Lo confieso: Soy la típica madre blanda

Publicado por el sep 3, 2014

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colenoAquí me tienen, compungida, llorosa, con nudo en la garganta y el corazón. Mi doña Tecla comenzó ayer el colegio y hoy, nada más levantarse lo primero que ha preguntado es:

-¿Hoy tenemos que ir al cole?

-Sí, hija, hoy hay cole.

-¡Oh noooooo!, ¿otra vez?

-Sí, jamía, otra vez.

Angelico mío, ¿cómo explicarle que todos hemos de cumplir con nuestras responsabilidades? Ella, que cuando habla de ayer dice “mañaña”, ¿cómo explicarle las obligaciones de lunes a viernes?

Doña Tecla detesta los cambios. Pensarán ustedes que como todos los niños. Pues negativo. A mí me rechiflaban. Claro que yo era (y soy) una lercha y una bon vivant. Pero ella es cautelosa, prudente y observadora. Gusta de repetir siempre las mismas cosas. Adora el orden y la rutina. ¿Se imaginan lo que debe de sufrir con una madre como yo? Exactamente lo que sufría yo con mi progenitora. Por cierto, abuela materna y nieta mayor son dos gotas de agua en maneras de ser.

Llevamos todo el verano contándole que pasa a clase de los mayores, que ya no va a los pequeños. Da igual. Ayer lloró, hoy más. Le ha molestado profundamente que le cambien de profesora. Cosa que entiendo. También cambian los niños de la clase. Todo eso se lo iba explicando ayer de camino al cole y la pobre sólo acertó a preguntar:

-¿Pero es el mismo colegio?

Como diciendo, tanto cambio, tanto cambio, ¿también me cambian el colegio? Madre mía la que me espera cuando ya dé el salto al Liceo, un colegio como diez veces más grande en tamaño. Para entonces estará a punto de cumplir los seis años pero me juego el cuello a que seguirá siendo una niña poco amante de los cambios.

Ayer no se quedó llorando. Su profesora me dejó (menos mal) entrar con ella a clase, sentarla con su novio (que ya llevan dos años, oiga) y, por suerte, estaban haciendo plastilina. Así que se quedó encantada. Cuando la fuimos a recoger mi marido y yo nos dijo la profe que había estado genial todo el día. Ni medio puchero. Cosa que nos alegró profundamente.

Hoy, sin embargo, se ha quedado llorando. Me ha partido el corazón. Encima me ha dicho: ¡mamita, por favor no me dejes! Imagino o quiero creer que en menos de cinco minutos se le habrá pasado. Al fin y al cabo ella es una niña sociable, le gusta muchísimo jugar, pintar, aprender canciones…pero el disgusto que tengo no me lo quita nadie. Menos mal que hoy es media jornada (los miércoles y los viernes salen a las 12.30)

Bueno, pues eso, que tengo un disgusto que “paqué. Soy la típica madre blanda. Lo que de verdad me gustaría es haberle dicho: ¡No te preocupes que nos vamos a casa! Pero mi Pepito Grillo, el muy mosca cojonera, me dice que no, que tenemos que hacer un esfuerzo y que poco a poco y con muuuuuuucho amor, mucha paciencia al final, en unos días, irá feliz al cole como siempre.

 

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Madre no hay más que una © DIARIO ABC, S.L. 2014

No es posible entender la historia de la humanidad si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Cómo nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Este blog es un espacio de reflexión sobre todo lo que nos afecta como seres humanos desde el momento en que somos concebidos. Nada es por casualidad y casi todo tiene un porqué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia. ¡Bienvenido! Más sobre «Madre no hay más que una»

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