Depilarse el bigote NO es patriarcal

Publicado por el Nov 3, 2014

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be3Si eres mujer y estás leyendo este post es bastante probable que alguna vez en tu vida te hayas puesto a dieta. Lo más seguro que para adelgazar. Puede que para engordar pero raro sería. Raro por poco habitual. Bueno, todo esto teniendo en cuenta que seas menor de 70 años porque me consta que tengo lectoras de 77. Y es que la cultura de estar delgada lleva ya instalada unas cuantas décadas. Bien es cierto que cada década exigía para estar bella cinco kilos menos que la anterior.

La belleza, dice un dicho, está en los ojos de quién mira. Y eso muy cierto. Sobre todo cuando hablamos de gustarle a alguien que tenemos delante. Alguien que sea real. Una posible pareja, por ejemplo. Supongo que estarás de acuerdo conmigo en que por tu vida ha pasado al menos una vez que alguien te ha gustado de tal manera que te ponías a temblar nada más verlo/a. Y, a los mejor, no cumplía con los cánones estéticos de hombre tipo Brad Pitt o tú no cumplías con el ser delgada, barriga plana, pecho generoso, caderas moldeaditas…Cuando alguien te gusta de verdad, la mayor parte de las veces es porque hay algo en esa persona que te hace clic por dentro y no sabes por qué. La voz, la manera de ser, de hablar, de actuar, de pensar. Miles de detalles que van conformando la atracción. O al contrario.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Yo sé que me enrrollo. Perdón por anticipado. Quiero llegar a la esclavitud estética de la que las mujeres somos muchas veces víctimas. ¿Y de quién es la culpa? Obviamente de nosotras mismas. Es fácil decirlo pero difícil aceptarlo. Lo importante, lo deseable es, lo primero, estar saludable. Y, lo segundo, estar a gusto con una mismo. Se tenga la talla 36 o la 48. ¿Quién decide qué? ¿Es posible que una mujer crea que por estar como Nieves Álvarez va a gustar más? ¿Es posible que una mujer se trague que por tener el pelo de Paula Echevarría su marido se va a volver loca por ella? Pues sí, es posible. Tan posible como para que muchas mujeres cometan estupideces como perder la salud.

be2Y como en la mayoría de las veces no hay término medio, sucede que a una acción, sobreviene una reacción. Me explico. Tanta tiranía con estar delgada, bella, sin arrugas, sin pelos, sin olor, sin nada como si fuésemos la muñeca Barbie (incluida su imposible cintura) trae como consecuencia el nacimiento de una corriente de pensamiento totalmente opuesta que aboga por una mujer que:

-No se cuida en absoluto

-No se pone sujetador (que dicen que es patriarcal y aquí cuando lo leo me entra algo así como el descojone  la risa floja). ¿Qué tendrá que ver ser de la Rioja con comer manzanas?

-No se depila. Nada, nunca. Es decir, en un lado tenemos a las que se depilan todo. Y todo significa todo como si fuesen bebés. Y del otro lado, y en contraposición al primero, tenemos a las que se lo dejan todo largo como si estuviesen en una isla desierta y no hubiese manera de depilarse. Axilas peludas, bigote y piernas como las de la mona Chita presentado todo ello como un símbolo de rebeldía. Por cierto, me parece de perlas lo uno y lo otro.

Hay muchas más cosas que se propugnan pero el caso no es esto. El caso, lo que me llama verdaderamente la atención, es que unas preconizan liberar a las mujeres usando idénticos métodos que los que son objeto de su crítica; es decir, mediante la coacción. Y ya me he cansado. Y me he hartado a partes iguales.

 

