¡A mi hijo no le hables!

Publicado por el Aug 18, 2014

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madre cabreadaQue las madres de ahora parece que somos diferentes a las de antes, parece una evidencia. Así a bote pronto parece que las actuales estamos mejor informadas de las cosas que son importantes para nuestros retoños pero, la verdad, creo que es porque vivimos épocas tecnológicas que nos ayudan una barbaridad. ¿Qué cuánto hay que darle de Dalsy si pesa 13 kilos? Espera que cojo el móvil y san google me lo cuenta en un pispás. Bien, todo eso tampoco tiene mucho mérito, francamente.

En cuanto a métodos pedagógicos en términos generales creo que hemos avanzado bastante y lo de pegar y gritar es más propio de épocas pasadas y minorías que todavía defienden el cachete a tiempo. El mensaje va calando poco a poco y eso es bueno. Sin embargo ninguna época es la perfecta. Tienen todas sus pros y sus contras. He leído en muchos blogs y en diferentes foros (ahora los foros están en las RRSS) que muchas madres ponen el grito en el cielo porque les molesta sobremanera que desconocidos hablen a sus hijos.

Como en todo en esta vida la mesura se impone. Una cosa es educar a los niños para que no hable con desconocidos cuando van solos (que siendo muy pequeños no deberían ir nunca solos) y otra diferente es que en la cola de la charcutería, María, la vecina de toda la vida, que tiene la pobre mujer ya 80 años, salude a tu hijo o hija y le haga preguntas de las que las señoras mayores hacen (¿te ha comido la lengua el gato?) y que por ello te vayas a molestar.

Antes, antiguamente, pongamos 30 o 40 años, la gente hablaba entre sí, se miraba a la cara e intercambiaban opiniones. Lo de hacer preguntas sobre la maternidad tipo: ¿qué trucos tenéis para que se coman la papilla? o ¿cómo hacéis para quitarle el pañal? se preguntaban de viva voz. A las madres, tías, primas, amigas, vecinas…etc. Esa era la tribu. Ahora, por lo que sea, la gente prefiere preguntar en la red y se incomoda sobre manera si una “desconocida” en la calle le da un consejo no pedido. Como si las cuatro mil madres que están leyendo sus quejas en la red fuesen amigas íntimas. Incoherencias de los mundos modernos de hoy.

Yo no quiero que mis hijas sean unas asociales. No me importa que un desconocido en la acera del paseo marítimo la mire y le diga: “qué guapa eres y qué rizos más bonitos tienes” Porque son guapas y porque tienen unos rizos, las dos, ideales. Y son rubitas y me encanta presumir de hijas. Y me gusta que la gente se gire y las mire y les digan cosas. Porque la mayoría de la gente es gente normal, es gente amable con felicidad que gusta de decir cosas bonitas a los niños.

He visto mujeres que ponen frases grandilocuentes en sus muros de Paulos Coelhos o similares sobre lo poco que se quiere a la infancia hoy en día pero que montan en cólera porque un adulto le ha hablado a su hijo. ¿En qué quedamos, leche? Ah sí, que el adulto dice cosas que no están conformes con nuestro sistema pedagógico. Bueno, ¿y qué? ¿Cuántas veces a lo largo de su vida se encontrarán nuestros hijos con personas que no piensen como ellos? La vida es una magnífica diversidad. No creemos cocos, creemos seres humanos. 

No es la primera vez que me pregunto hasta qué punto nos estamos equivocando rechazando todo de la manera de educar que nos antecedió en el tiempo. Decir hola, buenos días, ¿se puede? , por favor, gracias, hasta luego, contestar algo cuando te preguntan qué tal estás. No sé, mínimos y básicos detalles de convivencia que estamos perdiendo.

No mires a mi hijo, parece ser el mensaje de algunas madres cuando coincides en una terraza. ¿Prefieres una cara de asco? ¿No te quejabas de que los niños no son bienvenidos en la sociedad? Recuerdo mi infancia corriendo por las calles de una playa cercana a la coruña y ahí todos nos conocían. Los adultos incluso si hacíamos algo no conveniente tipo tirar piedras, cruzar sin mirar, nos llamaban la atención. Y los padres no se sentían ofendidos por ello, todo lo contrario, agradecidos. ¿Acaso eso no es hacer tribu? Los padres educamos pero otros adultos que nos rodean siempre pueden echarnos una mano. ¿Qué pasa si te despistas un nanosegundo en un centro comercial y otro adulto agarra a tu hijo llorando y lo consuela y contiene mientras no os encontráis? Ese adulto puede ser el mismo que hace cinco minutos le habló a nuestro hijo y nos sentimos megaofendidas por ese “detalle”.

Luego están las que se enfadan porque una señora les dice algo sobre su manera de criar pero dos horas más tarde ponen en su muro:

“Hoy, yendo al cole a recoger a mi niña, he visto a una madre con una mochila que no era ergonómica y me he parado a decirle lo malas que son” ¿perdoooooooooona? ¿en qué quedamos? ¿no decías que te molestaba que una desconocida te hiciera comentarios sobre tu manera de criar, de hacer? Ah, espera, que lo que pasa es que tú manera de pensar es VERDADERA Y CERTERA y la de los demás, no. ¿O qué pasa aquí?

Seamos un poco más humanas. Recuperemos un poco la forma de ser de los pueblos, de las aldeas si es necesario. Contacto humano. No hables a mi hijo que le estoy contestando a esta señora en este grupo de facebook lo que tiene que hacer para educar mejor al suyo. 

Estamos locos. 

 

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Madre no hay más que una © DIARIO ABC, S.L. 2014

No es posible entender la historia de la humanidad si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Cómo nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Este blog es un espacio de reflexión sobre todo lo que nos afecta como seres humanos desde el momento en que somos concebidos. Nada es por casualidad y casi todo tiene un porqué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia. ¡Bienvenido! Más sobre «Madre no hay más que una»

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