Ni método Estivill, ni leches. Basta con ser segundona

Publicado por el jun 14, 2013

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Aquí una mujer trabajadora y madre pero suertuda porque tiene ayuda. ¡Y qué ayuda! Tanta que me llevaría más disgusto si me abandona mi ayuda que mi marido. Va en serio. El caso es que doña Ayuda los jueves se toma la tarde libre porque es el día que tiene su reunión religiosa (es testigo de Jehová) así que una servidora, muy impaciente con 39 años, lidia con las hijas que Dios le dio para acostarlas. Supongo que los libros y las teorías de los psicólogos tienen razón al afirmar que, con quién más queremos, peor nos comportamos, ejem. El caso es que, o soy muy mala imponiendo mis órdenes, o lo de acostar a mis hijas antes de las 8 (como hace doña Cuidadora) no es lo mío.
Ayer, jueves, una vez más puse en práctica (con buena intención) mi supina incapacidad para poner orden a dos personalidades arrolladoras de casi tres años y siete meses acabados de cumplir. El caso es que doña Tecla estaba mimosa. Pero mucho. He de decir que la pobre tenía sus motivos: dos horas antes se había pillado el meñique con la puerta trasera del coche y corriendo que nos fuimos a urgencias. Diagnóstico tras radiografía: principio de fractura no desplazada y dedito vendado con esparadrapo al anular para no moverse. Poca cosa, vaya (y gracias a Dios) Y claro, es de imaginar que ante semejante tragedia griega ella necesitaba, y mucho, los mimos de su mamá. O sea, míos.

Pero una tiene dos brazos (y uno de ellos con un poco de artrosis, por cierto, que nos vamos haciendo viejas) Así que ayer había que escoger entre la más débil y le tocó el turno a doña Tecla que para eso estaba “herida” Como Mofletes Prietos, una vez tiene llena la panza, es de buen conformar, la coloqué en su moisés y le di su mordedor para que se entretuviera. Y mientras le conté  a su hermana mayor hasta treinta veces el cuento de Cita (Caperucita) y cómo le lobo se comía a su abuela (qué asco de cuento, por cierto cuando explicas que el cazador le abre la barriga y saca de ahí a la abuela y a la niña en plan cesárea de emergencia).

El caso es que cuando ya parecían calmados los ánimos de Doña Tecla, reparé en que Mofletes Prietos no daba señales de vida y en un brinco asomé mi hocico a la cuna. Y ahí estaba la pobre, más frita que una tortilla. Ante tal abandono, y no teniendo mejor cosa qué hacer, la tía se durmió. Y sin llantos. ¡Qué pobre! Y todo por ser una segundona con hermana que no está dispuesta a perder NI-DE-CO-ÑA  su protagonismo.

Cualquier día de estos la pequeña se va a quitar el chupete y me va a decir: “Oye, mamá, que me alquilado un piso en Valdebernardo”

Al tiempo.

 

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Madre no hay más que una © DIARIO ABC, S.L. 2013

No es posible entender la historia de la humanidad si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Cómo nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Este blog es un espacio de reflexión sobre todo lo que nos afecta como seres humanos desde el momento en que somos concebidos. Nada es por casualidad y casi todo tiene un porqué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia. ¡Bienvenido! Más sobre «Madre no hay más que una»

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