California: de San Diego a Los Ángeles

Publicado por el dic 5, 2010

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Primeros días de un recorrido por California, desde San Diego, casi en la frontera mexicana, hasta San Francisco. Viaje familiar en el que también lo gastronómico tiene su importancia. Empezamos con las primeras experiencias tanto en San Diego como en Los Ángeles, dos ciudades donde la oferta es muy amplia aunque los niveles de calidad no son los mismos que los de San Francisco. Característica común la pasión por el vino, que se sirve por copas en casi todos los bares, incluidos de los hoteles, con bastante variedad en lo que se ofrece y con una amplia aceptación. Se ve a más gente tomando una copa de vino que cualquier combinado alcohólico, incluso después de la cena. Y otra característica común la pasión por los alimentos orgánicos.  En San Diego, además, la inmediatez de la frontera con México hace que el número de taquerías o tequilerías sea tan numeroso como el de hamburgueserías. Pero hay mucho más, porque los steak house están a la orden del día, lo mismo que la cocina francesa, tan presente como la italiana o la oriental. De la española apenas hay rastro. En las playas y zonas junto al mar, como La Jolla, abundan los pequeños restaurantes especializados en pescado. Agradable un paseo por la 5ª avenida de San Diego, una sucesión ininterrumpida de restaurantes de todos los tipos y tamaños con pequeñas terrazas exteriores que en estos días más frescos (frescos, no fríos) cuentan con sus correspondientes calefactores. Enorme ambiente en una noche de viernes. En las dos calles paralelas, la 4ª y la 6ª, hay también algunos restaurantes, aunque predominan los bares de copas y las discotecas.

Pero vamos con los sitios que hemos visitado. Los precios que les doy son en dólares y con el impuesto local incluido. Hay que sumarle siempre la propina casi obligada de entre el 15 y el 20 por ciento.

HODAD’S. La hamburguesería más popular de San Diego, por encima de otras muy renombradas como CRAZEE o BOOMERANG. La CNN la eligió como una de las cinco mejores de los Estados Unidos. Está en Ocean Beach, y resulta un sitio muy peculiar, un tanto cutre, de esos donde, como digo algunas veces, no entraríamos si no fuéramos avisados de lo que hay dentro. Todas las paredes y techos cubiertos con placas de matrículas, mesas altas con taburetes y otras bajas corridas y con bancos, camareros con aspecto de moteros… y una larga cola de gente en la calle aguardando su turno. La verdad es que todo el mundo come bastante deprisa por lo que la espera no resulta demasiado larga. Vale la pena ir hasta allí (no olviden el GPS o vayan en taxi, aunque está algo lejos del centro) porque la carne es estupenda. Unas hamburguesas gigantes (como la de la foto que ilustra el post) que resultan difíciles de comer por su tamaño. Muy ortodoxas: la carne, lechuga, tomate, mucha cebolla, abundante pepinillo, mayonesa y mostaza . Sus precios van de los 5,50 a los 7,50 dólares según sea sólo carne, doble, con queso, con bacon o con todo. Si se quieren patatas fritas llega una cesta enorme, cortadas en grandes gajos, bien doradas, por 1,50 dólares más. Están ricos los aros de cebolla, pero pidan media ración porque la entera es difícil de acabar entre 4 personas. Todo a lo grande. Para beber las típicas sodas (sólo hay Pepsi, no Coca Cola), batidos enormes o un amplio surtido de cervezas, estadounidenses algunas, mexicanas otras. Al final, poco más de 11 dólares por cabeza, o lo que es lo mismo, menos de 9 euros.

CANDELAS. Para la Zagat es el mejor mexicano de San Diego. Pero ojo, no van a encontrar los platos tradicionales de aquel país. La de esta casa, en pleno centro (Gaslamp), es una cocina de base y producto mexicano pero muy elaborada. Esperaba más de este restaurante, que nos decepcionó un poco. Un sitio bastante ruidoso, con amplia barra-coctelería a la entrada donde retumba la música y la gente baila. Detrás, dos comedores, también ruidosos. Carta como les digo de mexicano creativo. Algunos detalles como un buen pan con jalapeños, y cuidadas presentaciones. Los margaritas no valen nada, servidos en vaso grande como un refresco, aguados. Nos gustaron más, en general, las entradas que los segundos. Por ejemplo estaba muy buena la crema a los cuatro quesos con chile pasilla. Lo mismo que una crema de frijoles a la cerveza. Por el contrario, al ceviche de atún con tomate y aguacate le faltaba potencia. Lo acompañaban unos nachos pequeñitos, recién hechos pero algo grasientos. Y adivinen con qué se adorbaba el plato. Sí, como en España, con aceto balsámico. Vaya por Dios, venir a California y encontrarme la misma plaga.

