de personas mayores agarrándose a las pertenencias de toda una vida o las imagénes de niños llorando, me provocaban una tristeza infinita. Verla a usted defenderlos era un aire de profunda esperanza, de comprobar cómo lo que siempre ha caracterizado a los españoles (sí, usted también es española), la solidaridad, seguía en pie cuando más se la necesitaba. Sin embargo cuando llegó a la alcaldía ya demostró que había cosas por las que usted iba a luchar que no comparto. Pero eso es lo de menos, al fin y al cabo, usted no es mi alcaldesa. Como este blog no es de política no comentaré cosas relacionadas con ella. Este blog es sobre familia, antropología, el día a día de madres, padres, hijos, de la sociedad.

Cuando hoy he leído en las noticias que ayer una “poetisa” recitaba el Padre Nuestro desvirtúandolo con palabras profundamente ofensivas con los creyentes sentí rabia. Conforme han ido pasando las horas lo que siento es tristeza. Una profunda tristeza porque veo que es un fenómeno imparable desde las instituciones que ustedes manejan, el ser ofensivo contra el creyente. ¿Por qué? Pero sobre todo, ¿para qué? ¿Qué ganan con ello? ¿Van a conseguir mediante la burla desmedida frenar hipotecas, hacer que disminuya la pobreza, que los niños sirios dejen de sufrir o algún logro que merezca la pena hacer por el medio tanto daño? Permítame que le diga lo que creo: no. No solo creo que no lo logre sino que están creando un caldo de cultivo peligroso, porque donde antes no había un enfrentamiento, ahora existe y va in crescendoAunque no se lo crea, a muchos nos ofenden que ridiculicen nuestras creencias. Y digo aunque no se lo crea porque creo que no profesa creencia alguna lo cuál no le impide, hasta donde tengo entendido, respetar, por ejemplo, las creencias de los musulmanes, una población con amplia presencia en la ciudad que usted gobierna.

“Vivimos momentos de cambio y necesitamos una cultura valiente y comprometida que llegue a todos”, dijo usted ayer. ¿Qué parte de la palabra todos excluye a los que somos creyentes del cristianismo? Ya sé que a usted le puede parecer una chorrada creer en la virginidad de María, o creerse lo del Espíritu Santo. En eso puedo entenderla a usted y a cualquiera porque soy creyente y la primera que no lo piensa demasiado soy yo que prefiero centrarme en la parte espiritual que me concede mi fe. Sin embargo, cuando rezo el Padre Nuestro, la oración ridiculizada por esa señora cuyo nombre no quiero recordar, siento cosas que quizás usted no entienda pero que debe respetar. No se puede ser el alcalde de todos los barceloneses y ofender a la mitad. Y no creo equivocarme en las estadísticas pero si así no fuera, que no son la mitad, aunque fuesen un tercio, aunque fuesen 1 !% o aunque fuese uno solo, usted, como alcaldesa, debería velar porque sus creencias no fuesen ofendidas. Eso es gobernar para todos. Y para todas.

Me dirá usted y quienes los apoyan que eso es arte y que como tal está amparado por la libertad de expresión. Se lo plantearé de otro modo. Ha ido usted hoy al colegio de su hijo a un acto para padres (eso ha dicho en su twitter), es decir, ha ido como madre. Imagine una función en su clase donde se ridiculiza a las feministas que luchan por los derechos de la mujer y donde se escenifique un maltrato en directo o una violación. Creo que esto le puede ir sonando de algo. Salgamos del aula, no me gusta meter a los menores en estos debates. Pongamos que la obra se representa en cualquier teatro de la ciudad condal. Una apología del machismo sin dobles lecturas. Solo porque el que la ha escrito cree que las que defendemos esto somos unas feminazis, un tipo de esos que por desgracia abundan que aseguran que la mitad de las denuncias por maltrato son falsas. ¿Lo subvencionaría? ¿Lo permitiría? Pongo el índice que sea subvencionado con dinero PÚBLICO.

Reírse de quienes somos creyentes es lo más rápido, barato y de moda que está. Parece que hoy en día ya no eres nadie si no burlas la creencia de los cristianos. Le hablo como madre que es y de un niño de la edad de mi hija mayor. ¿Usted qué le diría a su hijo si llega a casa contándole que varios de su clase se han reído de otro por el color de su piel? Creo que sé la respuesta. Le daría toda una serie de argumentos a favor de la tolerancia. Si no se consiente el bullying en las aulas a modo de burla hacia el que es diferente, no entiendo que se haga tabla rasa a partir de los 18 y fomentado desde una alcaldía. Permítame que le diga que burlar la fe de nadie con el apoyo de una institución como el Excelentísimo Ayuntamiento de Barcelona es todo, excepto tolerancia.

Gobierne para todos, incluso para aquellos que odia en secreto. Y digo la palabra odio porque detrás de todas estas acciones, como la de Rita Maestre asaltando una capilla…solo hay odio hacia una institución que, efectivamente tiene que cambiar porque tiene mucho que limpiar desde dentro. Pero en esa institución no somos todos culpables. De hecho ni el 1% lo es. Nosotros los cristianos de base ni somos responsables de la pederastia de unos cuantos malnacidos ni muchísimo menos somos responsables del apoyo de la iglesia al franquismo. Todo eso no nos corresponde a nosotros.

Sea generosa, sea compasiva pero sobre todo no financie la semilla del odio. Porque así no vamos a parte alguna. Que estoy convencida de que lo último que quiere es generar conflictos y odios.

PD. Esta noche, cuando rece con mis hijas el Padre Nuestro que mi abuela me enseñó y ahora yo le enseño a ellas, aprovecharé para hablarles de usted y explicarles por qué debemos rezar por esas personas que, en la búsqueda de una libertad muy mal entendida, ofenden de manera gratuita a los demás. Y rezaremos para que recapacite y pida perdón, pero sobre todo, que no lo vuelva a financiar y alabar. No se puede gobernar incitando a la pelea constante.

 

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Madre no hay más que una © DIARIO ABC, S.L. 2016

No es posible entender la historia de la humanidad si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Cómo nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Este blog es un espacio de reflexión sobre todo lo que nos afecta como seres humanos desde el momento en que somos concebidos. Nada es por casualidad y casi todo tiene un porqué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia. ¡Bienvenido! Más sobre «Madre no hay más que una»

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