Los hijos, tan diferentes entre sí

Publicado por el jul 25, 2014

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Estas dos son Doña Tecla y Mofletes Prietos saludándose por la mañana recién levantadas.

Es imposible que sean más diferentes en carácter Doña Tecla y Mofletes Prietos. La primera (y mayor) siempre buscando el justo equilibrio de las cosas, siempre tranquila, ordenada, metódica, dulce, ausente muchas veces en su mundo, una niña de esas que dices: oye, qué gusto, no da guerra. Es verdad. No recuerdo rabietas tremendas. Tiene su carácter y se enfada, claro, pero en general es una niña de buen conformar, sociable, algo tímida pero muy sensible. Eso sí, normalmente le pides besos y se le han acabado. Observadora, de mirada profunda, se esfuerza en hacer las cosas, constante. Ah, y muy presumida. Le da muchísima importancia a la estética. Siempre me cuenta lo guapa que va vestida, o si unos pantalones pegan con una camiseta o cosas por el estilo.

Mofletes Prietos es justo lo contrario. Vivaracha, terremoto, simpática, de mirada pilla, no para un segundo quieta. Es de esos niños que, te giras en el parque un segundo para saludar a otra madre y, sin saber cómo ni por qué, se ha metido dentro de una papelera. Todo lo toca, todo lo quiere mover de su sitio, como dicen los andaluces, “no tiene una idea buena”. Reconozco que me hace mucha gracia su carácter y forma de ser. Es, lo que se dice, una cachonda. Y tiene un genio de mil demonios. Luego es cariñosa hasta no poder más. Te da abrazos, besos, te acaricia y te dice; aaapaaaaa. El otro día durmiendo me entró la risa porque se dio la vuelta y ella fue la que me abrazó por detrás. ¡No me moví ni medio milímetro porque me pareció tan dulce que hiciera eso!

¿Cómo se llevan? En general, muy bien. Una va a cumplir 4, la otra, 2. Y juegan mucho. El problema es que la mayor quiere sus cosas ordenadas y en fila y la pequeña encuentra mucho más divertido mandarlas a pastar con patadas, así que la mayor se desespera y llora y encima la pequeña, va y le casca. Y claro, empieza el lío. Doña Tecla también pegaba y ya se le pasó esa etapa. Duró poco, la verdad. En cuanto entró en la guardería días antes de cumplir los dos, dejó de hacerlo. Esperemos que con Mofletes Prietos pase lo mismo.

Eso sí, se quieren a morir. Normal. Mofletes Prietos, la más madrugadora, dedica su primera hora del día a decir el nombre de su hermana. Y enseguida se abalanza sobre ella para darle besos y más besos que la otra, curiosamente, recibe de buen grado. Y digo curiosamente porque no le gusta nada que la achuchen pero recién levantada no tiene todas las pilas puestas y se deja. También Doña Tecla, en época escolar, en cuanto llega a casa lo primero que hace es preguntar por su hermana.

Tan diferentes, tan distintas, tan idénticas en mi corazón. Porque, ya lo he confesado otras veces, nunca me pude imaginar que se pudiera querer tanto a dos hijos. Por igual y sin distinciones.

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Madre no hay más que una © DIARIO ABC, S.L. 2014

No es posible entender la historia de la humanidad si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Cómo nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Este blog es un espacio de reflexión sobre todo lo que nos afecta como seres humanos desde el momento en que somos concebidos. Nada es por casualidad y casi todo tiene un porqué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia. ¡Bienvenido! Más sobre «Madre no hay más que una»

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