Los segundos hijos…y los terceros, y los cuartos

Publicado por el feb 18, 2014

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segundos hijosLa verdad, he de reconocerlo, hablo poco de la pequeña de mis dos hijas. Así en general. La pobre es segundona, segundona. Tiene menos fotos sola, ha dormido menos tiempo con nosotros, ha tomado menos pecho que la mayor, se le enseñan menos cosas, se le ríen menos gracias y aún así, la puñetera ha aprendido a hacer todo mucho antes. O quizás sea, justamente, por eso.

Mofletes Prietos (15 meses) nació con hambre y ahí sigue. Lo que más le gusta del mundo es comer. Comer y que la cojas en brazos y la apachuches (como dicen los mexicanos). Es cariñosa, divertida, simpática y tiene un genio que “paqué” (bien pensado esto le ayudará a que nadie la mangonee).  Se pasa el día llamándome papá (a su padre lo llama mamá), se pone requetecontenta en cuanto ve a su hermana y, a pesar de lo que le aprieta los mofletes, la besuquea, la agobia, la tira al suelo y mil cosas más, ella la adoran. Bien pensado: se adoran.

El caso es que estaba pensando yo que a veces las madres y padres nos ponemos harto ñoños con la estimulación de los niños y me da a mí en la nariz que lo que de verdad les espabila es que los dejes a su aire. Mofletes Prietos empezó a caminar sin que apenas nos hubiéramos dado cuenta y cuando menos nos lo esperábamos. Come ella sola desde hace ya meses (con las manos, tampoco se crean que coge cubiertos con destreza) Investiga sola por toda la casa y, desde luego, sabe subir las escaleras sin ayuda. Otra cosa es que la dejemos sola porque el punto de equilibrio no lo tiene muy controlado que digamos. Llevar pañal dificulta las labores en este sentido.

Igual, pienso, no sé, no aseguro… quizás deberíamos dejar a los niños un poco más a su aire. Tarde o temprano terminan por aprender, ¿no creen? No digo yo que haya que dejarlo todo a su aire, no soy yo de la corriente de la autorregulación pero a veces con dejar que ellos aprendan solos es más que suficiente.

No me quiero imaginar cómo se criaría un tercero, un cuarto. ¿A más hijos más independientes? ¿Cuánto más hijos menos nivel de ñoñería? Eso me temo. ¿O no? ¿o sentirán que no son tan queridos?  Harto difícil esto de saber qué hacer, cómo, cuándo…harto difícil esto de ser madre y no morir en el intento.

Lo que sí tengo cada vez más claro es que no valen las mismas cosas para los mismos hijos. Que desde bien pequeños los niños se manifiestan en su manera particular de ser. Que da igual lo que esperes de ellos, lo que hagas, ellos tendrán su particular manera de ser.

Por si acaso y para cuando crezcas y lo leas, querida hija mía pequeña, mi Mofletes Prietos: te quiero una jartá. Me haces reír mucho, eres lo más guasón que he conocido nunca (ya sé yo a quién has salido), eres todo bondad, no paras, eres rápida y lista como un lince y, ¿qué voy a decirte yo que soy tu madre? Pues que te quiero a morir.

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Madre no hay más que una © DIARIO ABC, S.L. 2014

No es posible entender la historia de la humanidad si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Cómo nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Este blog es un espacio de reflexión sobre todo lo que nos afecta como seres humanos desde el momento en que somos concebidos. Nada es por casualidad y casi todo tiene un porqué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia. ¡Bienvenido! Más sobre «Madre no hay más que una»

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