Tú sólo tiemblas

Publicado por el Nov7, 2017

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Hasta yo me acostumbré, y no suelo acostumbrarme a rendirme en las mitades, a no tenerlo todo ni de una sola vez, a hacer renuncias aunque disfrazándolas de relato, para edulcorarlas, y a asumir que lo factible podría sólo obtenerlo por partes. Me acostumbré porque pensé que es razonable acostumbrarse a pactar con la realidad: y dulce, en cierto modo, que este pacto lo proponga uno mismo, consciente de la inmerecida gran suerte que tiene. Ser rebelde es muy cansado y normalmente fraudulento y en cualquier caso no guarda proporción con la edad que ya tengo.

Viví algunos años así y no puedo decir que no fuera feliz porque lo fui bastante. Vi nacer a mi hija y he tenido y tengo el gran premio de ser su padre y de serlo de un modo insistente, diario. Pero por los agujeros de las renuncias también vi cómo se hundía una parte de mi yo y aunque el pacto era mi pacto y nunca me quejé del precio, ahora que algunas circunstancias de mi vida han cambiado -o por decirlo de un modo menos inexacto, me las han cambiado- estoy en condiciones de decir que tengo una información mejor de la que tenía y que me parece importante explicarla.

No creo que se trate de buscar ni que de hecho se pueda buscar pero a veces esta totalidad pasa por tu lado. Esta totalidad compatible con tu unicidad, esta totalidad que te deslumbra pero no te abruma y donde todo tú eres bien recibido, como los peregrinos en la Graceland de Paul Simon. He rescatado mis renuncias abandonadas y han sido acariciadas y se han podido por fin dormir en paz comprendidas en mi totalidad recién hallada. No se trata de buscar pero hay que vivir con el alma fresca, con el alma tensa, con el alma dispuesta a la luz repentina o enviada que pase por tu lado, porque también depende de ti y de cómo sepas abrirte a la Gracia.

Pactar con la realidad te hace la vida más fácil. No digo que no pactes con ella, como mínimo de momento, pero procura andar siempre despierto, porque Dios está con los que velan y lo que esperas de la vida suele ser lo que acabas obteniendo de ella. Dios no se cansa nunca de perdonarnos -el papa Francisco lo dice-, somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Procura andar siempre despierto y si un día notas que algo tira de ti hasta más allá de donde nunca has llegado, no tengas miedo, o más bien tenlo, pero déjate llevar y más que ser feliz, descubrirás lo que es la felicidad. Lo que tú no sabías que existía y existe y es todo tu ser comprendido y celebrado y exaltado y eres capaz de fluir y darte como si no hubiera tiempo ni espacio ni nunca te acabaras.

Existe la esperanza. Tiene cuerpo y no hace falta morirse para tocarla. Es silenciosa cuando duerme y huele a jazmín y a naranja bigarada. Existe la esperanza y existes tú en ella y eres más hermoso y valiente e ingenioso de lo que nunca te has visto y proyectado. Existe la esperanza y vivir es estar despierto, tenso, sediento de totalidad para cruzártela, en su desapego por las cosas, en su música que no expresa nada más que la propia árida y sublime pasión por sí misma: y lo sabrás. Sabrás que tú sólo tiemblas cuando la encuentras.

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Si cae Israel, cae la libertad. Todos los sentimientos están resumidos en el Calvario.Más sobre «French 75»

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