Nostalgia

Publicado por el Mar 1, 2006

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Un veterano periodista, maestro mío, Enrique de Aguinaga, me ha regalado esta tarde una vieja carpeta llena de recortes de periódicos con información sobre restaurantes. No me ha dado tiempo a repasarla entera, pero entre las ‘perlas’ que contiene hay una vieja carta del restaurante Edelweiss que tiene fecha 22 de diciembre de 1948. Siete años antes de que yo naciera. Edelweiss era entonces el gran restaurante alemán de Madrid (en su honor la foto que ilustra este post). Ahora sigue existiendo, pero no es ni sombra de lo que fue, sobre todo desde que, agonizante ya, sin poderse adaptar a los nuevos tiempos, lo comprara un empresario de la restaurauración al por mayor que controla más de 20 restaurantes en Madrid (entre ellos El Amparo, su última pieza) y los comedores de innumerables organismos oficiales. Viene esto a cuento por algún comentario del post anterior en el que algún bloguero defendía a Lhardy por lo que fue más que por lo que es.


La vieja carta de Edelweiss, pieza de colección, firmada luego por los comensales con algunas dedicatorias, tiene marcados con puntos rojos los platos que comieron Aguinaga y sus amigos (que debían ser 8). Trascribo de forma textual: entremeses Edelweiss, 5 pesetas; Huevos con jamón, 15 pesetas; guisantes con jamón, 12 pesetas; ‘Canaloni al gratein’, 10 pesetas; chucrut ‘carni’, 20 pesetas; ‘roastebeef’ inglesa, 18 pesetas; chuleta de cerdo empanada, 20 pesetas; flan, 5 pesetas; flan con nata, 7 pesetas; helado con nata, 5.


Datos curiosos: en la carta pone Vino (así, en genérico sin más especificaciones), 6 pesetas. Y el plato más caro, que no tomaron los reunidos, ganso asado con puré de manzana, 30 pesetas. Entrañable, ¿verdad?


Entre los recortes de la carpeta hay también críticas de restaurantes firmadas por mis antecesores en ABC, casi todas de los años 78 al 80. Algunos sobreviven, pero me encuentro entre ellas la de Bajamar, en la Gran Vía; la de Gure Etxea, en la plaza de la Paja; la de uno llamado Madrid-Jerez, en Almirante, o la de un sitio del que nunca oí hablar: Clara’s, en la calle Arrieta, un restaurante de cinco tenedores cuyo propietario era portugués. Fíjense en los platos (año 80): salmón, caviar, tarrina de hígado de oca, fondos de alcachofa Belfort, mousse de aguacate río Volga, huevos de codorniz Mar Negro, vol au vent de vieiras, hígado de oca fresco a las uvas, trufas frescas a la ceniza, ostras al champaña, rodaballo al champaña, langosta al Grand Marnier, solomillo strogonoff… Y dice el crítico: ‘es un restaurante de precios altos. No pongo caro, porque caro es lo subido de precios a veces injustificadamente y este restaurante, por la variedad de sus platos y el rango de la carta se mueve necesariamente en esos guarismos’. Restaurantes que entonces estaban en todo su esplendor y de los que hoy apenas tenemos referencia. Dura vida.


Como casi todos los lectores de este blog son más jóvenes que yo, si a mí me suenan a chino muchas de estas cosas, supongo que esto no les dirá nada. Pero es bueno, entre tanto modernismo, dedicar un poco tiempo a la nostalgia. Todos nos iniciamos en algún restaurante, ese que siempre recordaremos. ¿Cuál fue el suyo?

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