Machismo permitido en nombre de la corrección política

Publicado por el ene 8, 2016

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A pesar de vivir en la inhóspita ciudad de Madrid, quizás de las ciudades menos amables para tener hijos, tengo mi pequeño reducto en mi barrio. En dicho barrio tengo todo lo que necesito: mi casa, el colegio de mis hijas, el charcutero, carnicero, la frutería, la tintorería, el supermercado, la peluquería, el chino por si algo se me ha olvidado…todo en la misma calle y andando. Un lujo. Y, también, el bar de la esquina donde solemos ir a ver el fútbol o simplemente a tomar unas cañas el viernes con los vecinos. Todo a mano que cuando tienes cierta edad ya es lo que el cuerpo te pide: comodidad. La época de los bares de moda se pasó y ahora que estamos criando, tocan otros planes.

En ese bar de la esquina al que acudimos a menudo nos encontramos muy a menudo a un tipo amable y educado que se llama Mohamed. Es marroquí y lleva en España la friolera de 22 años. Tiempo suficiente para haberse imbuido de buena parte de las costumbres de los españoles. Está casado y tiene una hija. Y cada noche acude a ese bar a tomar un café bien cargado (no bebe alcohol) antes de cruzar la calle para entrar a trabajar en el restaurante que está justo enfrente y dónde limpia a fondo las cocinas desde hace al menos 12 años. Un ciudadano honrado, con sus papeles en regla, con un salario digno y que cotiza y paga sus impuestos. Un modelo. Por supuesto.

Solía hablar con él muy a menudo porque he ido muchos veranos a Tánger de vacaciones a un pueblecito que se llama Asilah. Gracias a haber ido tantas veces a ese país terminé cogiéndoles cariño a muchos de los marroquíes con los que cada año me reencontraba. Aprendí muchísimo de sus costumbres y, sobre todo, aprendí a respetar cosas que para ellos son sagradas y para nosotros no tanto como es, por ejemplo, ir recatada en Ramadán. Recatada significa no ir con los brazos descubiertos ni con faldas cortas. En su país, claro.

Hace un par de meses no sé porqué estando en ese bar de la esquina salió una conversación entre él y más gente. Una conversación de lo más desagradable. El tipo amable y educado de siempre dijo sin ningún tipo de duda que si yo fuese su mujer no me dejaría estar en el bar, mucho menos de noche. Y su razonamiento fue que si hacía eso es porque estaba provocando a los hombres y que luego no me quejara. La verdad que me quedé perpleja aunque no me extrañó del todo ya que tiempo atrás nos dijo, también con esa seguridad, que cómo iba a trabajar su mujer. Entonces quién se iba a encargar de hacer la comida y planchar su ropa.

Todo este asunto que les narro viene a cuento de lo que sucedió en Colonia la pasada nochevieja. No voy a entrar en cuestiones de refugiados que bastante tienen con lo que tienen. De hecho este vecino del que les hablo no es refugiado, entró en avión y con todas las de la ley. Hablo de una mentalidad. Una manera de ser que es aceptada en todos los países islámicos y en algunos que no lo son como la India donde las violaciones están a la orden del día. Una manera de pensar que considera que solo hay dos tipos de mujeres, las destinadas a procrear hijos y ser las mulas de carga y las destinadas a ser objeto de placer de los hombres. Esto es una realidad y el que no quiera verla que no lo haga pero seguirá estando ahí.

No se trata de ser de derechas o izquierdas. Se trata de defender lo que tantos años nos ha costado conseguir: que las mujeres seamos ciudadanas de pleno derecho. Si es verdad que todavía quedan muchísimas reminiscencias de machismo en nuestra vieja Europa, no es menos verdad que hemos superado afortunadamente cuestiones como violaciones y malos tratos sin que tengan consecuencias penales. La llegada de musulmanes a Europa es un hecho. Y otro hecho es que sus costumbres tratarán de imponerse a las nuestras y, al menos en lo que toca a los derechos sociales de las mujeres y de los homosexuales (que tiene tela también el asunto), no podemos ceder ni un solo milímetro.

fLa alcaldesa de Colonia ha hecho unas declaraciones de lo más desafortunadas explicando que “ellas no deben irse con unos y con otros llevadas por la euforia“. Son vergonzosas y vergonzantes. Si eso lo hubiera dicho un obispo, pongamos de Valencia, España entera estaría ardiendo. Pero como la ha dicho una mujer de talante progresista que no quiere herir las sensibilidades de los refugiados o de los musulmanes, la prensa calla. Y esto es inadmisible. No podemos consentir que por miedo a que nos tachen de xenófobos o racistas, retrocedamos un solo milímetro en nuestros derechos. ¿Xenófobo por qué? ¿Racista por qué? No podemos consentir que las mujeres seamos violadas porque salimos de copas. Esto estaba afortunadamente superado. A mí no me gusta llevar escotes, ni faldas cortas. Supongo que si tuviera unas medidas de infarto y 15 años menos lo haría, de hecho lo hice. Pero no lo hago por temor a ser violada. Lo hago porque me visto según mis gustos y estos en estos momentos de mi vida pasan por dar prevalencia a la comodidad y no a lo sexy.

Una mujer puede emborracharse si le da la gana e irse a tomar la última copa con un chico si quiere y si en el último momento decide que no quiere tener relaciones sexuales es que es no. Y ningún hombre puede creerse en el derecho a violarla porque ella lo ha `provocado´. Este es el pensamiento de los cientos de hombres musulmanes que el día de nochevieja agredieron sexualmente hasta a ochenta mujeres que se sepa. Y esto tiene que ser erradicado desde el minuto cero y sin medias tintas.

¿Dónde están las protestas de los políticos y de las feministas? Aquí está la mía, por cierto. Basta ya de tanto buenismo y de tanta corrección política. Estamos en el siglo XXI. ¿Queremos volver a la España de las madres solteras que eran despreciadas? ¿De qué ha servido tanta lucha y tanto avance si ahora nos dejamos pisotear por las ideas de otra civilización? ¿Estamos locos o qué?

Se sabe que la mayoría procedían de Siria, otros de Afganistán y otros de África. De hecho, tal y como se recoge en el informe policial, uno de ellos a al ser detenido dijo: Dejadme, soy invitado de Ángela Merkel. ¿Por qué no están fuera de las fronteras los detenidos? ¿A qué esperamos? No lo entiendo. ¿A qué estamos esperando para endurecer las penas a quienes rompan la libertad sexual de las personas, muy especialmente de las mujeres? ¿A que llevemos todas un velo para no ofender? No logro entender esta permisividad contra el pisoteo de nuestras libertades. Solidaridad sí, siempre. Ayuda al refugiado, sí, siempre. Ahora bien, violadores en nuestras fronteras porque su mentalidad, su forma de ver la vida está basada en la inferioridad de la mujer, no. Eso nunca. 

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Madre no hay más que una © DIARIO ABC, S.L. 2016

No es posible entender la historia de la humanidad si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Cómo nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Este blog es un espacio de reflexión sobre todo lo que nos afecta como seres humanos desde el momento en que somos concebidos. Nada es por casualidad y casi todo tiene un porqué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia. ¡Bienvenido! Más sobre «Madre no hay más que una»

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