Mis viejecitos del tren

Publicado por el Nov23, 2017

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Tomo el AVE de las 10:30 hacia Barcelona, vagón 8, asiento 18, tras algunas horas en Madrid para arreglároslo todo. Me ha tocado uno de estos asientos en que hay una mesa en el centro y delate a otros dos pasajeros. Los míos son dos viejecitos me imagino que casados hace siglos y me hace muy feliz ver con qué ternura se miran, se hablan, se sonríen. Se les ve enamorados de un amor lento, denso, otoñal. Mucho amor sobre el amor acumulado, mis viejecitos se hacen caricias y se cogen de la mano. Son como la nueva canción de Paolo Conte: “Vorrei cantare poi ballare davanti a te, per te, per farti ridere e giocare davanti a me”. El tiempo que les quede, les quedará amándose.

Ellos saben lo que es vivir bien. Ellos se han tomado la vida en serio y por esta caricia y esta sonrisa todos vuestros años están acreditados y lo demás no importa. Buscamos mucho pero el amor es la única pregunta y la única respuesta y a veces pienso que tanto buscar nos vuelve estúpidos y no estamos atentos a la Gracia cuando pasa, y luego nos quejamos de la ansiedad o de que nuestras vidas no tienen sentido.

No sé si mis viejecitos son guapos pero creo que sí. El amor les embellece. Ella cuando sonríe parece una casa cerca del mar abierta al sol. Él cuando la mira con sus ojos gris azules me hace pensar en todas las veces que yo miro al amor de mi vida y en lo intensamente que sólo con mis ojos le digo que la quiero. Estamos sedientos de amor, de mucho más amor y mis viejecitos son hermosos porque han sabido qué hacer con sus vidas y la vida les ha bendecido. Me gustaría preguntarles cómo se conocieron y convertir su historia en la metáfora de todos los comienzos. Me gustaría saber si tuvieron hijos y qué nombres les pusieron.

Él le dice algo al oído y ella ríe tapándose la boca. Él está contento de verla reír. Hasta diría que está un poco nervioso, mariposas en el vientre cuando ella le pone la mano en la mejilla y le acerca la cara para suavemente, muy suavemente, darle un beso. Uno de sus besos.

No creo que hayan hecho muchas cosas el uno sin el otro. Ni salir a cenar ni mucho menos un viaje. No creo que lo hayan pasado bien si alguna vez han tenido que separarse unos días o una semana. Uno parece la continuación del otro y el día que uno muera el otro se consumirá aunque no esté enfermo y no tardará mucho en marcharse.

Podemos vivir así, tendríamos que vivir así, necesitamos vivir así. Somos hijos de un Dios que nos enseñó a amar y a ser libres, que es exactamente lo mismo. Estamos hechos de mis viejecitos aunque a veces nos perdamos en tantas tonterías. Ella se ha puesto gafas de sol y un chal de lana por encima de los hombros. Él está acostumbrado a vivir deslumbrado por su amor y no necesita nada más que mirarla con sus pequeños ojos, un poco azules, un poco grises. Lleva una camisa de cuadros que le queda muy bien y que seguramente habrá elegido ella.

No sé qué planes tendrán en Barcelona, pero sé que mi ciudad será mejor mientras ellos estén y sean con su amor enamorado la metáfora de todas las cosas por las que merece vivir y celebrar la vida con toda la euforia, con toda la esperanza.

Me gustaría mandarles este artículo pero no sé cómo y no me atrevo a decirles nada. Él tiene poco pelo como yo y de un blanco muy limpio y elegante que ella debe de cuidarlo comprándole el champú adecuado.

Se nota que ella cocina muy bien y que él piensa que en ningún restaurante come mejor que de su esposa. Mi suegro también lo piensa de mi suegra y es algo que a los hombres se nos ve en la mirada cuando las miramos. Como una procacidad de fuego lento, como una caricia del interior. Me gustaría saberlo todo de ellos y qué hacen cuando se enfadan para regresar al buen amor, aunque tengo la intuición de que si le preguntara a él me diría que nunca se ha enfadado. Ella me diría que sí -porque los hombres somos bastante torpes y algo descuidados- pero estoy seguro que me lo diría sonriendo, como hablando de las travesuras de sus nietos. ¿Tendrán nietos? Yo creo que sí. Es imposible que un amor tan bello no haya sido fértil.

Él reclina su cabeza en el hombro de ella. Los viejecitos cuando se duermen ponen la cara que luego les queda cuando se mueren. Te deseo que te vayas antes que ella y que no tengas que pasar ni uno sólo de tus días sin el hondo gran amor de tu vida. Ellas son más fuertes y saben siempre qué hacer, aunque de todos modos no va a parecerle demasiado interesante vivir sin ti, así que no te preocupes porque no tardará en salir corriendo hacia allí donde estés. No tengas miedo y que no lo tengan tus ojos grises, azules: muy pronto volverán a brillar y a deslumbrarse. Aquí o allí, qué más da: vosotros viviréis siempre, vuestro amor es eternidad.

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