Trabajar hasta las ocho es un atraso (y, además, es menos productivo)

Publicado por el feb 3, 2014

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descargaServidora gusta de hablar con su hija (la mayor, Doña Tecla) cuando va con ella en el coche. Cada día tenemos el placer de comernos un delicioso atasquito de no menos de 40 minutos así que nos ponemos al día con nuestros asuntos. El otro día me suelta así, de buenas a primeras.

-Mamita, ¡eres mu rica!

(Ojitos míos a punto de la lágrima)

-Tú sí que eres rica, mi ratona

¿Que por qué se le ocurrió decirme eso? ¡Vaya usted a saber! El caso es que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid le tiré de la lengua como quién aprovecha que un amigo lleva dos copas y le dije:

-¿Y qué no te gusta de mamá, ratona de mis amores?

Y ya pensaba yo que me iba a salir por lo típico que salen las retoñas con algo así como: “que no me dejas comer chuches entre semana o cosas similares” pero no, va la jodía niña y me dice:

-¡No me gusta que babajes!

Vaya por Dios. A la niña no le gusta que su madre trabaje. Cosa, por otra parte, de lo más lógica. Ella prefiere que yo esté con ella todo el rato. Pero va a ser que eso no es posible. Una no es rica por familia, qué le vamos a hacer. Y aunque lo fuera, trabajaría igualmente. El caso es que SIEMPRE estoy en casa cuando ella vuelve del colegio. Eso sí, babajando como ella dice, en mi despacho.

Y sí, soy de las que piensan que la conciliación en este país es, de momento, una utopía. Sólo algunas privilegiadas como yo (privilegiada porque soy mi propia jefa) podemos escoger estar en casa a la hora que decidimos.

madre-trabajadoraNo me voy a cansar de defender las cosas en las que creo. Nunca. Sobre todo porque creo que así es como avanzan las sociedades. Las mujeres somos madres (las que queremos) y las madres tienen el derecho a decidir si desean estar para siempre en sus casas o desean, pasado un tiempo, reanudar sus compromisos laborales. Y las que lo reanudan tienen que encontrar una sociedad que facilite ser ambas cosas: mujer trabajadora y madre. Los horarios imposibles españoles del 9 a 2 y del 4 a 8 son obsoletos, improductivos, atentan contra la familia (me voy a poner en plan Rouco Varela) y además están trasnochados. ¿Saben ustedes por qué somos los únicos europeos con este horario absurdo? Pues les cuento. Fue a raíz de la posguerra, con el hambre que se pasaba en España que se impuso la necesidad para mucha gente de trabajar doble jornada. Es decir, un trabajo por la mañana (hasta las 2) y otro por la tarde (a partir de las 3) por lo que los escasos sesenta minutos que se quedaban en el medio se usaban para comer. De ahí se fue popularizando comer a esa hora pero lo cierto es que hasta entonces eso no era costumbre. Si conoce usted pueblos de España sabrá que todavía se estila en muchos el almuerzo a las doce, signo inequívoco de que eso se hace desde tiempos ha.

Por lo tanto, volvamos a lo bueno. Volvamos al horario racional. Que no, que no se es más productivo si te quedas hasta las 8 con el culo pegado en la oficina. Empecemos a trabajar antes. No a las diez después de desayunar en el bar. No tengamos dos horas para comer, ¿dos horas? ¿saben ustedes qué faena es ésa para la gente que trabaja lejos de su casa, que no le da tiempo a volver a comer y que no se puede gastar dinero en comer fuera a diario? (además de lo insano que resulta comer fuera a diario, por cierto) Salgamos entonces a las cinco o seis de la tarde del trabajo. Y podremos conciliar hombres y mujeres una vida más familiar, llegar antes a casa. ¡A quién le interese, claro! que no soy ajena a la existencia de barras de afterwork llenitas de hombres casados con corbata que apuran hasta la última gota el vaso de ron para no tener que pasar por baños, cenas y demás. Peor para ellos, ellos se lo pierden. Una etapa que no vuelve y que es de lo más deliciosa.

Políticos, empresarios, señores y señoras que mandan. Por favor, un poquito de cordura. Horarios racionales, mujeres que son madres pero que no quieren dejar (casi nunca, además, pueden) de trabajar, necesitan, necesitamos, que la sociedad camine hacia un modelo de vida mucho más equilibrado y racional. Más acorde con los tiempos que vivimos.

Pero, sobre todo, lo más importante, los niños. Los niños están mucho mejor atendidos por sus padres que por cuidadoras (por muy amorosas que estas sean). Están mucho mejor en sus casas a partir de las 5 o 6 (especialmente en invierno que ya es de noche) que “colocados” en clases extraescolares que los agotan sin remedio.

Que no me digan lo de los horarios de los comercios. Estos se adaptarán a lo que sociedad haga. ¿Cómo se hace en el resto del mundo, entonces? Nuestros horarios son una chaladura. Entramos a trabajar por la tarde cuando en el resto de Europa comienzan a terminar de trabajar. Y lo que es peor, ¡somos los menos productivos! Es de cachondeo. 

Y justo cuando estoy terminando de escribir este post me voy al muro de mi admirada Catalina Echeverry que constantemente lucha por la conciliación en su blog Mamá también sabe y me encuentro con la alegría de esta noticia publicada en este periódico “Arranca una iniciativa social en Cataluña para reformar los horarios laborales”

Pues que cuenten conmigo.

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PD. La primera imagen la he tomado de www.guiainfantil.com La segunda imagen la he tomado de esta página (que me ha gustado mucho, por cierto)

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Madre no hay más que una © DIARIO ABC, S.L. 2014

No es posible entender la historia de la humanidad si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Cómo nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Este blog es un espacio de reflexión sobre todo lo que nos afecta como seres humanos desde el momento en que somos concebidos. Nada es por casualidad y casi todo tiene un porqué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia. ¡Bienvenido! Más sobre «Madre no hay más que una»

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