Los plátanos

Publicado por el Oct9, 2018

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Los psicópatas no acaban siendo los niños que hacen una travesura o se equivocan, por aparatosa que sea la travesura o el error hayan podido llegar a cometer. Los que ya a su más tierna infancia adelantan el comportamiento turbio y hasta criminal que acabarán teniendo de adultos, si es que antes no debutan y van a parar al reformatorio, son los que, cuando se les descubre el pastel o se dan cuenta de que no estaban en lo cierto, en lugar de enmendarse, arremeten entonces contra el mundo, toman a los demás como rehenes y tratan de aliviar su dolor haciendo daño.

El independentismo, con Puigdemont a la cabeza, y Torra de fútil marioneta, se encuentra ahora en esta fase. Desafiaron a un Estado y encima lo hicieron en broma, sin defender su posición, huyendo como cobardes, entregándose a la Justicia, o como el caso de Torra, azuzando a la masa desde la barrera también con la idea, tan estúpida como él, y como ellos, de que así forzaría al Gobierno a negociar. En cualquier caso, reconociendo al Estado español al que acababan de negar, comportándose por lo tanto como auténticos traidores de su propia causa, de su mismísima declaración.

Y entonces, en lugar de admitir que se equivocaron, que hicieron algo que no tenían preparado porque en su burricie y en su ignorancia no entendieron -ni entienden- lo que es un Estado; en lugar de pedir perdón, sobre todo a los cientos de miles de independentistas que confiaron en ellos, y que haciéndoles caso se dejaron partir la cara el 1 de octubre del año pasado, lo que hacen es aferrarse a su mentira, colapsar Catalunya y perjudicar todavía más la vida diaria de todos los catalanes, que hemos sido tomados como rehenes por unos perdedores idiotas y mediocres, que dicen creer en la democracia cuando no cesan de pisotearla, y que en su aldeanismo de gorro y trompeta no es que no acepten su derrota, sino que no son capaces de entenderla.

El independentismo, como concepto, como idea, como aspiración de cientos de miles de catalanes, existe y existirá siempre. Además, puede que a medio -ni siquiera largo-plazo logre porcentajes de voto más cercanos al 60% que al 47 en el que ahora se encuentra, y entonces a la unidad de España se le empiecen a complicar realmente las cosas. ¿Qué significa medio plazo? Xavier García Albiol lo fijaba en 15 años en la entrevista que le publicamos el fin de semana. Yo pienso que podrían ser menos años.

Pero hoy, y lo que pasa hoy también es importante, el independentismo ha sido derrotado, es todavía minoritario y cuenta con unos líderes nefastos. Arrogantes, cobardes, provincianos y con manifiestas deficiencias mentales -y no lo digo como insulto sino como apreciación técnica. Son los propios líderes independentistas, que buscan mucho más su supervivencia autonómica que cualquier otra cosa, son los mismísimos líderes independentistas y no España, y no las cargas policiales del 1 de octubre, y no la aplicación del artículo 155, y no el juez Llarena, ni Aznar, ni Rajoy, ni Vox, ni Rivera, quienes han provocado esta inapelable -tan inapelable como momentánea, cierto- derrota. Ellos tiraron a la basura su victoria del 1 de octubre tal como Artur Mas fue el asesino silencioso de su 9 de noviembre. Ellos engañaron a su público diciendo que tenían preparadas aquellas famosas “estructuras de Estado”, ellos jugaron como auténticos anormales al declaro/no declaro la independencia -pensando en la inminencia de quién ganaría las siguientes elecciones autonómicas- y como son unos cretinos, y unos inconscientes, y unos imbéciles, al final el juego se les escapó de las manos, declararon la independencia más triste del mundo, que ni ellos mismos se reconocieron, para a continuación fugarse o entregarse a la Justicia, reconociendo en ambos casos que su declaración era mentira y que la única ley que imperaba era la española.

Hasta que el independentismo social -es decir, los votantes independentistas- no tengan la madurez de aceptar que les han timado, que la independencia no está a la vuelta de la esquina, que no existe la república catalana y que Junqueras y compañía no son presos políticos, sino trileros que ellos mismos se entregaron en lugar de tener la hombría de defender su bolita; hasta que el independentismo deje de confundir a España con sus frustraciones y su impotencia y afronte como un adulto sus problemas, continuará de derrota en derrota, de humillación en humillación, y no porque lo diga la Constitución, sino porque es lo que el independentismo estará diciendo, pidiendo, implorando, comportándose como simios que creen que la libertad es tener doble ración de plátanos y por eso una jaula es lo único que merecen.

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