Jueves Santo en el Real Balneario

Publicado por el mar 21, 2008

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Ya saben que suelo pasar la Semana Santa en Asturias. Y este año, pese a los catastrofistas avisos meteorológicos, no ha sido una excepción. Así que el Jueves Santo he aprovechado para comer en unos de mis restaurantes favoritos: el REAL BALNEARIO DE SALINAS, al que no iba en plan particular desde el mes de julio. Y he comprobado que todo sigue como siempre: muy bien. El trabajo de la familia Loya impecable. Ayer estaba lleno hasta la bandera con un público variopinto, en su mayoría gente venida de fuera. Mucho más bonito en invierno, con la enorme playa de Salinas vacía de gente y el mar casi pegado a los ventanales.


La bodega, de la que se encarga Isaac Loya, es una de las grandes de Asturias. Pocos sitios tienen una oferta tan completa de grandes vinos franceses y alemanes como la de esta casa. Y en la carta, la materia prima de calidad que hace del Balneario uno de los mejores restaurantes de producto de España.


Empezamos con unos percebes pequeños pero muy gruesos, con gran sabor. Los temporales de los últimos días no permiten que haya muchos, pero los que hay están muy buenos. Una ensalada de angulas y canónigos es otra entrada excelente. Lo mismo que el centollo desmenuzado. Una muy buena idea: el centollo se desmiga, se mezcla con todos los jugos del caparazón y se sirve así, en una especie de changurro pero al natural, sin mayor tratamiento, para comer a cucharadas sin trabajo. Como la pieza era muy buena, el resultado, inmejorable.


Rico el atún marinado con verduritas en juliana y una salsa de mostaza, y algo pesado, aunque de buena calidad, el pulpo asado con verduras. La verdad es que cansa bastante porque cuesta masticarlo al ser un tentáculo de gran tamaño. Estupenda la papada con un risotto de trigueros, muy bien de punto.


Como pescados, unas rodajas de lubina procedentes de una pieza de más de 9 kilos. A mi me gusta más como me la sirvieron, sin reposo, recién llegada del mar. Resulta menos fina pero con un sabor más bravío y auténtico, sabor al marisco del que se alimenta el pez. Difícil darle el punto a una pieza así, pero lo lograron. Llevaba una base de tomate picado, refrescante. La calidad de la lubina y su sabor hicieron que el virrey que le siguió quedará un poco apagado. Yo las hubiera tomado en orden inverso. Acabamos con un pichón, al punto de sangre, con unos nísperos a la brasa que complementaban y suavizaban el sabor a campo del ave.


De postres, una prueba sin redondear aún: chocolate desmigado con leche y yuzu. Y luego un clásico, la piña macerada en ron con zumo de naranja y helado de sanguina. Este último lo más flojito (escaso de sabor) de un postre refrescante. Mis acompañantes no quisieron dejar de tomar el arroz con leche, que para mi mujer es el mejor de Asturias. No comparto esa opinión. Lo prefiero más cremoso, al estilo de Casa Gerardo.


De los vinos ya les hablé en mis comentarios del post anterior, aunque insisto en que el nivel de la carta es de mucha altura. Lo que sí comparamos es el agua Fuensanta, asturiana, con otras aguas de las que hay en el restaurante. Nos sirvió para comprobar algo de lo que nos habían advertido: que los de Fuensanta se están durmiendo en los laureles y que cada vez resulta más basta su agua, sobre todo si se bebe a la vez que otras de fuera, mucho más finas. Un aviso a navegantes, ahora que la competencia empieza a ser dura y nos llegan aguas de todo el mundo a muy buen precio.

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