Una vuelta por África del Sur

Publicado por el Mar 17, 2008

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Ocho días por tierras de África del Sur (Sudáfrica, Bostwana y Zambia), disfrutando del espectáculo de la naturaleza y algo menos de la gastronomía. Porque comer bien, lo que se dice comer bien, no es fácil por aquellas tierras. En Sudáfrica hay mucha costa y buenos pescados y mariscos, pero los arrasan en el fuego. Como en Botswana y Zambia lo mejor son las carnes, especialmente las de caza, pero no es fácil que les den buenos puntos. Lo más destacado, sin duda, los vinos sudafricanos, algunos de excelente calidad y, en general, muy bien de precio.


Vamos por partes. Primeros dos días en Ciudad del Cabo. Allí, en el Waterfront (foto inferior), los viejos muelles reconvertidos ahora en zona de ocio, con hoteles de lujo y galerías comerciales, se encuentran algunos de los mejores restaurantes de la ciudad. Dos experiencias bien distintas. La mejor en un sitio que nos recomendó la guía local: BAIA, un restaurante de pescado y marisco muy concurrido. Espléndidos el abalone y el carpaccio de tiburón marinado, y muy rica la cataplana (caldereta portuguesa), con un caldo contundente y muy rico, con unos mejillones espléndidos, aunque con el defecto general de estas tierras: el pescado muy pasado. Eso le ocurría a un buen curry de langostinos. Lo peor un ceviche (?) insípido, una mezcla extraña que hubiera cabreado a cualquier peruano.


Nos asesoraron muy bien con los vinos. Primero un THELEMA CHARDONNAY 2006 (4 estrellas en la guía Platter’s, la más influyente del país, que puntúa hasta 5), con 11 meses de barrica, con alto grado de alcohol (13,3%) que apenas se notaba, muy bueno para acompañar pescados especiados ya que tenía muchas notas de especias y de cítricos, con muy buena acidez. Seguimos con un HAMILTON RUSSELL CHARDONNAY 2006 (4,5 en Platter’s), 8 meses de madera, muy equilibrado, con buena acidez, aunque le costó abrirse. Terminamos con un SAXEMBURG PRIVATE COLLECTION SHIRAZ 2004 (4,5 Platter’s), frutal con toques especiados, muy sedoso y con un final muy largo. Nos gustó mucho.


No encuentro la factura así que no les puedo decir el precio de los vinos, pero el cargo fue de 2.010 rands para una cena de 4 personas, con 4 entradas, 4 segundos y 4 postres más los tres vinazos y la propina. Al cambio, unos 160 euros (40 por persona). Y con un servicio impecable, incluido el del vino.


La segunda cena, también en el Waterfront (al día siguiente nos levantábamos a las 5 de la mañana para coger un avión hacia Zambia y no era cosa de hacer excursiones lejos del hotel) fue en un sitio que llevaba apuntado desde Madrid y que tiene mucha fama. Y ahí nos fue peor: ONE WATERFRONT, en el lujoso hotel Cape Grace. No tuvimos una buena noche porque había un grupo grande en un reservado y el servicio fue de una lentitud exasperante. Comedor elegantón, agradable. Elegimos, por curiosidad, un plato llamado ‘gazpacho’ (luego hemos visto que es bastante popular por esas tierras). La base se parecía bastante al nuestro, incluso diría que estaba bueno, pero luego llevaba por encima algo de tabasco y ketchup, y este no le hacía ningún favor. Bien una ensalada de brotes, y aceptable una terrina de hígado de pollo (también muy popular) y foie-gras. Como última entrada una crema de coliflor y setas estropeada con aceite de trufa.


Como segundos, una merluza con salsa de espárragos (mucha mantequilla) y puré de almendras, arrasada otra vez de punto; un tradicional turnedó rossini (había un amplio apartado de clásicos y quisimos probar uno) con buena carne aunque algo pasado sobre lo pedido; y dos platos de caza: un dúo de venados (eran dos carnes diferentes), bastante reseco; y una pieza al grill de springbok, una gacela africana, muy sabrosa. Tal vez lo mejor de la noche.


Tenían un interesante carro de quesos, que fue uno de los postres junto a un pudding de malva, un fondant de chocolate caliente, y una tarta de leche con mantequilla de nuez y helado de canela. Todo bastante dulce, que es lo que les gusta por allí.


En cuanto a los vinos, otra vez un gran nivel. Primero un CONSTANTIA GLEN SAUVIGNON BLANC 2006 (4,5 Platter’s), un gran blanco, sin madera, muy clásico, bien equilibrado y agradable (20 euros al cambio en un restaurante de lujo). Luego un GRANGEHURTS 2001 PINOTAGE (4 estrellas Platter’s). Ya les he hablado de que no acaba de convencerme esta uva sudafricana, la pinotage, cruce de pinot noir y hermitage (o cinsault). Me parece complicada en exceso, aunque tengo que admitir que a fuerza de beberlo he ido mejorando mi impresión. Este era muy potente, con aromas algo dulzones y muy complejo en boca. Unos 19 euros la botella.


Aunque salimos algo decepcionados (¡qué importante es el servicio!) la factura nos consoló: 128 euros (poco más de 30 por cabeza) en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad: 86 de la comida, 42 de la bebida (incluyendo el agua). Como ven, los precios, comprados con España, son de risa. Repasen el menú.


La etapa de Botswana y Zambia la dejo para un segundo post, que este ya es demasiado largo. Y les contaré algunas curiosidades más de los vinos sudafricanos.

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