¡Qué manía con pegar, oiga!

Publicado por el Jul 15, 2014

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nalgadaEn época estival es fácil toparte con otras familias y niños. Habitualmente no soy madre que pueda acudir al parque con mis hijas puesto que cuando ellas van, yo estoy trabajando. Por lo tanto mi visión de padres con niños se reduce a poco más que la salida del colegio. Pero ahora en verano, la cosa cambia. Cada vez que en este periódico hemos publicado un artículo sobre los cachetes a tiempo (cómo detesto esa frase), el artículo se ha llenado de comentarios a favor de él. ¿Por qué? porque está demasiado instalado que la única manera de educar es a base de imponer con gritos, amenazas y cachetes.

Ayer, antes de ayer, cada día lo veo en la playa. Niños que se cabrean (como nos cabreamos todos), niños que con tres años soportan una jornada maratoniana de playa (de 10.00 a 19.00) y que, llega un momento que, no pueden más, y montan el pollo: es su única forma de decir “yo ya no aguanto más”  ¿Y qué ocurre? Pues ocurre que veo padres que los agarran por el brazo como si fuesen una bombona de butano, les zarandean y por fin les dan una fuerte nalgada. Para que aprendan. Sí, señor, con un par.

No es fácil. Lo sé positivamente. Tengo dos hijas que, a veces se cabrean y se tiran al suelo. A mí particularmente lo que me dan ganas de hacer cuando eso sucede es de irme. Pero no puedo hacerlo, claro. Así que me armo de paciencia, toda esa que no tenía antes de ser madre. Me agacho y las cojo en brazos. Las rabietas suelen ser una gran frustración que, en la mayoría de los casos, no es más que una tristeza e impotencia por no saber qué decir o cómo expresarlo.

Ayer, sin ir más lejos, un padre a su hijo. Debía de tener el niño once años. No sé qué quería el muchacho (creo que no quería irse a casa a comer y prefería quedarse en la playa) El padre le dijo: “Como me vuelvas a contestar te doy una ostia que te reviento la cara” (literal) La cara del preadolescente, labios apretados y lleno de rabia era un poema. ¿Qué creen ustedes que irá almacenando contra su padre ese hijo? particularmente creo que rabia. Y cuando una persona acumula rabia dentro, y, lo que es peor, no es consciente de lo que le pasa, las consecuencias para con los demás, pueden ser tremendas. Ira, agresividad contra otros niños, fracaso escolar, tristeza.

Me da igual lo que me diga la gente. No se educa con golpes. Ni con amenazas. El respeto se consigue de otra manera. Nunca por el miedo. Límites, sí, por supuestísimo. Horarios, normas, los padres deciden el 90% de lo que los hijos hacen. Totalmente de acuerdo. Pero sin bofetadas por medio. Pegar a tu hijo es de cobarde. Si eso es lo que quieres, ser, adelante. Si te muestras totalmente incapacitado para educar sin levantar la mano, asume el fracaso. No se pega. Es un abuso. 

Está muy muy instalado en la sociedad. Quizás por eso estemos todos tan desquiciados. No lo sé.

Les dejo, me voy a la playa.

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Madre no hay más que una © DIARIO ABC, S.L. 2014

No es posible entender la historia de la humanidad si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Cómo nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Este blog es un espacio de reflexión sobre todo lo que nos afecta como seres humanos desde el momento en que somos concebidos. Nada es por casualidad y casi todo tiene un porqué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia. ¡Bienvenido! Más sobre «Madre no hay más que una»

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