La importancia de la familia…y de su defensa

Publicado por el Apr 4, 2013

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Hoy cumplo 39 años. En mi perfil pongo que tengo 38. No pienso cambiarlo. Ya lo dejo por escrito en este post que son ya 39. Ufff, cómo pasa el tiempo. Lo gracioso es que estoy al borde de los cuarente y me sigo viendo una jovencita. ¿Será que soy una inamdura? No me extrañaría.

Siempre quise ser madre. Antes de los 30. No pudo ser. La vida hace sus planes sin contar demasiado con uno. A los 35, un 26 de enero, me enteré (en una visita rutinaria al ginecólogo) que estaba gestando a doña Tecla. Luego vino el embarazo y su nacimiento tan traumático (aspiró meconio y estuvo una semana en la UCI, las primeras horas con riesgo severo de muerte). Todavía recuerdo cómo estaba llorando apoyada a su incubadora y una enfermera vino por detrás y me dio en la espalda diciendo enérgicamente: -¡No llores!, que esta niña te va a dar mucha guerra. No se equivocó. Los que me leéis desde hace tiempo sabéis que doña Tecla es terriblemente traviesa y muy suya. Para mí es una niña muy especial, por millones de motivos, pero quizás el haber estado a punto de perderla sea el que más persevere en mi corazón. Su día a día me hace taaaaaan feliz, que se me olvidan las trampas de las que os hablaba ayer.

¿Y qué decir de mofletes prietos? En tres días cumple cinco meses y se está revelando como otra guasona como su hermana. Simpática, gorda y tranquilona siempre regala una sonrisa así sea a un mosca que pasa a su lado. Promete. Espero que ninguna de las dos me pida en un futuro daños y perjuicios por los achuchones y besos que les doy (ayer doña Tecla, en plena efusividad maternal mía me soltó;  “tita pesada”

La gente suele hacer balance de sus vidas al finalizar el años. Yo también me lo hago cuando cumplo uno más. Y no está nada mal el de este año. En general mi vida, con todas sus desventajas, culmina, hasta la fecha, con lo que siempre quise tener: mi propia familia, hecha como a mí me gusta, al modo tradicional y no como, por desgracia, me tocó vivir la mía de pequeña y adolescente. He hecho muchas cosas en esta vida en lo personal y en lo profesional y, no extrañará a nadie, de lo que más me siento orgullosa es de mis hijas y de la familia que he creado. Todo lo demás, a su lado, pasa a segundísimo plano.

En un momento como el que vivimos en el que la familia está tan denostada, es importante recordar que estas vertebran la sociedad desde el principio de los tiempos y si quién tiene un amigo, tiene un tesoro, quien tiene una familia tiene veinte. Es cierto que hay familias rotas, desestructuradas, pero en general los que siempre están y estarán ahí para apoyarte son los miembros de tu familia.

A lo mejor me equivoco pero uno de mis medidores para catalogar a las personas es cuánta valía les conceden a sus familias. Una persona cuya familia es sagrada y no la sacrifica por nada ni por nadie, para mí ya tiene mucho qué aportar. Hemos llegado a límites insospechados en el desprecio a esto, hombres y mujeres que han roto la lealtad de sus respectivos compromisos por querer sentir emociones nuevas sin importarles el daño que podían causar con sus actos. La convivencia es quizás de las cosas más complicadas que hay pero merece tanto la pena luchar por ello. Merece tanto la pena criar hijos con familias cohesionadas que saben que pertenecen a una tribu segura, protectora…

Defender a las familias se ha convertido en algo chungo porque buena parte de la sociedad identifica esta tendencia con ser carca, con ser antiguo, con ser ultracatólico (en tono ofensivo, además) pero la familia no tiene nada que ver con eso. Hay familias en todas las partes del mundo, con independencia de la religión, ideología política, raza e incluso tendencia sexual, los homosexuales también tienen deseos de formar sus propias familias y, de hecho lo hacen y las defienden.

Es mi granito de arena desde esta miniplataforma que tengo. Que nadie tenga miedo a defender la familia porque es la base, son los cimientos de esta sociedad, de cualquier sociedad. Que nadie tema ser una loba para los suyos porque uno puede ser guapo, rico, famoso, con tipazo…pero si al cerrar la puerta de su casa, de su vida, de su corazón, está solo, no tiene a nadie, entonces lo demás importa poco. (Ojo, con esto no digo que sea obligatorio tener hijos y/o pareja, hablo de familia en general)

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Madre no hay más que una © DIARIO ABC, S.L. 2013

No es posible entender la historia de la humanidad si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Cómo nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Este blog es un espacio de reflexión sobre todo lo que nos afecta como seres humanos desde el momento en que somos concebidos. Nada es por casualidad y casi todo tiene un porqué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia. ¡Bienvenido! Más sobre «Madre no hay más que una»

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