Reflexiones sobre David Muñoz y “El Xef”

Reflexiones sobre David Muñoz y “El Xef”

Publicado por el ene 21, 2016

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Desde su estreno, el programa de Cuatro “El Xef” está generando una fuerte polémica. Había pensado no entrar en el tema, pero al final creo que es bueno plasmar en el blog algunas reflexiones que me hago estos días a partir del programa en cuestión. No soy un crítico de televisión y por tanto no me interesan los detalles técnicos. Pero sí el personaje que aparece en la pantalla. Creo que conozco algo a David Muñoz. He comido prácticamente todos los años en su restaurante desde que en el verano de 2007 desembarcó en Madrid, procedente de Londres, en aquel modestísimo local de la calle Francisco Medrano, alejado de todos los circuitos de la capital. En julio de ese año ya pudieron leer los lectores de ABC mi primera crítica sobre él. Ya entonces, recién aterrizado, lo califiqué con un 8. ¡Aquellos dim sum de “spanish toltilla” o de calamares en su tinta con tuétano! ¡Aquella frescura que aportaba a la cocina madrileña!

Desde entonces he charlado mucho con David, y he escrito mucho sobre él y sobre su cocina, lo he entrevistado para ABC y para el XL Semanal de Vocento, hemos tenido épocas de mucha proximidad y otras de fuerte distanciamiento cuando al cocinero madrileño no le gustaba lo que escribía sobre él. Casi siempre le he elogiado mucho y con entusiasmo, le he apoyado desde el principio, pero también alguna que otra vez le he puesto alguna pega. Y ahí es donde han surgido los problemas. Cada plato que ha sacado a sus clientes en estos casi nueve años ha sido fruto de mucho trabajo y de una larga reflexión. Pero eso no quita para que pueda equivocarse en ocasiones. O que al menos a mí me lo parezca. Y mi obligación era y es contarlo. Ahí chocan el ego desmedido del personaje (ego del que él mismo presume, así que no lo tomen como una crítica) y mi obligación de ser sincero con mis lectores, sustrayéndome al entusiasmo incondicional y en ocasiones irreflexivo de sus fans. Recuerdo que cuando abrió en 2009 su segundo local, el de la calle Pensamiento, se negó reiteradamente desde julio hasta finales de septiembre a que le visitara. Perfeccionista hasta el extremo, no quería “críticos” hasta que tuviera todo perfectamente rodado, en el punto exacto de cocina y de servicio que él consideraba necesarios. Así es David. Trabajador hasta la extenuación, apasionado por la cocina hasta extremos imposibles, genial y creativo hasta romper todas las barreras. Pero ese ego… A mí no me molesta que se quiera romper con lo convencional. Me parece incluso necesario como revulsivo. Pero hay un límite: el respeto a los demás. Y David, en su afán por el ser el más terrible de todos los niños terribles, a veces cruza la raya.

Viene todo esto a cuento de ese programa, “El Xef”, que le convierte en protagonista absoluto de un reality en el que vemos el esfuerzo tremendo que hay detrás de una gran cocina, pero vemos también cosas que nos gustan menos y que son las que, precisamente, han centrado las críticas más duras que ha recibido el programa. El principal argumento de los muchos incondicionales de David (¡vaya legión de adeptos tiene!, lo sé por propia experiencia en Twitter) que han cerrado filas frente a esas críticas ha sido que los que las firman no se han sentado nunca en la mesa de Diverxo. Pues claro (tampoco se han sentado allí muchos de los que le alaban con desmesura, me temo). No se está criticando unos platos, ni un restaurante, no hacen falta por tanto críticos gastronómicos para opinar. Se está juzgando un programa de televisión y al personaje que lo protagoniza. Si el cocinero sale de su entorno natural para convertirse en estrella de un show, si el programa se promociona y se vende como un espectáculo, lo normal es que las críticas se centren en eso. David ya sabía a lo que se exponía. Y conociéndole, casi estoy seguro de que está encantado con esos artículos, que le importan mucho menos que a algunos de sus incondicionales.

