Una cena belga

Publicado por el mar 1, 2007

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El nuevo director del hotel WESTIN PALACE de Madrid es un belga, Marc Lannoy. Viene cargado de ideas, pero la primera ha sido organizar unas jornadas gastronómicas entre el 2 y el 10 de marzo a cargo de uno de los más populares restaurantes de Bruselas, CHEZ LEON, en la rue des Bouchers, en las inmediaciones de la Grand Place. Hasta aquí han venido el propietario, Rudy Vanlancker, y varios cocineros que van a servir un divertido menú con las especialidades de esta freiduría bruselense.


Un primero a elegir entre tomate relleno de camarones grises del Mar del Norte, o croquetas de esos mismos camarones (una especialidad de Chez Leon), o croquetas de queso. Y un segundo entre mejillones a la marinera, o mejillones a la crema o mejillones a la cerveza, o guisado de vacuno a la cerveza o albóndigas con salsa de tomate. De postre se elige entre mousse de chocolate, flan o ‘dame blanche’ (helado de vainilla con chocolate caliente). El menú cuesta 55 euros (más IVA) e incluye el café y, para beber, cerveza LEON, una cerveza belga con cuerpo que elaboran los propietarios de Chez Leon, y agua mineral también belga (dos marcas que se introducen ahora en España, SPA y BRU). La cerveza, que está muy buena, se puede tomar todos estos días en el bar del Palace.


Para presentar las jornadas, Marc Lannoy reunió a un grupo de periodistas en un sitio insólito, el comedor de empleados o ‘de familia’, en el corazón del hotel, donde hacen sus comidas los 500 empleados del Palace. Antes tomamos algunos aperitivos con la cerveza de Chez Leon: muy buenos los mejillones pannees (empanados) y las minialbóndigas con salsa de tomate. No me llamaron la atención las pequeñas gambas grises del Mar del Norte, pese a que los belgas las elogian mucho. Tenemos cosas bastante mejores aquí (incluso los mejillones, aunque ellos los vendan mejor).


Empezamos la cena con dos croquetas (croquetones más bien), una con las citadas gambas, a la que se le añaden unas gotitas de limón al servirlas, y otra de queso. Estaban buenas sin más.


Luego, un enorme recipiente de mejillones a la cerveza, con un caldo muy rico que llevaba apio. Los mejillones, lo dicho, estaban buenos, pero los gallegos son mejores (y más grandes). Acompañados, como es preceptivo, por su ración de ‘frites’ (patatas fritas). Moules et frites. Mejillones, patatas fritas y cerveza, el summun para muchos belgas.


De postre, una ‘dame blanche’ (helado de vainilla con chocolate caliente), que no estaba mal. Bebimos más cerveza, aunque los que quisieron pudieron tomar dos vinos de Marqués de Riscal, el Limousine de Rueda y el tinto reserva de Rioja 2003. Una divertida aproximación a las freidurías de Bruselas y a su plato estrella, los mejillones.

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