Ser madre

Publicado por el Sep 24, 2015

Compartir

madre-hijo--575x323

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Anda el patio revuelto y hay motivos. Y no es por Cataluña, ni Grecia ni los refugiados sirios que, poco a poco, pasarán a no interesar a casi nadie. Así somos. Hay que asumir la imperfección de la raza humana. El día a día nos come y si bien es maravilloso trabajarse la conciencia, lo cierto es que suelen quitarte más horas de preocupación tus problemas de rutina diaria que los que el resto del planeta tiene. El revuelo, decía, viene dado por un artículo o post, que da lo mismo, publicado por Purificació Mascarell y que lleva por título: hijos. Y en él la autora hace toda una serie de afirmaciones sobre lo que somos las personas (hombres y mujeres) cuando nos convertimos en madres y padres que hace años me hubieran indignado y hoy no me provocan ni la risa. En realidad me producen lástima.

Mascarell hace la mejor escenificación del Explicatio non petita, acusatio manifiesta. Después de decirles esto ya me podría ahorrar el resto del post pero prefiero seguir escribiendo. Ella tiene 30 años. Este dato ya explicaría muchas cosas pero voy por partes. Su texto es un alegato sobre por qué no quiere tener hijos, una elección ya superada desde que existen las píldoras anticonceptivas o cualquier otro método que los evite. Que una mujer no quiera tener hijos a mí me parece una opción muy válida y nada criticable, de la misma manera que aquella que decide tener cinco antes de los treinta años. Hasta donde yo sé los hijos  no son responsabilidad ni de las amigas, ni del vecino, ni de los cuñados salvo de los padres. Por lo tanto es una decisión personal e intransferible entre dos personas. Creo que en el año 2015 este debate está más que superado y quién no lo haya hecho tiene un problema. Y si la gente pregunta por qué no los tienes, sé gallego y contesta con un a ver si te arreglas sin sabelo” 

Ahora bien, decidir que la gente que tiene hijos “se atonta y se amuerma, se vuelve prosaica y gris, envilece su mente y estanca su intelecto” demuestra muchas cosas de ti y ninguna es buena. Más que nada porque te estás refiriendo a tres cuartas partes del planeta en esos términos. Incluidos los científicos, premios Nobel e intelectuales que también tienen la mala costumbre de tener descendencia.

mano-carmen

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Verás, Purificació, yo también he tenido 30 años. Y ahora camino hacia los 42. A ti también te va a pasar (si Dios quiere). Y también nos diferencia un proceso vital sin comparación que es que tú no eres madre y yo tengo dos hijas. Y eso marca una diferencia, para lo bueno y para lo malo, entre tu vida y la mía. Y yo sé que suena tajante esta afirmación. Pero es que responde a una realidad que se palpa. Tener hijos o no tenerlos establece dos modelos de vida radicalmente opuestos. Y no solo en cuestiones de logística. El eje de las prioridades, incluidas las intelectuales y las que tienen que ver con algo que se llama AMOR, también se modifican.

Tu vida, según la narras en tu escrito está llena de proyectos que suenan muy interesantes, ambiciosos desde la perspectiva intelectual y que te posicionan en un lugar lleno de éxitos. Te felicito por ello sinceramente. De hecho me gustan las cosas que dices que haces. Pero es que los éxitos, como la belleza, depende mucho de quién los mire. Dices que tener hijos es una actitud irreflexiva. Mira, en eso estoy muy de acuerdo contigo. Tener hijos es una hipoteca emocional de tal calibre que, si lo piensas muchísimo y de manera muy fría, es posible que nunca los tengas. Y es que para tener hijos hay que echarle muchos cojones. Sobre todo si pretendes educarlos y no dejarlos tirados. El compromiso es para siempre.  Hasta que te mueras. Y eso, en estos tiempos en los que el compromiso es un valor poco valorado,  solo lo hacen las personas valientes. Esto no quiere decir EN ABSOLUTO que quienes no tengan hijos sean cobardes, a mí esos maniqueísmos no me van, especialmente desde que soy madre . Pero sí afirmo que quienes los tienen de forma responsable somos valientes porque es una responsabilidad enorme y que nunca cesa. Sin paliativos. De ahí que te entre un vértigo difícil de explicar cuando llegas a casa del hospital y te ves tú solita cuidando de esa persona tan diminuta. Y por eso muchas mujeres sufrimos depresiones post parto, algunas incluso muy severas. Porque el cambio psíquico, en el intelecto como tú lo llamas, es brutal. Pero no, no se estanca, se revoluciona, se pone patas arriba y luego todo vuelve a su sitio.