De todo lo que he leído, el mejor argumentado ha sido el artículo de Jesús Ruiz Mantilla, periodista, escritor, hombre culto e inteligente, al que nadie podrá acusar de “carca” o de inmovilista. Enorme dureza en su crítica en El País. Falto de humildad, borde y desagradable, sin discurso… son algunos de los términos que emplea. Excesivos tal vez, pero fiel reflejo de la  imagen que transmite David (o al menos que muchos espectadores perciben) cuando se interpreta a sí mismo en el programa. Si un cocinero quiere que le valoren por su cocina, que se limite a cocinar. Si quiere epatar al resto de mortales ya sabe a lo que se expone. He charlado muchos estos días con colegas suyos y míos. No lo dirán nunca en público por aquello de lo políticamente correcto (algo parecido a lo que ocurre en el Partido Socialista con Pedro Sánchez), pero hay que oír a muchos de ellos hablando de “sobreactuación”, de “ínfulas”, de “yo, yo y luego yo”, o en términos similares.

Personalmente (y me consta que a bastante gente) me molesta el lenguaje soez que utiliza. Innecesario e impropio. Para provocar no hace falta recurrir a eso. Ni a parodias que pueden ofender a los que tienen determinadas creencias. David ya es suficientemente provocador con su cocina, ¿de verdad necesita recurrir a esas otras cosas? Si de lo que se trata es de ganarse el favor de un determinado tipo de público, me temo que no es ese el que va a visitar Diverxo. Un menú de 200 euros, bebidas aparte, no es precisamente para mayorías. Le guste o no, sus clientes son minorías elitistas, de alto poder adquisitivo y en su mayor parte capaces de entender el mensaje de una cocina muy peculiar. Es lo que hay. En un reciente debate en Twitter, un colega me decía que sí, pero que con el modelo StreetXo se abría a más gente. De acuerdo en lo económico, es más asequible, pero no en lo que se refiere al elitismo. No veo yo habitualmente por la última planta del Corte Inglés de Serrano (sí, de Serrano) a mucha gente de Vallecas o de Entrevías.

David es un genio de la cocina. Una máquina trabajando. Demuestra una creatividad que por el momento no tiene límites. Por eso no necesita los excesos (¿o sí?). El “Xow” debe estar en el plato y no alrededor. Precisamente sobre ese tema versaba una parte de mi última crítica a Diverxo, publicada en ABC, que titulé “La cocina sobre el show”. Les reproduzco algunos párrafos porque creo que vienen muy a cuento en este asunto: ”¿Importa más la cocina o el espectáculo en el comedor? ¿Hasta dónde puede llegar este segundo? David Muñoz, el niño terrible de la cocina española, el único tres estrellas Michelin que tenemos en Madrid, está convencido de que ambos, cocina y espectáculo, son complementarios y se necesitan. Por eso, en su local del hotel Eurobuilding, ha apostado por una puesta en escena espectacular que en cierto modo llega a distraer de lo más importante, la comida. Para quien esto firma, el servicio de sala es un elemento fundamental del restaurante, pero no debe llegar a eclipsar lo que sale de la cocina. Sobre todo cuando lo que llega a la mesa en Diverxo sigue siendo rompedor. Un espectáculo por sí solo. Platos frescos, creativos, llenos de matices, en los que se somete al comensal a nuevas experiencias. Cocina sin límites que tiene detrás horas de trabajo y de reflexión. Sin embargo, lo que rodea a esos platos, la puesta en escena, resulta agobiante. Ni los camareros disfrazados de personajes de “La naranja mecánica” de Kubrick, ni el colegueo de los cocineros que salen a montar los “lienzos”, ni la decoración más propia de un parque temático que de un restaurante de tres estrellas, aportan nada a la cocina, e incluso llegan a despistar al comensal”.

Aplíquenlo a “El Xef”. Tengo ya muchos años y he visto muchas cosas, demasiadas. Y tengo la suerte de que ya no necesito ser políticamente correcto y puedo decir lo que pienso sin cortapisas. De David me sobra todo lo que no es su cocina, el personaje que se ha creado y que interpreta cada día. El mismo que ha llevado a la televisión. No entiendan esto como una crítica sino como una serie de reflexiones en voz alta. Probablemente no va a ser esta una entrada muy popular. Como dijo ayer una presentadora de Antena 3 tras una exclusiva molesta para algunos, “nos van a dar pero bien”. ¿Y qué?

P. D. Recuerden que estamos en Twitter: @salsadechiles

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