Los principales, al cincuenta por ciento. Para devolver a corrales unos camarones Cabo de Puertas, flameados con tequila, resecos hasta el máximo, a los que no salvaban ni la salsa de tamarindo en la que literalmente nadaban ni el sashimi de atún que llevaban debajo. Otro desastre el pollo a la diabla, seco, relleno de queso y jamón serrano (¿?) y una salsa intrascendente. Mucho mejor las dos carnes, sobre todo por la calidad de esta: el filete Tlalpan, con salsa de chile guajillo y una guarnición de nopales y chiles poblanos; y el “placer poblano”, un entrecot potenciado por una salsa de tomatillos verdes y chile, muy fresca y con gran sabor, lo mejor de esta segunda tanda. Con un único postre (crepas con cajeta) y un buen chardonnay de Santa Bárbara, Aux Bon Climat 2009, 75 dólares por cabeza. Demasiado caro. Mejor pasar por alguno de los mexicanos tradicionales como EL AGAVE, junto al Old Town, el parque que recrea el San Diego de finales del siglo XIX.

CRAB CATCHER. En La Jolla, localidad de vacaciones vecina a San Diego, junto al mar. Un restaurante especializado en mariscos y pescados que tiene el atractivo de su comedor con vistas sobre el Pacífico, en una zona de rocas y cuevas llenas de leones marinos, pelícanos y cormoranes. Un sitio con muy buen producto en el que se explica el origen de cada pescado o marisco y que tienen como estrella distintos tipos de cangrejos, especialmente el llamado cangrejo real procedente de Alaska. Ya saben ese animal enorme que ahora nos venden los noruegos, muy lleno de carne pero con un sabor limitado. Flojas ostras de la Baja California (lógico que pongan en la mesa tabasco y una especie de cátchup con rábano picante), y muy bueno sin embargo un pastel de cangrejo gratinado. De los principales, rico el sándwich de cangrejo, más parecido a una hamburguesa. Un tanto abrumador un plato tipo “mariscada” con langosta de la zona (que era lo que nos interesaba), patas gigantescas del mencionado cangrejo real y unos langostinos pasados de punto, algo bastante habitual por aquí. Salvaba el plato la langosta, cocida y muy bien de punto, con una ligera salsa de mantequilla. Pero lo mejor fue el llamo “cioppino”, una especie de suquet con mejillones, almejas, vieiras, langostinos y dos tipos de pescado: un atún o similar y otro blanco. El caldo que llevaba era de lujo, con toda la esencia de pescados y mariscos además de chile chipotle, tomate y azafrán. Lo hemos regado todo con un sauvignon blanc 2008 californiano de Robert Mondavi. Al final 70 dólares por cabeza, pero casi la mitad correspondía a los dos platos de langosta y cangrejo real. Razonable.

HATFIELD’S. Hasta el momento la sorpresa más agradable de este viaje. Un restaurante de cocina californiana moderna, con buena materia prima y mucha sensatez en los platos. Todo muy ligero, con mucha verdura y toques precisos de salsas. Buena coctelería en la entrada: nos han gustado las caipirinhas y un pisco sour con maracuyá. Carta de vinos con más franceses que californianos, y bastantes españoles, aunque con precios muy altos. Hemos optado por uno de esta región, un pinot noir Alma Rosa 2007. Muy bien las entradas: una crema de apio con almejas; un pescado japonés (¿platija?) con remolacha macerada; agnolloti como si fueran dim-sum; y croque madame con sashimi de yellowtail. Y mejor aún los segundos: lubina con guisantes y puré de guisantes (desentonaban unas alubias blancas y le sobraba un punto de cocción al estupendo pescado); muy rico lomo de cerdo con bolitas de pomelo, mostaza de raíz de apio y acelgas; bunas pechugas de pollo al vapor con coles, setas y emulsión de estragón; y magnífico wagyu con setas, cebolla y una base de espinacas. Dos postres, pastel de zanahoria y tarta de queso, correctos ambos. Un sitio muy concurrido de Los Ángeles donde se come francamente bien. Precio por persona, con cócteles, 85 dólares. Notable relación calidad-precio. Una dirección para apuntarse.

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