¿Eres capaz de firmarme ante notario que pase lo que pase de aquí hasta que te mueras seguirás siempre con tu pareja? Yo sí te puedo firmar eso de mis hijas y sin embargo no de mi marido. Pase lo que pase y ocurra lo que ocurra jamás dejaré de amarlas, de estar a su lado, de ocuparme de ellas, aunque se convirtieran el día de mañana en asesinas. Y no soy Escarlata O´Hara, en realidad solo sigo unos instintos muy primarios de la naturaleza que están basados en la superpervivencia de la especie. Fíjate si a la gente le gusta tener hijos que, a pesar de todo, muchos repetimos. Es complicado explicártelo con palabras si no tienes hijos. Y muy fácil de entender si los tienes. No tiene más vueltas.

Y te diré más. Para ser valiente no hace falta ser doctora en nada. Ni siquiera saber leer o escribir. Basta saber amar con los brazos abiertos. Basta con dejar de ser el centro del universo y encargarte de otra persona. Es el acto de amor más grande que jamás un ser humano puede hacer.

Yo también estoy muy enamorada de mi marido (como tú de tu pareja). Cada días más, de hecho. También tuvimos nuestra época de salir hasta el amanecer e irnos con la legaña puesta a la oficina. Y noches de pasión irrefrenable cuando ambos estábamos poniendo los cimientos de lo que años después sería nuestra familia. Aunque entonces ninguno de los dos se imaginaba que terminaríamos así, casándonos y teniendo dos hijas. Y más que estar enamorada, que es un concepto muy del romanticismo muy bonito pero que no siempre se corresponde con la realidad, yo lo quiero, lo amo, nos queremos. Y ese amor va cambiando según pasan los años y nos vamos haciendo mayores. Pero va cambiando porque es que nosotros también somos dos personas diferentes a las que éramos hace 12 años cuando todavía teníamos 28 y 29. Ahora (yo creo) somos mejores. Y tú, dentro de diez años, también serás mejor. O no, todo depende de tu capacidad de interiorizar lo que sucede a tu alrededor y en tu propia vida, no de tener hijos solamente. Sin embargo, créeme, tener hijos desbarata mucho. No solo la casa, los horarios, las rutinas y la economía. Desbarata la conciencia y todo lo que la rodea porque te conviertes en el responsable de la vida de un ser humano que nace absolutamente indefenso. Y eso, aunque te cueste trabajo entenderlo, es lo más valioso que cualquier ser humano puede aspirar a tener jamás. Por eso uno llora un par de días si le roban el Iphone,  un mes cuando te deja un novio, tres meses si te quedas sin el trabajo de tu vida y  una vida entera si entierras a un hijo. Y es que, afortunadamente, las personas siguen siendo más importantes que las cosas. Incluso para ti. 

Y enlazando con este punto, a pesar de todo lo que amo a mi marido, el amor por mis hijas lo supera con creces. De hecho, si mi marido se muriera, estaría hundida una etapa pero saldría adelante y puede que hasta volviera a tener otra pareja pasado un tiempo de duelo. Sin embargo, si una de mis hijas muriese, mi vida se terminaría ahí, al menos psicológicamente hablando. En ese mismo instante. Esto te puede dar una pista de por donde van los tiros.

Te amparas en tu vida tan rica intelectualmente hablando. Y aquí retomo lo del éxito. Verás, yo también fui a la Universidad, tengo un máster y a tu edad era editora en un sello de Planeta y comía cada día con gente mega importante (en la línea de tu lenguaje de estudiar a tope tu carrera, que serás profesora universitaria pero hablas como Leticia Sabater). Y ganaba un sueldo que me permitía hacer bastante lo que me daba la gana, como viajar por el mundo entero. Ahora como cada día con mis hijas y eso también me aporta más satisfacción. Y sí, comprendo que no lo entiendas. Es que es normal que no lo entiendas. Fui madre con 36 y tengo 41 lo que significa que dos tercios de mi vida no he sabido qué significa querer a un hijo y lo que ello implica y conlleva.

lactancia-mitos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y es que ver cómo dos personas se van formando para mí es muchísimo más enriquecedor que escuchar a un escritor hablando de su novela. Y no, no es pobreza intelectual. En realidad son cambios. Pobreza intelectual es pensar que las que somos madres, así, todas del tirón, solo sabemos hablar de texturas de purés y de consistencia de pañales. Que también. Pero a las que hemos estudiado, y somos unas cuantas, el hecho de parir no nos ha borrado de un plumazo lo aprendido. Dar a luz no te quita neuronas ni te convierte en mema. Si te encuentras con mamás que son memas, créeme, ya lo eran antes de tener hijos.