bigote

  • Depilarse los pelos es una decisión personal. Quién se los quiera quitar no está sometida al sistema patriarcal. Simplemente no le gusta tenerlos o, a lo mejor, es que le pican. Dejen en paz a quienes se los quitan todos, la media pierna o la pierna entera. Dejen en paz a quién no se los quita por las razones que sea.
  • Ponerse sujetador no es patriarcal. Es una decisión, ni más ni menos que no ponérselo. A mí, particularmente me gusta llevarlo hasta para dormir y no tengo una talla grande pero me molesta que vayan al aire, para que nos entendamos me duele el pecho si no lo llevo sujeto. Voy más cómoda con él. A muchas mujeres les molestan los aros. Quizás es que no han encontrado todavía la talla adecuada. Otras prefieren ir con las domingas al aire y eso es también absolutamente respetable. A mí me gusta llevar el pelo suelto y detesto recogérmelo. Como también detesto llevar gafas. Ah, y por cierto, no genera enfermedades ni verrugas ni cosas raras.
  • Llevar tacones es otra decisión muy personal. A mí particularmente me encanta cómo me quedan porque me estilizan la figura y eso es de agradecer. Pero los llevo poco porque soy una tipa tirando a vaga en cuestiones estéticas. Desde que me quedé embarazada con 35 años me puse zapato plano y pocas veces me subo al tacón. Además, si voy con mi parteneire (mi marido) tampoco me mola ponérmelos porque entonces parezco más alta y a mí me gusta que al pasear me pase su brazo por el hombro.
  • Hacerse tratamientos estéticos no es patriarcal. Es otra decisión muy personal. El otro día me hice un tratamiento flash en la Clínica Bruselas (que por cierto os lo recomiendo) y la cara se me quedó estupenda. Y no lo hago por gustar a nadie, lo hago por gustarme a mí misma. Porque sí, porque me molesta envejecer. Y eso no es ser frívola. Lo asumo porque sé que no hay otra pero si tengo a mi alcance tratamientos que ralenticen que me salgan más arrugas de las necesarias, lo haré. Recuerdo una entrevista que Geraldine Chaplin decía que la vejez no tiene ninguna ventaja. Si algún día veo que me puedo permitir operarme los músculos de la barriga porque se me han quedado distendidos después de dos embarazos muy seguidos, también lo haré.
  • Teñirse las canas no es patriarcal. Quién quiera dejarse las canas que lo haga. De hecho hay muchas mujeres a las que les queda genial. Quién se quiera cortar el pelo, que lo haga, quién lo quiera llevar por debajo del culete como la Pantoja, que lo haga.
  • Si no te gusta la sangre de tu regla no estás alejada de tu feminidad. Simple y llanamente no todas las personas tienen la misma relación con la sangre de su cuerpo. Y no, no se lo tienen que trabajar. Las maneras de ser de cada una con su intimidad son muy respetables y si a una mujer no le gusta la regla será por algo. A mí, particularmente no me gusta. Porque me duele la espalda, los ovarios, me siento triste e irascible y me siento incómoda por tener que estar sangrando a todas horas. ¿Es que para estar conectada con mi cuerpo y con la tierra me tiene que gustar tocar mi propia sangre? ¿Por qué? ¿Porque lo dices tú y ya está? Y si no te doy la razón entonces estoy sometida a los dictados del patriarcado. Entonces ¿qué hago? ¿Cambio de opinión para someterme a los tuyos? Pues estamos apañados, entonces. No. Me niego. Mi natural rebeldía me impide decir amén a todo lo que se dice. Y me revuelvo por dentro cuando te imponen que te tiene que gustar tu regla. Pues no me gusta. ¿Qué pasa? Eso es como si ahora un cura me intenta convencer de que debo tener todos los hijos que Dios me mande y que si no lo hago es una demostración de que reniego de mi condición de mujer. Y al final me suelta la retahíla de que me lo trabaje con oración y que si me han revuelto estas palabras será por algo. ¿Cómo se te quedaría el cuerpo? Porque las que pretenden que guste tu regla usan esos argumentos también.

be1Cuando estas hordas de mujeres naturales herederas de un neofeminismo que no alcanzo a entender, vociferan contra las mujeres que libremente se cuidan, se peinan, se arreglan, se depilan, se operan, se someten a tratamientos de estética, me pregunto. ¿Cómo es posible que se quiera liberar a las mujeres imponiéndoles otras ideas que ellas consideran las justas y adecuadas? ¿Para cuándo un feminismo que propugne que las mujeres sean libres para ir cómo les dé la real gana? Oigan miren, una no deja de ser menos mujer porque lleve hechas las ingles brasileñas, por llevar la manicura y la pedicura perfecta ni por ir bien vestida. Ni es mejor madre por no arreglarse el pelo e ir zarrapastrosa porque no tiene tiempo. Si acaso es que se organiza de otra manera y sus prioridades son otras. Estoy muy harta del constante examen que la sociedad nos hace, empezando por las propias mujeres. En los años sesenta las feministas quemaban los sujetadores porque oprimían a la mujer. ¡Vaya!, menos mal porque no les dio por quemar las bragas. Los hombres no llevan sujetador, obvio, es que no tienen tetas. Pero es que tampoco nosotros nos afeitamos la cara. No tenemos barba. Somos diferentes. En todo, además. En hormonas, en pensamiento, en corazón y, desde luego, en aspecto. Ese feminismo que se fijó en chorradas que poco o nada tenían que ver con la igualdad de derechos. ¿En serio pretendes igualarme en salario y oportunidad laboral quitándome el sujetador? ¡Venga ya! ¿Estamos locos o qué?

Me revuelve por dentro cualquier tipo de imposición pero este del neofeminismo que mezcla conceptos que no deberían ser mezclados me pone nerviosa. Una no es más femenina ni mejor madre ni mejor nada por pintarse o no hacerlo, por depilarse o no hacerlo. Aquí lo importante está en el interior. No somos una secta, no vamos todas iguales, no pensamos todas iguales. Unas quieren ser madres, otras no, unas quieren tener un único hijo, otras siete. Unas son lesbianas, otras no. Unas quieren trabajar en una oficina de 8 a 6, otras prefieren quedarse en sus casas. De lo que se trata no es de establecer un patrón único donde el que se salga de lo establecido sea lapidado. Se trata de seguir luchando de manera conjunta para que los derechos de las mujeres no sean pisoteados, es decir que puedan disfrutar de una baja por maternidad larga y sin presiones, que no tengan miedo de comunicar en el empresa que se van a convertir en madres. Se trata de ese tipo de luchas, no de convencerte de que si te pintas los labios eres mema. No, no señora. No van por ahí los tiros. 

¡Ya estoy harta de imposiciones! Que cada una haga lo que desee con sus pelos. La lucha por los derechos de la mujer no pasa por depilarse las cejas o hacerse trenzas con ellas! 

Bueno, pues después de todo este rollazo me despido. Por cierto, muchas gracias por seguir votando mi blog. Os dejo el enlace aquí para que votéis de nuevo si ese es vuestro deseo.

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Madre no hay más que una © DIARIO ABC, S.L. 2014

No es posible entender la historia de la humanidad si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Cómo nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Este blog es un espacio de reflexión sobre todo lo que nos afecta como seres humanos desde el momento en que somos concebidos. Nada es por casualidad y casi todo tiene un porqué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia. ¡Bienvenido! Más sobre «Madre no hay más que una»

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