Los hombres que sí concilian y permiten conciliar a sus señoras (por lo visto, existen)

Publicado por el feb 25, 2014

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reuniónUstedes saben cómo me peleo por conseguir que este mundo sea un poco más justo para las que somos mujeres y se nos ha ocurrido la brillante idea de querer trabajar siendo madres a la vez. Lo saben bien, además. Y eso que parto desde una posición privilegiada porque cuento con ayuda, lo que no me impide tener que hacer juegos malabares todas las semanas por no hablar del sentimiento de culpa que siempre arrastra servidora. Tengan piedad: ser madre, mujer y católica no facilita mucho las cosas, francamente.

A mí me gusta ser la que lleva y recoge a la mayor al colegio. La verdad es que, pese a la pereza de todo lo que conlleva intento verle la parte positiva: que tengamos un atasco me permite que charlemos, que me cuente cosas, que tenga que llevarla cada mañana me hace obligarme a llevar una vida ordenada, no trasnochar y, desde luego el hecho de tener que recogerla en diferentes horarios según qué día de la semana sea, también hace que me tenga que organizar la semana al milímetro. Les explico: en el colegio de doña Tecla los miércoles y los viernes se sale a las 12.30 de la mañana. Sí, sí, increíble para horarios españoles pero esto se hace para no sobrecargar a los niños y me parece bien. Otra cosa es que sea una faena para los padres. Eso es otro cantar.

El caso es que soy yo la que, generalmente, recoge a doña Tecla y si no puedo, por lo que sea, lo hace mi marido. El tema que les vengo a contar hoy aquí es el siguiente. Estaba yo la semana pasada reunida con gente con la que trabajo y con un cliente que tenemos. Cerrando ya la reunión dicho cliente propuso que determináramos la fecha de la siguiente reunión poniéndola a las 16.00 del lunes siguiente (por ayer) Inmediatamente pensé que a esa hora yo suelo estar saliendo a recoger a mi hija por lo tanto y debido a las enormes distancias que tenemos en Madrid o decía que a esa hora yo no podía o contaba con que la recogiera su padre.

¿Saben ustedes qué hice? Me callé. Me callé porque de manera inconsciente y absurda todavía seguimos teniendo cautela en el ámbito descargalaboral (y dentro de unos límites razonables y las 16.00 lo es) de decir que no podemos porque tenemos que atender a nuestros hijos. Es como si nos diese miedo a demostrarle al cliente que no podemos hacer bien el trabajo por el que nos paga porque tenemos hijos, que ocuparnos de nuestros hijos nos incapacita para hacer bien el trabajo al 100% porque a los niños hay que atenderlos dentro del horario laboral. Sí, es estúpido y a todas luces incoherente con el mensaje que siempre pretendo trasmitir. Pero he decir que me sucede. 

Es verdad que una puede decir una “mentira” y explicar que a esa hora no le es posible porque ya tiene otro compromiso lo cual no deja de ser, en el fondo, una verdad. Pero una es así de mema y no se atreve. Tremendo. Lo sé.

El caso es que nos reunimos según lo pactado el siguiente lunes a las 16.00 y en medio de la reunión surgió el debate sobre una fecha para organizar un desayuno de prensa. Así que mi cliente, hombre de 35 años, casado y padre de dos hijos, cuando comprobó en su agenda el día que yo proponía para el desayuno dijo:

-Ese día no puedo porque mi mujer viaja y tengo que llevar yo a mis hijos al colegio.

Toma. En toda la boca. ¿Se dan cuenta? Tengo sentimientos encontrados. Por un lado sentí una inmensa alegría al comprobar que, pese a los malos augurios de muchos, las cosas no son tan malas como las pintan. Hay hombres/padres que no tienen el mínimo pudor en reconocer que a esa hora no pueden atender ese compromiso laboral porque tienen que ocuparse de llevar a sus hijos al colegio. ¡Qué alegría! Es maravilloso, es una demostración de corresponsabilidad sin ambages. El otro sentimiento que tengo es que me sentí idiota. Si él lo hace y a mí me parece bien que lo haga, ¿por qué yo tuve reparos una semana antes en decir lo mismo? Ambos teníamos el mismo “impedimento” para fijar una reunión y él fue “valiente” y lo dijo sin más. Yo crucé los dedos para que mi marido sí pudiera hacerse cargo de nuestra hija ese lunes.

papichulo con hijaEn resumen. Me alegra mucho que las cosas vayan cambiando. Al final de la reunión lo comenté con todos, incluido el cliente. Y se lo dije así claramente. Le dije que hoy lo escribiría en un post. Sé que hay muchos hombres como él, lo sé. Sé que hay muchos hombres padres que incluso son los encargados de hacer todo lo referente a los niños. Me consta. Pero sigue siendo una minoría. Lo veo en las puertas de los colegios, en los parques, en la calle. Veo muchos más niños acompañados de sus madres que de sus padres.

Tampoco quiero con esto pretender que las familias se repartan al 50% porque cada familia tendrá lo suyo y lo hará como buenamente sus trabajos (si los tienen) les permitan. Lo que quiero es expresar que seguí teniendo un complejo absurdo para confesar que no podía comprometerme a esa hora porque tenía que recoger a mi hija del colegio. Y eso es lo que no me gustó. Porque todavía sé (creo) que sigue habiendo una reticencia si demuestras esa “debilidad”

Y, por supuesto, puedo estar equivocada en todo lo que he dicho pero, eso sí, es lo que pienso.

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Madre no hay más que una © DIARIO ABC, S.L. 2014

No es posible entender la historia de la humanidad si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Cómo nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Este blog es un espacio de reflexión sobre todo lo que nos afecta como seres humanos desde el momento en que somos concebidos. Nada es por casualidad y casi todo tiene un porqué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia. ¡Bienvenido! Más sobre «Madre no hay más que una»

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