Es normal que no te interesen los comentarios de las que tienen hijos. A mí tampoco me interesan las conversaciones de los que aman la fórmula 1 y cuando mi marido habla del Real Madrid de sus amores, yo desconecto. Tampoco me interesan las conversaciones de moda, de coches o de gatos. De hecho hay muchas cosas en el mundo que me importan un comino. Pero hay otras muchas que no solo me importan sino que me apasionan. Y cuando araño dos o tres horas libres cojo mi Ipad y mis auriculares, me meto en la cama y me veo las documentales que me gustan. Sí, jamía, veo documentales. Ahora me ha dado por Nietzsche y el superhombre. Lo que pasa que no lo cuento cuando me tomo una caña. ¿Pa qué? Ahora mi parte de ego está cubierto cuando alguien me dice: “Qué niñas tan bonitas tienes”

Terminas tu manifiesto con estas declaraciones: “El jamón o la lactancia me inducen a la desconexión mental, no puedo evitarlo. Seguramente son cuestiones muy prácticas y necesarias, pero, ¿son las únicas que incumben al ejercicio de la maternidad? Antes de dejar mi mente en stand by mientras sonrío y asiento, tengo un segundo de lucidez: soy una maldita romántica inútil, por eso no tengo hijos. Y ellas, unas mujeres realistas que trituran fruta pelada con una eficiencia que yo nunca tendré” Cuando dices lo de la lactancia con ese tono jocoso demuestras que la que, efectivamente, tiene estancado el intelecto, eres tú. Y te lo digo con la misma confianza que has dicho tú lo que somos todas las personas con hijos. Solo que yo con los datos que me otorga tu escrito. Obviamente no te habrás leído ni una sola línea sobre neurociencia y por eso eres tan sumamente atrevida con esa afirmación. Si, efectivamente, yo fuese mema te diría: claro, es que eres de letras. Pero solo te diré que te falta todavía muchísimo por saber.

au3Por cierto, yo no triunfo triturando fruta pelada. Triunfo con muchas cosas. Soy campeona de hacer reír a carcajadas a mis hijas, se me da que te mueres inventarme historias sobre duendes y hadas madrinas. Tengo un máster en hacer varias cosas al día y encima hacerlas bien. Mi nevera está siempre llena, mis hijas son felices, me muero de gusto cada noche cuando por la noche me tumbo en la cama con mi marido y cuando muchas madrugadas se nos cuela una de nuestras hijas en ella. No te cuento lo que me mola escuchar de  mis hijas esos te quiero tan sinceros y tan puros. Pero es que además, tengo una vida profesional increíble que no necesito contar aquí. Pero si te interesa, la tienes detallada en mi perfil de Linkedin que es el lugar de las vanidades profesionales. Unas vanidades cada día más vacías si las comparo con la increíble sensación de que una de mis hijas se me quede dormida encima. O pecata minuta si lo comparo a los lagrimones que se me cayeron en Junio cuando mi hija mayor cantó en la función de su cole On a du travail de las hormigas y me sentí la tía más orgullosa, plena y feliz de todo el planeta. O cuando nacieron y me las pusieron encima del pecho y me sentí la mujer más poderosa por haber sido capaz mi cuerpo de gestar una vida y que ese mismo sirviera para alimentarlas antes y después de su nacimiento. Eso sí que es poder.

Y, como te ha contestado magníficamente Bárbara Celis, también debo confesarte que ahora cocino más y me emborracho menos. Pero no porque sea madre, sino porque tengo 41 años y esas banalidades hace mucho que dejaron de interesarme. Y si antes, con tu edad, soñaba con tener el puesto de los jefes de mis jefes, ahora mi máxima aspiración es ver crecer a mis hijas, a ser posible con el padre de ellas a mi lado, ser algún día abuela y en esa abuelez, seguir disfrutando con mi marido de una buena copa de vino mientras sigo sintiendo ese cosquilleo en el estómago cada vez que me mira con esos ojazos negros. Exactamente igual que cuando lo conocí en una fiesta pero ahora y mañana, con una familia y unas vivencias cojonudas detrás.

También podéis leer este post sobre el tema.  Es absolutamente conmovedor

Puedes seguirme en facebook, en linkedin y en twitter

PD. La foto de la mano sosteniendo la manita de un bebé es la mía y la de Doña Tecla, el día que salió del hospital después de haber estado ingresada en la UCI y a punto de morir. Quizás esa experiencia donde tuve más miedo que nunca en mi vida, es la que me hace sentir compasión de ti (y no cabreo) cuando escribes lo que has escrito.

Compartir

ABC.es

Madre no hay más que una © DIARIO ABC, S.L. 2015

No es posible entender la historia de la humanidad si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Cómo nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Este blog es un espacio de reflexión sobre todo lo que nos afecta como seres humanos desde el momento en que somos concebidos. Nada es por casualidad y casi todo tiene un porqué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia. ¡Bienvenido! Más sobre «Madre no hay más que una»

Categorías
Etiquetas
Calendario
septiembre 2015
M T W T F S S
« Aug   Oct »
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
282930